Arrasó al combinado de Eddie Jones

Sudáfrica reina en el rugby mundial y cumple el gran sueño de Nelson Mandela

El poderoso rugby mestizo de los 'bokkes' cumple con los pronósticos ante Inglaterra (12-32). Es el tercer Mundial de Sudáfrica en toda su historia. Nelson Mandela soñó con una Selección así

Foto: Sudáfrica levanta su tercera Copa del Mundo tras vencer a Inglaterra en la final por 12 a 32. (Reuters)
Sudáfrica levanta su tercera Copa del Mundo tras vencer a Inglaterra en la final por 12 a 32. (Reuters)

Warren Gatland, neozelandés y seleccionador galés que no oculta su antipatía por los ingleses y por Eddie Jones, advirtió en estos días al ser preguntado por el favorito para la final: "Cada equipo tiene un partido bueno en un Mundial y me da que Inglaterra ya lo ha tenido ante los All Blacks". Gatland, que vio cómo su equipo se quedó en semifinales ante Sudáfrica, sabía de lo que hablaba. Y su pronóstico ha sido acertado. Sudáfrica es campeona del mundo. Y lo es doblegando a una Inglaterra (12-32) que poco o nada tuvo que ver con la que arrasó a Nueva Zelanda.

El partido empezó frenético. Habían pasado tres minutos de juego y ya habían ocurrido muchas cosas, algunas realmente importantes. La ansiedad inglesa regaló un golpe, Pollard mostró sus nervios fallando la patada y Sinckler se marchó conmocionado. Una baja con mucho trasfondo. Pero lo más inesperado es que Erasmus había cambiado el patrón de juego. Lejos de tratar de imponer su apisonadora, los 'springboks' proponían juego en la línea y aparecían las gacelas: Mapimpi Le Roux, Kolbe... Había patadas, pero ni siquiera era a la caja de Klerk. Las daba Pollard, muy altas, para meter mucha presión.

Sudáfrica ponía el músculo, ganando las melés y en los puntos de encuentro. Pero también la velocidad. El partido se jugaba en campo inglés y los 'bokkes' sacaban partido de esa territorialidad con un golpe, esta vez sí, pasado por Pollard. 0-3 (minuto 9). Inglaterra estaba incómoda, sorprendida. Cometía fallos de manos y sufría en el 'breakdown', donde no había ni rastro de Underhill y Curry. Malas caras en la trinchera de la rosa.

Cheslin Kolbe celebra un tanto anotado ante Inglaterra en la final de Japón. (Reuters)
Cheslin Kolbe celebra un tanto anotado ante Inglaterra en la final de Japón. (Reuters)

Los 'springboks' se divertían y Faf de Klerk se comía a un Ben Youngs, quien no trabaja bien con presión. Inglaterra no solo estaba incómoda, además no sacaba adelante el ABC de su rugby: el set piece. En las melés era masacrada y tampoco sacaba adelante sus 'touchs'. Pasaron veinte minutos antes de que los ingleses se asomasen a la 22 sudafricana. El XV de la rosa trataba de sacudirse la perplejidad para acaparar posesión, recuperando un perfil más reconocible. 3-3 (minuto 21).

El despliegue africano

La batalla, brutal en los contactos se cobraba víctimas. Después de Sinckler se marchaba De Jagger. Inglaterra había tardado 20 minutos en comparecer, pero ya estaba en el partido. Sin embargo, Sudáfrica tenía hambre, decidía dónde se jugaba y cómo se jugaba. Y eso lo rentabilizaba con otro golpe de Pollard (3-6, minuto 26). Sin noticias de los Kamikaze Kids en el radar, los 'springboks' estaban cómodos. Pateaban buscando a un Daly frágil en el aire y en el contacto.

A la media hora de partido Inglaterra se asomó a la zona de ensayo. Pero Sudáfrica, a base de dobles placajes y con De Klerk coqueteando todo el rato con el golpe, frenó la acometida. Los de la Rosa sacaron al menos el golpe. 6-6 (minuto 34). Inglaterra sabía dónde estaba el partido. Pero Sudáfrica le negaba los espacios, el territorio y el juego en su campo con patadas. La delantera 'bokke' arañaba otro golpe que Pollard pasaba para colocar a los suyos por encima (9-6, minuto 37) con justicia. Así se marchaban al descanso.

Con Inglaterra fuera de su zona de confort y Sudáfrica sometiendo en melé ('no scrum, no win'), la línea 'bokke' tuvo mucho balón para llevarlo lejos de los terceras ingleses, a sitios dónde Jones no se esperaba que se jugase. Pollard sacó brilló a su melé (12-6, minuto 40) para mandar al descanso el partido donde su entrenador lo quería tener. Los señuelos de las primeras células de delanteros sudafricanos permitían sorprender a los Erasmus con el despliegue en las segundas cortinas. Eddie Jones tenía que inventar algo en la pizarra para el descanso.

Aficionados sudafricanos celebran la victoria de su selección en el Mundial. (Reuters)
Aficionados sudafricanos celebran la victoria de su selección en el Mundial. (Reuters)

Eddie Jones movió piezas

De inicio, Jones sacó a Kruiss en lugar de Lawes, mientras Marx suplía a Mbonambi. Inglaterra apostaba por un especialista en 'touch', justo el punto débil del talonador que ponía en juego Sudáfrica. Inglaterra salía con ganas de balón y de jugar, pero los sudafricanos frenaban las descargas y es ralentizaba la idea de juego inglesa. Los de Erasmus ponían las redes a los europeos en las melés y les arrasaban en los puntos de combate. Con 15-6 para los 'bokkes' Jones comenzó a tomar decisiones realmente importantes, como retirar a Ford y dejar un solo apertura en el campo.

Dos detalles parecieron abrir el partido a falta de media hora para el final. Una melé ganada por Inglaterra, la primera, permitió a Farrell recortar el marcador 9-15 (minuto 49). Y poco después un retenido forzado por Curry, que aparecía tras 50 minutos en el partido, acercaba a los ingleses, pero la patada de Farrell no pasó entre palos, dando un respiro a los sudafricanos. Segundos después un 'maul' mastodóntico de Sudáfrica volvía a ser rentabilizado por Pollard (9-18, minuto 56), lo cual fue contestado por una buena defensa inglesa a puertas de la 22 'bokke' que aprovechó Farrell (12-18, minuto 59). La final estaba en el alambre.

Y entonces llegó la jugada del Mundial. Salida rápida por el abierto entre Am y Mapimpi. Tuya-mía con patada en sombrero en la que el bote favorece al sudafricano Am, quien la devuelve afuera a Mapimpi, para anotar el ensayo que sellaba el Mundial para los 'bokkes'. Como soñó Mandela, una selección mestiza acabaría llevando a Sudáfrica al título de campeona del mundo.

El ensayo final de Kolbe ponía el broche de oro a una final en la que ganó el equipo que demostró superioridad física, pero también iniciativa y valentía con la pelota en las manos. Sudáfrica fue mejor en todo. Hizo su partido del Mundial el día que tenía que hacerlo. Mientras que Inglaterra, como advirtió Gatland, ya había gastado su bala contra los All Blacks. Perdió Jones. Ganó el sur. Ganó el mejor. Ganó Mandela.

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