no se baja de las semifinales

Garbiñe Muguruza se encuentra con lo que siempre soñó, un poco de regularidad

La jugadora española se planta en semifinales de Cincinnati tras vencer a Kuznetsova. Sus opciones para ser número uno pasan por seguir encadenando resultados notables en torneo

Foto: Garbiñe Mugurza. (EFE)
Garbiñe Mugurza. (EFE)

Garbiñe Muguruza afila las garras en Cincinnati. Se agarra la pista cuando están en los juegos decisivos del tercer set. Tiene Kuznetsova ventaja 40-15 con 5-5, pero la española no se rinde, al contrario, en ese momento hace crecer su juego y toma posiciones. La rusa se deja un par de puntos por el camino y la secuencia, no sin sufrimiento, termina con el juego ganado por Muguruza. Le sirve para ganar el partido, también como una manera de recordar que ahora, ella, también es una jugadora fuerte.

Del talento de Garbiñe se pueden escribir libros. Está ahí desde que era una colegiala en Barcelona. "Es el tipo de jugadora que necesitamos", explicaban en su día los técnicos de la federación española. Porque tiene el juego, todo el juego, y también un físico poderoso para hacerlo pasar de la teoría a la práctica. Garbiñe tiene una derecha contundente, un revés estable, un servicio mejorable y la capacidad para moverse rápido y con esmero por la pista. La combinación entre movilidad y contundencia generan una jugadora especial.

Algo más, es probablemente la mejor jugadora de la siguiente generación de tenistas, esa que está llamada a 'jubilar' a Serena Williams. Con dos Grand Slam a sus espaldas, y Garbiñe los tiene, nadie se permite el lujo de dudar de su talento. Nadie se mete en finales de un grande siendo una mediocre, hay que ser capaz de brillar durante siete partidos y son escasas las que lo han conseguido.

El problema con Muguruza es la regularidad, esa capacidad que tiene para ganar partidos grandes y perder otros en los que no debería ni sudar. Es o, quizá, era. Los tiempos están cambiando, si se mira el calendario de la española se puede ver que las tendencias han dado un vuelco. Queda mucho, por supuesto, son brotes verdes y no se pueden tomar unas pocas semanas como la norma. Pero algo está cambiando.

En los últimos seis torneos de Garbiñe solo en uno, Eastburne, tuvo una de esas actuaciones memorables por horribles. Fue contra Strycova, una jugadora menor, en primera ronda y sin casi oponer resistencia. En aquel momento parecía lo de siempre, Muguruza volvía a las andadas. Ahora, con la perspectiva del tiempo y habiendo ganado Wimbledon incluso aquella cita parece diferente.

Las jugadoras, habitualmente, solo tienen un torneo de hierba antes de Wimbledon. Garbiñe decidió disputar dos y en el primero, en Birmingham, llegó a semifinales. Decaer en el siguiente puede ser algo estratégico, guardar fuerzas para la gran cita. La siguiente pregunta es obvia ¿por qué apuntarse al segundo campeonato? Quizá porque ni la propia Muguruza confía lo suficiente en su regularidad y pensó que necesitaba una red de seguridad por si en el norte de Inglaterra fallaba.

Las semifinales como rutina

Mirando en perspectiva se ve que en los últimos seis torneos Garbiñe está haciendo lo que al principio de temporada no veía posible: trepar siempre hasta las rondas finales. Lo hizo en Birmingham, con unas semifinales. También en Wimbledon, por supuesto, donde se coronó campeona de una manera brillantísima. Al pasar a la gira de cemento ha seguido por el mismo camino, semifinales en Stanford, cuartos de final en Tornto -perdiendo contra Madison Keys, una notable jugadora- y ahora, también, la penúltima ronda den Cincinnati. Al menos de momento, que aún le queda vida para dar algo más.

Esto encierra dos lecciones, dos titulares que son, en todo caso, una alegría enorme para Garbiñe. Significa que, por fin en su carrera, está aprendiendo a interesarse por las primeras rondas. Tuvo que aprender, porque le ha costado más que a la mayoría, que a las jugadoras más modestas no se les gana con el nombre, que hay que salir a la pista y dar un nivel alto porque si no toca hacer las maletas. Han sido demasiados meses con Muguruza tirando partidos contra rivales menores que se encontraban ante la mejor victoria de su carrera. Algo impropio de alguien que está tocada por la varita del tenis.

Hay otra vuelta de tuerca al mismo tiempo: la posibilidad de optar al número uno. Para ser la mejor de todas se necesitan dos cosas, ser excelente en su tenis, no hay jugadora mediocre que merezca tal distinción, y también lograr cierta regularidad. Esa era, obviamente, la asignatura pendiente de Garbiñe. Es una jugadora espectacular, pero ese ángel no le acompañaba. En unos meses en los que Serena Williams no compite porque está embarazada el vacío de poder es evidente.

Halep, Pliskova o Kerber han pasado por la posición de privilegio. Todas ellas buenas jugadoras, sin dudas, en el caso de la alemana incluso ganadora de un par de grandes. Ninguna mejor que Garbiñe en realidad, o no mejor en su versión más afinada. Lo que pasa es que esto no es solo una lucha de gigantes, también lo es de hormigas. Ahora es cuando Mugurza puede, de verdad, aspirar a la cima. Ahora que gana en los partidos en los que no está tan brillante, que no se amedrenta contra rivales menores. El calendario marca, además, una cita en Nueva York. Es su peor grande, nunca ha encontrad su tenis. Eso mismo puede darle alas, el año pasado perdió en segunda ronda, así que tiene muchas opciones de mejorar ese resultado. Tan solo necesita jugar a lo que ella sabe.

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