asiste a clases de empresariales

Sharapova lejos de las pistas: Harvard, Zara, caramelos... y un poco de tenis

Wimbledon no la deja pasar a sus instalaciones, pero ella no deja de hacer cosas. Ha hecho célebre una camiseta de Zara y se dedica a promocionar Sugarpova, su empresa

Foto: Sharapova, en Chicago (Facebook)
Sharapova, en Chicago (Facebook)

Sigue el tenis en Wimbledon, desperdigando juego e historias por Londres. Se va demasiado pronto una estrella rutilante, Garbiñe Muguruza, un profesor de tenis vive un sueño y David Ferrer se encuentra en una encrucijada difícil de resolver con su tenis anémico después de años en la élite mostrando coraje. Pasan muchas cosas en el All England Tennis, se mueve rápido el mundo, tanto que casi no da tiempo para fijarse en un detalle: Maria Sharapova no está en el torneo. Aunque quisiese hacer una visita no podría, tiene prohibida la entrada y los rectores del club se plantean revocar su membresía, que es vitalicia por haber ganado el torneo. 

Está sancionada, eso es bien sabido, y no se la espera en las pistas hasta dentro de casi dos años. Su ausencia, de todos modos, no es una más. Ella no es, nunca lo fue, parte del paísaje, sino una de esas cosas que destacan. En las instalaciones del señero club, desde que ganase el torneo con 17 años -tiene 29 ahora-, siempre había posters gigantes con su rostro. Porque ella, más incluso que Serena, mejor tenista sin duda, era el centro de atención de todo el circuito femenino. Es una de esas pocas que junta personalidad, talento, simpatía -de cara al público al menos- y, también, una imagen arrolladora. 

Sharapova, en ausencia del tenis, se toma la vida para hacer otras cosas. Y a contarla, porque si algo ha demostrado con el tiempo la tenista rusa es su enorme capacidad para llamar la atención. Ella no rehúye la fama, más bien al contrario, potencia lo máximo que puede su figura, sabiendo que eso también va en el sueldo. De economía sabía por intuición hasta el momento, pero en un futuro añadirá también conceptos teóricos a su conocimiento. Al fin y al cabo una de las muchas cosas que está haciendo fuera de las pistas es empezar un curso de economía en Harvard. Pocos sitios mejores para ello. 

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Una foto publicada por Maria Sharapova (@mariasharapova) el

El día que anunció su llegada a Harvard, en otro tuit de esos suyos que tienen largo recorrido -en el momento que esto se escrible, 3.700 rebotes- decía no saber cómo había ocurrido su entrada en la emérita universidad. Es improbable que sea cierto, los que conocen a la tenista y su historia dicen que lo único que tiene de rusa es su frialdad para moverse por la vida y lo cerebral de sus decisiones. 

Sharapova enseña fotos del campus y de un compañero suyo, Simran Sachar, que trabaja para Microsoft. Dice la tenista que la multinacional de la informatica y su empresa, Sugarpova, aprenden cosas nuevas en Harvard. Su negocio tiene recorrido, la rusa lleva años vendiendo caramelos y chocolates, montando grandes eventos allá donde iba para promocionar sus golosinas. Hace solo un año, en Wimbledon, se puso el traje de faena y empezó a vender ella misma sus dulces. Este año no se la espera en Londres, en el mundo del tenis está lógicamente prohibida hasta que pase su pena por dopaje. 

La sanción ha hecho que se centre más en su empresa que utiliza, de paso, para reivindicarse un poco. En una presentación reciente de chocolates apareció con una camiseta blanca y negra que recordaba ligeramente a la icónica imagen de los presidiarios del far west. En la parte delantera se puede leer "vuelvo en cinco minutos", como queriendo decir que la sanción es solo un paréntesis. La camiseta es de Zara, que se ha encontrado como un modelo de 22 dólares se convertía en un superventas gracias a la tenista. Su timeline de Twitter es una catarata de fotos de fans que han adquirido la prenda y dan ánimos a la tenista. Ella, claro, retuitea. 

De vez en cuando manda alguna foto entrenandose. Alguna con niños jugando con ellas, también de prácticas de palas en la playa.... Pocas, eso sí, su vida no volverá en serio a la raqueta hasta que el proceso legal que tiene encima se termine. Eso a pesar de que la Federación Rusa la tiene apuntada para los Juegos Olímpicos por si una improbable decisión del TAS la exonera de repente y puede jugar de nuevo en Río de Janeiro. También aprovecha para viajar, de una forma recreativa, no a la que está acostumbrada. Ha estado en Chicago, ciudad de poco tenis que, por lo que se ve, estaba en la lista de cosas por hacer de la tenista rusa. 

Patrocinios que se van

Sus abogados tienen trabajo sobrado, en los últimos meses Masha ha visto como sus ingresos decaían como la bolsa en el Brexit, con un montón de marcas que hasta el momento la apoyaban huyendo a la mayor velocidad posible. El meldonio convirtió un producto muy valioso en otro casi tóxico y empresas como Porsche o Tag Heuer la dejaron rápida por el camino. También las Naciones Unidas la desposeyeron del título de embajadora de buena voluntad, algo que no tendrá repercusión alguna en su cuenta de resultados, pero que también magulla un poco la moral. No todos se han ido. Nike, la marca de raquetas Head o el agua de Evian han pensado que mejor mantenerse con ella, a pesar de su sanción como tramposa, que dejar pasar un potencial comercial como el suyo. 

Ella luce la misma sonrisa que es parte del pack que uno espera de Maria Sharapova. Ella no sufre, incluso el día en el que hizo la comparecencia pública en la que anunciaba su problema legal se permitió hacer alguna broma sobre el escenario en el que se encontraba. 

Los organizadores de torneos preferirían que ella estuviese, que nunca se hubiese dopado y, por lo tanto, no hubiese dado positivo. No se puede decir lo mismo de sus compañeras de profesión, que se han quitado del medio a una excelente tenista y gran competidora y, también, a una persona que no cuenta a las otras tenistas entre sus mejores amigas. Lo expresa con rotundidad Dominika Cibulkova: "No siento que no esté, es completamente desagradable, arrogante y fría. Cuando te sientas con ella en el vestuario ni siquiera saluda". La eslovaca, quizá con algo de rencor, no es la única contenta por la ausencia de Sharapova. Murray cree que la sanción de dos años no se debe de revocar, porque así se da una muestra de tolerancia cero con eld opaje y la 18 veces campeona de Grand Slam, Chris Evert, recuerda que Sharapova siempre está aislada del mundo del tenis. 

Su vida está fuera de las pistas, no por elección personal sino por mandato de un tribunal deportivo. Otros, la mayoría, hubiesen optado por un perfil bajo, por intentar que los dos años pasen lo más rápido posible y sin sobresaltos. Ese no es el modo de vida de la rusa. Todo se mueve en Wimbledon, todo cambia también en la vida de Maria Sharapova. 

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