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El imbatible pedigrí familiar de CoCo Vandeweghe, la rival de Garbiñe en cuartos

La española se enfrenterá a una de las mejores sacadoras del circuito que es hija de una nadadora olímpica y sobrina, nieta y sobrina-nieta de jugadores de primer nivel en la NBA

Foto: CoCo Vandeweghe (EFE)
CoCo Vandeweghe (EFE)

Garbiñe Muguruza, tras su sencilla victoria contra Cirstea, se preparaba mentalmente para una batalla de primerísimo orden contra Angelique Kerber. Eso decía el guión del día, pero el tenis no se planea, así que la alemana, número uno del mundo y campeona el pasado año de dos grandes, hizo las maletas y ya está pensando en recomponer su juego en otro lado. Se dio de bruces contra una jugadora menor, CoCo Vandeweghe, que tiene uno de los mejores saques del circuito, sí, pero que tampoco ha conseguido nunca grandes registros. Ese es su obstáculo hasta las semifinales del Abierto de Australia.

A sus 25 años solo ha logrado llegar dos veces a los cuartos de final de un grande, incluyendo esta de Melbourne, y en su haber cuenta nada más con dos torneos, ambos en el mismo lugar s'Hertogenbosch, un torneo de hierba situado antes de Wimbledon en el que la participación suele ser menor y que le va como anillo al dedo, pues no deja de ser un terreno propicio para una tremenda sacadora como es ella. Se ha notado, en su caso, que las pistas del centro de tenis australiano están un poco más veloces esta temporada.

La prensa estadounidense le da algo más de vuelo de lo que debería, más por la ausencia de grandes nombres que por otra cosa. En cada Grand Slam es la misma obsesión "¿cuántos americanos quedan?", se preguntan, y en la primera semana van descontando rápidamente hasta que, con suerte, solo quedan las hermanas Williams. Los cuartos de CoCo son, de algún modo, una pequeña redención para todos esos cronistas que se afanan en buscar barras y estrellas. El hecho de que fuese campeona junior del US Open añade un poco más de presión a la jugadora.

Tiene CoCo, además, una ventaja competitiva importante para salir en los papeles, algo que no es consecuencia de su juego sino de su biografía. Ella es el último eslabón en una honorable familia con méritos deportivos sobrados en todas sus capas. Vandeweghe es parte de una estirpe de deportistas casi interminable, heredera de una genética en la que optar por otra cosa que no sea correr, saltar o jugar parece un desafío. Imaginar una barbacoa en esa casa, con tanto campeón, es casi estresante.

Lo sabe la tenista, que antes de los Juegos del pasado año, a los que finalmente no acudió, dijo que ser olímpica era su objetivo. Con eso, pensaba, podría acallar a su madre, que compitió por Estados Unidos en los 100 metros espalda de Montreal 76. Tampoco es que lo hiciese excesivamente bien Tauna, que así se llama, pues ni siquiera llegó a la final, pero es olímpica y es lo que cuenta. Lo que quizá es más sorprendente es que ocho años después estuvo cerca de volver a serlo, pero no en natación sino en voleibol. Se quedó en la preselección.

Kiki, estrella en la NBA

Tauna tampoco tenía sencillo despuntar en la familia. El bueno de verdad, el mejor de todos, fue su hermano Kiki. Excelente jugador universitario con UCLA, tuvo también una buena carrera en la NBA, donde jugó 13 temporadas y fue all-star en dos ocasiones. Pasó por Portland, Denver, los Lakers y los Knicks, un equipo muy cercano a la familia, pues no fue el único Vandeweghe en pasar por allí. Luego de su carrera como jugador se pasó a los despachos, llegó a ser director general de los Nuggets y entrenador jefe en los Nets. Su hermano Bruk se dedicó al voley playa y tampoco le fue mal, porque llegó a participar en los Goodwill Games. Una hermana más, Heather, llegó a ser capitana de la selección de polo.

Claro, que ellos también heredaban talento. El abuelo de CoCo, Ernie, también jugó en la NBA. Lo hizo durante únicamente seis temporadas, un tiempo en el que cobraba por partido jugado, pues sus equipos no podían confiar demasiado en que se presentase a todos los encuentros. Su prioridad era llegar a ser médico, algo que consiguió, por supuesto, y en lo que también fue una estrella, si es que se puede ser doctor y estrella. Llegó a estar por su labor en una comisión presidencial creada por Gerald Ford y a ser el médico de los Lakers.

Lo de la competitividad familiar puede llegar de él, pero también de su esposa, Coleen, que fue la primera Miss América del estado de Utah. Ellos se conocieron gracias a la mediación de un compañero baloncestista de Ernest, Mel Hutchins, también jugador de la NBA, all star y máximo reboteador del campeonato en su temporada rookie, el único de la historia junto a Wilt Chamberlain en conseguir ese honor.

La familia no se quedaba en las pistas, pues casi todos ellos tuvieron un gran éxito también en sus profesiones posteriores. Tauna, por ejemplo, es directora de desarrollo en un fondo de capital de riesgo. También es la típica madre de deportista un poco atosigante. En un momento de su carrera su entrenador, Tom Gullikson, que además era el capitán estadounidense de la Fed Cup, la recomendó que fuese con él a entrenarse a la sede que la federación tiene en Florida. Para poder estar más cerca, pero también para cortar en la medida de lo posible el cordón umbilical que unía a su madre.

De vuelta con su madre

Solo duró unos meses. Pronto empezó a sentir nostalgia y habló con Gullikson, que le dijo que si no podía comprometerse a pasar unas semanas allí perdería la ayuda de la federación. No le importó y se volvió a Rancho de Santa Fe, donde reside su madre. Se vio obligada a cambiar y escogió a Jean-Michelle Gambill, un francés que había sido profesional del tenis y a quien no le asustaba su relación con Tauna, al fin y al cabo su padre también había sido uno de esos progenitores sobreprotectores que tanto abundan en el circuito. "Si pude con él esto no es nada, yo lo veo bien", decía el técnico poco después de ser contratado. Años después romperían su relación profesional y desde entonces CoCo ha pasado por varios entrenadores que han ido moldeando su juego.

Todo este apego contrasta con su inexistente relación con su padre, Robert Mullarkey, un empresario neoyorquino con quien hace años que no se habla. Este, sin embargo, sigue comprando entradas en los Grand Slam para ver jugar a su hija. Mejor relación tiene con su padrastro, Michael O'Shea, que es preparador físico y ha entrenado a gente como John McEnroe y Martina Navratilova, lo que le convierte en alguien que encaja perfectamente en una familia que se desvive por el deporte.

Esa es la historia de CoCo Vandeweghe, el siguiente obstáculo de Garbiñe Muguruza en el Abierto de Australia. Está ahí por su buen tenis y, evidentemente, por una genética privilegiada para practicar deporte.

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