este sábado, la final del mundial de rugby

Final del Mundial: Sudáfrica y el entrenador blanco al que salvaron los jugadores negros

Rassie Erasmus, culpable del éxito de los Springboks, estuvo a punto de ser despedido pero los jugadores lo frenaron... Ahora está en la final del Mundial de rugby de Japón

Foto: Rassie Erasmus, entrenador de Sudáfrica. (Reuters)
Rassie Erasmus, entrenador de Sudáfrica. (Reuters)

Sudáfrica luchará por conseguir su tercer título en un Mundial de rugby y lo hará cumpliendo la normativa de cuotas acordada por el Gobierno y la Federación de rugby sudafricana, que obliga a la presencia de un 50% de jugadores de raza negra en cada convocatoria del combinado nacional. Un requisito que durante mucho tiempo ha supuesto un lastre deportivo para los Springboks, que no tenían jugadores negros de nivel con los que competir. Los bokkes buscan su tercera corona (ante la multada Inglaterra) después de las logradas en 1995 con una selección en la que solo había un jugador negro (Chester Williams) y la conseguida en 2007 en Francia incluyendo a dos non-white (Bryan Habana y JP Pietersen). A esta final del Mundial de Japón de 2019 acuden con una plantilla en la que la mitad de los jugadores no son blancos.

El culpable de gobernar con éxito esta "transformación", calificativo utilizado por el gobierno sudafricano cuando impuso el sistema de cuotas, es Johan 'Rassie' Erasmus. El actual seleccionador recogió el testigo de Allister Coetzee, técnico que dirigió a la selección entre 2015 y 2018 cargando siempre con la sospecha de haber sido designado como parte de esa política de cuotas. Coetzee no era blanco, algo que levantó el escepticismo entre el rugby del país, dominado por esta raza. Coetzee se marchó con 11 victorias en 25 partidos. Un récord impropio del poderoso rugby sudafricano.

Erasmus fue repescado de Irlanda, donde dirigía con mano de hierro y guante de terciopelo al portaviones de Limerick, la temida provincia de Munster. Rassie, blanco, de 46 años y nacido en Porth Elizabeth, asumió el cargo recibiendo plenos poderes al ser nombrado seleccionador y director de rugby de la Federación Sudafricana. Entendió y asumió la necesidad de utilizar la selección como un vehículo de integración, pero advirtió que solo acataría la política de cuotas en caso de encontrar jugadores de nivel competitivo negros porque entendía que esa obligación lastraría a su selección. Y comenzó a dar pasos.

Nelson Mandela, ¿contrario? a estas cuotas

En junio de 2018 nombró al primer capitán, Siya Kolisi, que al asumir el cargo pronunció un discurso chocante para sus dirigentes: "No creo que Nelson Mandela hubiera apoyado esto de las cuotas, pero no le conocí. No me gustaría ser seleccionado únicamente por mi color de piel. Seguramente no sería bueno para el equipo y mis compañeros lo sabrían". El mensaje de Erasmus había calado entre sus jugadores y resultaba inequívoco: lo importante es el nivel de cada jugador independientemente del color de su piel.

La selección sudafricana escuchando su himno en semifinales. (Reuters)
La selección sudafricana escuchando su himno en semifinales. (Reuters)

Uno de los hombres que siempre fue señalado como "jugador cuota" fue Ashwin Willemse, mestizo que vistió la camiseta de los Springboks 19 veces en los primeros años del siglo XXI. Willemse se convirtió en analista en un reconocido programa de televisión en el que compartía pantalla con el ex seleccionador bokke Nick Mallet y el legendario jugador de los Springboks Naas Botha. En mayo del año pasado Willemse estalló en plena retransmisión molesto por las continuas desconsideraciones de sus contertulios: "He jugado a este deporte durante muchos años. He cargado con la etiqueta de jugador cuota y he trabajado duro para ganarme el respeto que tengo ahora. No voy a sentarme aquí y permitir que estos dos individuos sean condescendientes conmigo cuando jugaron al rugby durante el apartheid, una era de segregación racial". Seguidamente se levantó y se marchó del estudio protagonizando un episodio sonado que confirmaba que la integración que postulaba Mandela estaba lejos de completarse.

Erasmus siguió su plan particular y logró suprimir la regla que impedía convocar para la selección a jugadores expatriados, logrando así reclutar a los 'extranjeros' Cheslin Kolbe, Faf De Klerk o Willie Le Roux. Fundamentales hoy en esta selección. En julio de esta temporada marcaba otro hito en el partido de preparación para el Mundial de Japón ante Australia. Era la primera vez en la historia que el XV de los Springboks incluía a más negros que blancos en su alineación titular: Warrick Gelant, Sibusiso Nkosi, Makazole Mapimpi, Elton Jantjies, Herschel Jantjies, Tendai Mtawarira, Bongi Mbonambi y Trevor Nyakane hacían historia. Y lo hacían con excelente rendimiento deportivo que les permitía a ganar con solvencia a los Wallabies (35-17).

Sin embargo, la historia de Erasmus como seleccionador de Sudáfrica no fue un camino de vino y rosas. Aparte de las presiones gubernamentales y las tensiones por sus decisiones deportivas, Rassie tuvo pie y medio fuera de la selección tras un pobre inicio en su etapa como seleccionador. Pese a firmar por seis años en su cargo, a los seis partidos su puesto estaba más que cuestionado. Tras un convincente debut en una serie ante Inglaterra y una victoria frente a Argentina en el Rugby Championship, comenzaron los problemas. El segundo partido ante los Pumas terminó en victoria de los sudamericanos, después llegó una derrota dejando una imagen paupérrima ante Australia y el partido clave les medía ante los todopoderosos All Blacks.

Rassie desterró la meritocracia

Pero Erasmus se encontró con un aliado inesperado: el grupo. Los jugadores de la selección, blancos y especialmente los negros, se plantaron ante los dirigentes deportivos y políticos y respaldaron al seleccionador y sus ídeas. "Rassie nos hizo mejores jugadores. No se casaba con nadie y desterró esa meritocracia que tanto daño nos había hecho durante años. Mandela habría estado orgulloso de Erasmus y nosotros sabíamos que ese era el camino", recuerda ahora el talonador Mbonambi.

Negros y blancos, Sudáfrica en la final. (Reuters)
Negros y blancos, Sudáfrica en la final. (Reuters)

El apoyo de los jugadores fue decisivo y hoy Erasmus ha devuelto a la selección un sentimiento de grupo y las señas identitarias clásicas del rugby bokke: juego de delantera, fiereza en el punto de encuentro y un despliegue físico descomunal. A partir de esos pilares y con un grado de exigencia deportiva sobresaliente, independientemente del color de la piel, el técnico ha reconstruido a una selección que llega a esta final con el marchamo de favorita pese a la deslumbrante victoria de Inglaterra ante los All Blacks.

Rassie ha conseguido que la llamada 'transformación' se haya producido con espontaneidad y, sobre todo, por el compromiso de unos jugadores que en esta Copa del mundo representan ese mestizaje de la sociedad sudafricana. La mitad de los jugadores que están en Japón con los bokkes no son blancos. Y eso que en un país con una población 90% negra debería ser lógico, comienza a ser natural en Sudáfrica. El sueño que Madiba fraguó en su celda de Robben Island ha tomado cuerpo en esta selección sudafricana. Una selección a la que sigue dirigiendo Erasmus porque un día sus jugadores, especialmente los que no eran blancos, se plantaron ante sus políticos y defendieron a aquel blanco llegado de Irlanda para devolver la grandeza a los Springboks.

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