ha superado sus malditas primeras rondas

Garbiñe Muguruza se relaja para atemorizar a sus posibles rivales

La jugadora española demostró una calma extraña en ella en su partido contra Sevastova. Con merecida fama de inestabilidad, su juego pausado revela que está en un gran momento de forma

Foto: Garbiñe firma una pelota (Reuters)
Garbiñe firma una pelota (Reuters)

"No puedo decidir si va a caer en primer ronda o va a ganar el torneo. Sé que no es exactamente lo que se espera del análisis de un experto". Stanley Kay es uno de los analistas de tenis de Sports Illustrated, un hombre ducho en el deporte y conocedor de sus claves, pero cuando le tocaba hablar en la previa de Australia de Garbiñe Muguruza no sabía a qué atenerse. Cualquiera que escriba con frecuencia de la hispanovenezolana conoce esa sensación. Ahora, con tres partidos ya disputados y ganados con solvencia, la frase de Kay parece inclinarse más al segundo supuesto que al primero. Aunque, es evidente, queda mucha tela por cortar.

"No me veo con el trofeo. No sé, si ni siquiera sé quién tengo en el cuadro. Solo sé que ahora me toca Cirstea. Pero no estoy pensando en eso, solo en recuperarme y jugar", explica Muguruza, muy dispuesta, y con razón, a calmar las aguas y no dejar que le pongan la copa antes de llegar siquiera a la mitad del torneo. Es cierto, ganar un Grand Slam siempre es una heroicidad y lo será para quien gane.

Pero también lo es que para la jugadora española habar pasado tres rondas no es exactamente lo mismo que para el resto de favoritas para el torneo. Fundamentalmente porque las otras hacen fáciles los partidos que son sencillos, mientras que a Garbiñe, por muy diversos factores, siempre le cuesta concentrarse contra rivales menores. Comparativamente, Muguruza obtiene mejores resultados cuanto más difícil es el partido. Un contrasentido que permite entender un poco mejor lo que va de carrera de la hispanovenezolana.

El trabajo mental

En las semanas previas al torneo, Garbiñe se ha dedicado cada vez que tenía la opción a remarcar que durante la pretemporada ha estado entrenando los aspectos mentales del juego. No se ha parado a especificar cómo lo ha hecho, porque esos datos son los típicos que no se suelen dar ante la prensa. Se desconoce si ha recurrido a algún profesional o si ha seguido haciendo lo mismo de siempre esperando que esta vez los resultados fuesen diferentes.

Sea lo que sea, parece que va funcionando. puede ser solo una racha concreta. En el partido contra Sevastova, perfecto desde casi el inicio, destaca una estadística por encima de todas las demás. Tuvo cinco bolas para romper el servicio de su rival y en todas ellas lo consiguió. Es una situación de presión, en la que los nervios suelen atenazar a las jugadoras, pero Garbiñe jugó todas ellas con soltura.

Y el caso es que, el encuentro, lo empezó desbocada, con precipitación. Perdió los dos primeros juegos recordando a las peores versiones de Muguruza, que son muy malas. Golpes tontos, sinsentido, lejos de las líneas, con una agresividad mal justificada. Pero, a diferencia de lo que pasa en otras ocasiones, esta vez encontró el camino de vuelta a la normalidad. Porque uno de los problemas de la española es que no sabe, o no sabía, leer bien los partidos. Que pensando en resolver todo rápido optaba por intentar apresurar el juego y, con eso, perdía sus opciones de ganar.

Acelerada al inicio, supo cambiar

No fue así en la pista Hisense, la segunda más grande del torneo -Garbiñe tiene sitio reservado en los lugares de preferencia porque todos saben que es una de las jugadoras a observar en el torneo- ella fue capaz de sosegarse y encontrar su juego, que es agresivo pero no suicida. Al menos es así cuando es bueno, que es de lo que se trata. "Había cometido fallos, no de mucha distancia, pero iba muy rápido el tiempo y me he dado cuenta de que tenía que pararme un poco y pensar en lo que hacía, y jugar algo diferente, no jugar tan a saco. Entré a la pista muy acelerada", contaba la jugadora tras el encuentro. Si esa es la nueva Garbiñe, va por el camino adecuado.

Lo que se vio después es una muestra del repertorio rotundo que maneja Muguruza. Por todos es sabido que golpes no le faltan. La derecha, muy profunda, obligó a Sevastova a jugar durante todo el partido por detrás de la línea, incapaz de controlar la velocidad a la que la estaba sometiendo la española. Más de un 60% de las bolas de Garbiñe en el segundo set, que fue mejor aún que el primero, se colaron en el último tercio del lado de la pista de la letona, incapaz de ofrecer una respuesta al bombardeo.

Se podría pensar que Sevastova no es más que una jugadora media, algo que no debe suponer un problema para quien aspira a ganar grandes torneos e, incluso, a ser número 1 en un futuro. Pero no está de más recordar que la letona se deshizo en el pasado Abierto de Estados Unidos de ella sin necesidad de jugar un enorme partido. Era la peor Garbiñe, desquiciada, incómoda con el juego que estaba representando. La que impide a la mariposa volar y empieza con un poco de venganza, que en la dosis justa tampoco va mal.

En este punto es imposible saber qué pasara en lo que queda en Melourne, ganar un torneo de estas características obliga a una mezcla de factores que se escapan a cualquiera. El tenis tiene que estar afinado, el físico no puede fallar -en ese sentido, el aductor va mejor- y siempre puede llegar el día que haya una rival que sea mejor que tú, una eventualidad lógica en un deporte en el que solo gana una. Nada está hecho aún, pero a buen seguro, con tres partidos solventados con solvencia, ahora mismo las rivales miran el cuadro del torneo y se detienen un poco en Garbiñe. En su mejor nivel hay que sacarla a raquetazos de la pista. Ahora, a la española, le toca Sorana Cirstea. Después, si todo le sale bien, quizá la número 1 del mundo, Kerber. Sin retos no tiene gracia.

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