dos inicios paralelos, ambas en roland garros

Ana Ivanovic, el espejo en el que Garbiñe no debería mirarse

La temporada de la serbia en 2008 se parece peligrosamente a la que ha hecho esta temporada Muguruza. Desde entonces la balcánica cayó en la irrelevancia, ahora la española debe evitarlo

Foto: Garbiñe Muguruza y Ana Ivanovic. (Imago)
Garbiñe Muguruza y Ana Ivanovic. (Imago)

Toda carrera deportiva que termina deja sobre la mesa una serie de lecciones. Están ahí, para quien quiera escucharlas, para los que aún tienen camino por recorrer y mundos por descubrir. Cierto es que la mejor manera de aprender es con lo que le ocurre a uno mismo, pero los más inteligentes son también capaces de mirar a su alrededor y coger patrones que adaptar a su carrera. Ana Ivanovic dejó este jueves el tenis, puso punto final a una vida con grandes éxitos y un inexplicable declive. Ella es un camino que otras pueden leer para igualar o mejorar sus prestaciones.

Ninguna tenista en el mundo tiene que fijarse más en lo ocurrido que Garbiñe Muguruza. No en vano son dos jugadoras de un estilo muy similar, con un juego parecido y una experiencia vital semejante. La española puede verse en Ivanovic y saber que está en ese punto de su carrera en el que la serbia comenzó el declive. Había ganado Roland Garros siendo joven, era la estrella emergente y el mundo del tenis la aguardaba con enorme expectación. Ella tenía que ser la siguiente en la cadena sucesoria de las reinas de este deporte.

Nunca se dio, y con eso Ivanovic recuerda al mundo que la consistencia es un valor que hace de una jugadora excelente una carrera brillante. No hay gloria sin regularidad, por más que en ocasiones el puro talento sirva para quedar por encima de los pares. Garbiñe Muguruza, en París, mostró unas armas de las que casi nadie dispone. Ganó a Serena Williams, que en este deporte no es poco, pero fue mucho más allá, empequeñeció a la jugadora estadounidense como pocas veces antes se había visto. Les dijo a los aficionados que ella estaba ahí, dispuesta para el siguiente reto.

Los meses siguientes de Garbiñe se parecen a los que vivió Ivanovic en aquel 2008. La serbia se descolocó, empezó a tener algunos problemas físicos y, sobre todo, de concentración. Las derrotas contra jugadoras irrelevantes, perdidas en las profundidades de los ránkings, se convirtieron en una constante. En Wimbledon fue batida por la 133 del mundo, en Montreal por la 94, en el US Open por la 188. Siempre en las primeras fases, dejando un extraño sabor de boca en los aficionados: ¿qué le pasaba?

Ivanovic, en su último US Open.
Ivanovic, en su último US Open.

El problema es la actitud

Nunca hubo una respuesta clara. Alguna lesión menor, sí, pero nada concluyente. Las miradas se encaminaron entonces a la actitud, porque la aptitud nunca fue el problema. El tenis no le faltaba, pero no encontraba la armonía necesaria para desarrollarlo correctamente. Lo que unos meses antes parecía imparable, de repente empezaba a fallar. Igual que ha pasado con Garbiñe. La española tiene en su haber dos finales de Grand Slam, una de ellas con título incluido. Ivanovic sumaba tres, con el mismo Roland Garros conseguido por Muguruza. El paralelismo es evidente.

Es la Navidad del año 2016 se bifurcan los caminos. O no. Garbiñe solo tiene que entrar en internet para ver lo que le pasó a su 'sosia' hace ocho años. La temporada siguiente continuó con su tenis errático, la forma nunca volvió y las decepciones se pusieron en fila india. A final de año estaba fuera del top-20, acababa su peor temporada como profesional hasta ese momento -más tarde tendría otras regresiones aún mayores-.

Si Garbiñe fuese Ebenizer Scrooge el fantasma de las Navidades futuras lo tendría fácil con ella. Bastaría con que le pasase delante de sus ojos lo que fue la carrera de Ana Ivanovic después de ganar su primer -y único- Roland Garros. Como el tenis se degradó y fue incapaz de reencontrar el camino que la había llegado a la cima.

Hay otro aspecto en la carrera de ambas jugadoras que colide. Las dos jugadoras tenían, además de un tenis de alto voltaje, un gran atractivo para las marcas comerciales. Las dos están muy involucradas en el mundo de la moda, que será en el futuro el campo de trabajo de Ivanovic. Garbiñe, por su parte, siempre ha dicho que le interesan la moda y las tendencias. De hecho, es una de las jugadoras que mejor controlan sus redes sociales, siempre atenta a la novedad y muy interactiva. Todo eso es un valor en sí mismo, una manera de hacer de una carrera deportiva algo más productivo. Tenistas como Ivanovic o Muguruza tienen un acceso más sencillo a los patrocinadores, una ventaja competitiva que es también un arma de doble filo, pues en no pocas ocasiones supone una distracción para la jugadora.

Ese es el punto en el que hoy camina Garbiñe Muguruza. Necesita la concentración que no tuvo los últimos meses, evitar ser la nueva Ana Ivanovic, no conformarse nunca con lo que ya ha hecho y pensar siempre que puede dar más. Hay otros espejos en los que mirarse, como María Sharapova -más allá del Meldonio- que también era una joven brillante que ganó pronto y se enfrentó a distracciones varias pero, en su caso, optó por ser la más profesional de todas las jugadoras y por que no baste con ser una más. Solo depende de ella.

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