se impuso por 6-1 y 6-0

Cuando Garbiñe se pone a tono no hay jugadora (más allá de Serena) que le tosa

La española arrasó a Simona Halep en la final de Cincinnati dando un recital de juego y demostrando que puede llegar a lo más alto si mantiene su muy buena línea actual

Foto: Muguruza, con el trofeo de Cincinnati. (EFE)
Muguruza, con el trofeo de Cincinnati. (EFE)

Simona Halep es la número 2 del mundo y era la rival en la final de uno de los torneos más importantes de la temporada, Cincinnati. También fue un juguete en manos de Garbiñe Muguruza, que no solo ganó, porque ganar se queda corto como término, arrasó a su rival. No la dejó un respiro, la puso contra las cuerdas desde el primer juego del encuentro y no la dejó sacar la cabeza de ahí en lo (poco) que duró el partido.

6-1 y 6-0 es uno de esos resultados que no requieren de mucha explicación. En el tenis es sinónimo de que un vendaval asoló la pista y la derrotada no supo o no pudo defenderse en ningún momento. Halep es la élite del tenis mundial, una de esas jugadoras que siempre aparece en las rondas finales de cada campeonato, que se agarra a la pista y domina todas las artes. Garbiñe demostró que, en una buena tarde, ella es mucho más que eso, no se limita a ser una buena jugadora, ni siquiera una muy buena. Puede llegar a ser una grande y ese tiene que ser siempre el objetivo.

Bien es cierto, y esa es la duda de siempre con Halep, que la rumana siempre parece inestable en las finales. Ha perdido dos veces en Roland Garros, también el Máster final de temporada. Le faltan esos puntos de genialidad, es una tenista diésel que responde bien y juega a ritmo, pero no siempre es capaz de dar un paso más y desafiar a jugadoras que, como Garbiñe, pueden ser realmente grandes. Falta algo en su estilo, quizá altura, probablemente potencia, para poder estar realmente cómoda en estas circunstancias.

Aceptando todo eso, las gracias y miserias de Halep, el partido fue desde el primer momento Garbiñe Muguruza y nada más. La hispanovenezolana ha tenido en Cincinnati uno de los mejores torneos de su carrera, ha sido la gran estrella del cuadro, hasta el punto de llevarse a casa el torneo a las número 1, 2 y 8 del mundo. Todas ellas sonaban a oposición dura y partidos correosos, pero ninguna fue capaz de llegar a la altura de la española.

Ganar en plazas de primera

Cincinnati es un premier, uno de los torneos más importantes de la temporada, solo por debajo de los cuatro Grand Slam y los cuatro Premier Mandatory. Con esta victoria Garbiñe consigue el quinto título de su carrera, algo menos de lo que sería previsible en un talento como el suyo, pero empieza a ser ya un palmarés meritorio. Sobre todo porque los trofeos que ha conseguido (Roland Garros, Wimbledon, Pekín, Hobart y ahora Cincinnati) se encuentran entre los más importantes del panorama internacional.

Las armas de Garbiñe son casi infinitas. Y su elegancia también. A veces no se cuenta tanto, pero también la vertiente estética del deporte es importante. Clavada en el centro de la pista es capaz de mover a izquierda y derecha a su rival casi a su antojo, sus golpes son durísimos aunque ni siquiera parece que esté haciendo un esfuerzo excesivo. Es naturalidad, fluidez, como si hubiese sido concebida para jugar a este deporte.

Es un gusto para el aficionado ver que ahora todas esas cualidades, las innatas y las trabajadas, empiezan a cuadrar y a llevarse bien. Durante mucho tiempo fue algo frustrante ver como una jugadora de ese talento entraba en los partidos perdida y se dedicaba a tirar bolas a un metro de la línea. Le faltaba la cabeza, la calma, la conciencia de ser realmente tan buena como es. Sus peleas con su entrenador, los murmullos y los golpes fáciles que morían en la red, todo aquello que la convertían en una jugadora más, algo que no se puede permitir.

Como es lógico, todo en Garbiñe está sujeto a un periodo de prueba. Desde Wimbledon ha sido regular, ha entrado en las rondas finales de los torneos y ha ganado algunos incluso. Son pocos meses, apenas tres, pero los síntomas son muy positivos. Si ganar en la hierba de Londres le ha servido para templar los nervios y darse cuenta de que con calma es una apisonadora, bien está. Al fin y al cabo Garbiñe, aún solo 23 años, tiene todo el tiempo del mundo por delante para agrandar su leyenda.

Los objetivos ya están ampliamente glosados. Puede ganar en Nueva York si tiene dos semanas como las de Cincinnati. Puede ser número uno, este lunes, de hecho, estará en el tres, solo por debajo de dos jugadoras a las que ha vencido en este torneo de Ohio, Halep y Pliskova. Es lógico pensar que los sueños de Garbiñe Muguruza, antes o después, se cumplirán. No es una predicción de brujo, es que normalmente el talento, cuando encuentra la calma y el cauce natural de las cosas, termina imponiéndose. Ahora, con Serena ausente, no hay jugadoras que tengan tantas posibilidades como la española.

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