"Se ha perdido la capacidad de improvisación"

Contra el rugby moderno: Daniel Roche, el 'abuelo' que reta al paso del tiempo

Roche fue jugador de la Section Paloise a mediados de los 70, pero sigue saltando junto al rugby a sus 66 años. Entrena con los veteranos de Sevilla. Una lesión en la rodilla le impidió llegar alto

Foto: Daniel Roche, durante un partido con los veteranos de Sevilla
Daniel Roche, durante un partido con los veteranos de Sevilla

Daniel Roche es, además de una institución en el rugby de veteranos en Andalucía, "un francés raro. Yo soy de Lyon, donde se juega al fútbol más que al rugby. Sin embargo, a los 15 años cambié la pelota redonda por la oval y aquí sigo jugando con 66. En Francia los del sur creen que los del norte somos gente rara porque nos gusta más el fútbol que el rugby. Algo impensable allí. Y yo debo ser el más raro de todos porque siendo del norte, me gusta más el rugby como a los del sur. Mi tío fue campeón de Francia en los años 30 con Agen, donde también jugó mi padre".

Roche, compañero de pupitre del seleccionador francés Raymond Domenech, con el que jugaba pachangas de fútbol con 13 y 14 años, se pasó al rugby "porque era un jugador rápido. Comencé jugando de ala. Jugué con la Sub-17 y Sub-18 y entonces conocí a mi mujer que era del sur. Me fui a Pau, y me enrolé en la Section Paloise. Recuerdo una semifinal contra el Narbone del joven Codorniu en Burdeos y otro partido con el B de Pau ante Lourdes, allá por 1973 o 1974. Teníamos un buen ataque". Daniel era "un jugador con buenas aptitudes en ataque, pero en defensa no daba el nivel para jugar en Top 14. Podría inventarme, como hacen muchos, un pasado glorioso para engordar mi currículum con partidos que nunca jugué o títulos en los que realmente no participé. Pero la realidad es que siempre he jugado al rugby por el placer que he sentido haciéndolo".

"Mi pueblo, Lyon, era una ciudad vinícola y allí venían muchos neozelandeses a estudiar ese proceso. Kiwis que luego se quedaban a jugar, lo que elevó mucho el nivel del equipo local y nos complicó a los jugadores locales alcanzar el primer equipo. Llegué a jugar un par de partidos con el primer equipo, pero me rompí la rodilla varias veces y evidentemente eso me hizo perder facultades", confiesa este francés afincado en Sevilla.

El carnet de Daniel como miembro de la Section Paloise
El carnet de Daniel como miembro de la Section Paloise

Roche vivió la explosión del rugby champagne y los éxitos de su selección, pero también el dilema que se vivía entre apostar por el rugby físico o el evasivo. Además, Daniel trabajaba como profesor y nunca quiso entrar en el oscuro juego de los pagos en B en un deporte amateur como el rugby. "Creo que no llegué más arriba porque siempre rechacé cobrar. En el rugby de mediados de los 70, yo era maestro y tenía mi sueldo, así que jugaba por placer. Y cuando me subían a jugar al primer equipo, evidentemente era más fácil prescindir de mí que de alguien al que estaban pagando en B un sueldo. Nunca fue especialmente ambicioso en ese aspecto y sospecho que eso tampoco me ayudó a llegar más arriba".

"Después de destrozarme la rodilla, me marché a un equipo de tercera división para volver a coger la forma. Quería devolver al rugby todo lo que me había dado y me hice cargo de un equipo como jugador y entrenador. Intenté implantar un estilo vistoso y el equipo pasó de anotar siete ensayos en una temporada a posar casi 50. Por entonces ya me había reconvertido a 10 y jugaba en tres equipos a la vez: mi club, en el equipo de Correos y en uno de Maestros con el que llegué a ser campeón de Francia. Fueron años inolvidables. Cuando yo empecé jugando de 11 los alas no tenían la relevancia que tienen hoy. Por eso me pasé a jugar de centro y después de apertura. Además jugando de 10 mis compañeros me ayudaban más a defender. Dejé el rugby con 40 años, cuando el presidente del equipo que entrenaba y en el que jugaba me dijo que el alcalde quería que su hijo fuera titular en el equipo. No fui demasiado diplomático... ¡Ja, ja , ja!", advierte sonriente Daniel.

La vida le llevó a Sevilla "tras divorciarme de mi mujer. Mi hija vive en Triana, me animé a probar algo distinto y me vine. Un día hablando con un familiar suyo me comentó que había un equipo de veteranos del Ciencias y me bajé a entrenar con ellos. Son más jóvenes y más competitivos, pero encontré a los veteranos de Sevilla que juegan al rugby por placer y desde entonces son una familia para mi, porque tampoco hago mucha vida social. La presencia de Javier Blázquez en ese grupo es fundamental porque con él está asegurada esa idea de disfrutar y hacer amigos. Los veteranos debemos ser ejemplares a la hora de mostrar la cara amable del rugby. Somos embajadores de nuestro deporte".

El equipo Correos en el que Daniel, con el balón en la mano, formó parte en los años ochenta
El equipo Correos en el que Daniel, con el balón en la mano, formó parte en los años ochenta

Distintos tipos de veteranos

Para Roche, "hay dos tipos de veteranos, los que salen a disfrutar y los que solo salen a ganar. Para mi los segundos se equivocan. Yo por mi edad y los años que llevo en el rugby juego con calzón rojo (distinción que condiciona al rival en los contactos con los jugadores que lucen esa calzona o el pantalón oro) juego con veteranos que al verme no sacan la pelota de la delantera porque creen que la voy a perder. Y luego están los que abren y juegan para divertirse. Cuando me ocurre lo primero, pido el cambio y les dejo jugar a ellos. Pero debo decir que afortunadamente son más los primeros. Estuve hace poco en Split en un torneo amistoso con los veteranos jugando y allí compartí campo con Alberto Malo. Me gustó su humildad y su cercanía. Me hicieron un homenaje allí y les pedí que nunca perdieran el sentido de jugar al rugby por el placer de hacerlo".

Daniel aboga "por dejar espacio a la improvisación, al talento. He tenido la suerte de jugar partidos de veteranos con una figura como Jo Maso. Un caballero y una figura del rugby en Francia al que daba un enorme placer ver jugar. Recuerdo que al final de uno de los partidos Jo se me acercó y me regaló un viejo pantalón de juego que guardo con mucho cariño". Maso fue la cabeza pensante del rugby francés durante algún tiempo, pero hoy quien manda es Bernard Laporte.

Roche se muestra categórico al hablar de él: "Desde que llegó Laporte hemos abandonado nuestra idea de rugby y hemos apostado por parecernos al hemisferio sur. Eso no va en nuestra genética. Nuestro ADN tiene más que ver con la libertad, con el pase, con la imaginación. El rugby de ahora son matemáticas, no hay lugar para la improvisación. Es muy físico y eso ha provocado, con las muertes que hubo en Francia el último año, que las licencias hayan disminuido. Hay muchos menos niños jugando y demasiados con casco. Algo que nunca se veía en mis tiempos. En la selección hubo un problema de ego entre Guy Noves y Laporte. Y ganó Laporte, que es el peor dirigente que hemos tenido nunca. Es un político y su número dos, Serge Simon, es aún peor. En todas las instancias de la Federación Francesa hay alguien colocado de aquel equipo de Bordeaux-Bègles".

"Nuestro ADN tiene más que ver con la libertad, con el pase, con la imaginación. [...] El rugby de ahora son matemáticas, no hay lugar para la improvisación.

El francés se pone serio: "Para mi no es una sorpresa. El peor ejemplo es Bastareaud. Ahora juega en mi pueblo, en Lyon, de 8. ¡Y no sabe jugar en esa posición! Estoy muy al tanto de lo que pasa en Francia. Los fines de semana veo todos los partidos del Top 14. Y soy optimista. Toulouse me hace serlo. Yo estoy educado en una escuela de juego en la que el pase era una ofrenda al compañero. Ahora están obsesionados con darle efecto al balón en cada pase, pero la mitad no van a la altura adecuada y acaban provocando algún fallo de manos en el receptor. Entiendo ese pase con spin entre el 9 y el 10 cuando están lejos, pero si estás cerca debes favorecer el trabajo al compañero. Además, yo estoy acostumbrado a jugar al rugby en profundidad, para ganar espacios en la carrera, y ahora se juega plano y al final los atacantes están casi parados. Se limitan a chocar, no a evadir".

Roche aprecia otro problema grave en la posición en la que ha jugado media vida, demi d'ouverture (apertura): "En el Top 14 hay nivel, pero vienen internacionales de muchos países y los jugadores franceses no tienen sitio. No tenemos un 10 de nivel. Ntamack es muy joven y López no está a la altura del nivel internacional. Otra cosa es Dupont, me parece un jugador extraordinario. Y como es joven aprenderá mucho".

Pero Daniel, entrañable optimista, acaba con un mensaje constructivo: "Durante muchos años se ha producido una promoción del rugby físico, de fuerza. Una idea que viene implícita en el proceso de profesionalización. Sin embargo, los All Blacks están demostrando que se puede proponer una idea evasiva del juego e incluso se puede ganar a los equipos físicos. En medio de este escenario Francia ha adquirido una deriva preocupante. ¡Hasta los ingleses tienen una propuesta de rugby más espectacular! Pero soy optimista porque creo que con Galthie vamos a recuperar el buen camino". Y se despide con su letanía habitual: "Nos vemos disfrutando en los campos". Merci Daniel.

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