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La gran hazaña motociclista del primer 'pingüino' español de la historia en 1974
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El Confidencial habla con él

La gran hazaña motociclista del primer 'pingüino' español de la historia en 1974

Lisardo Garcia es el gran pionero de las marchas motociclistas en España cuando en 1974 decidió viajar a Alemania en una moto de la Segunda Guerra Mundial

Foto: Lisardo García. (Cedida)
Lisardo García. (Cedida)

El aprendiz ha superado al maestro. ‘Los Pingüinos’ (Valladolid) es el encuentro de motociclistas más importante de Europa, hasta el punto de batir esta edición su récord de participación con más de 25.000 vehículos inscritos. Hoy día, la tradicional cita invernal castellana es mucho más relevante que 'los Elefantes' del circuito de Nürburgring (Alemania), que además de haber perdido el encanto de su original emplazamiento, tampoco han sabido evolucionar como la versión española, que precisamente este año cumplía 40 de vida.

La elección del segundo fin de semana de enero para la celebración de esta multitudinaria reunión no es casual, como tampoco su emplazamiento en el valle del Duero. Se trata del lugar y la época del año que habitualmente hace más frío en España. Un espacio por tanto reservado a los aficionados a la moto de verdad. Gente comprometida con su pasión a la que no frenan unos cuantos grados bajo cero. Y nadie puede reflejar mejor ese indómito espíritu motociclista que Lisardo García, el primer español participante en la concentración invernal de los Elefantes allá por 1974.

Viajar en moto en enero y en solitario desde su Mieres natal hasta el circuito de Nürburgring en invierno, con las carreteras y comunicaciones de la época, no era poca aventura. Pero para añadirle gracia al asunto al joven Lisardo no se le ocurrió otra cosa mejor que hacerlo con una BMW R75 con sidecar de la Segunda Guerra Mundial. “Recuerdo que cuando mi padre se enteró, agarró un cabreo del demonio y estuvo un tiempo sin hablarme”, -explica Lisardo para El Confidencial-. “Se suponía que estaba estudiando aquí en Madrid ingeniería aeronáutica y me iba a comprar una Vespa para ir a la facultad, pero un día pasé por un taller y me quedé prendado de esta moto cuando vi que estaba a la venta. Y luego no sólo se me ocurrió comprarme aquel ‘trasto’ a medio restaurar, sino, encima, ir con él a la concentración de los Elefantes”.

placeholder La BMW R75 con sidecar, fue un encargo específico para el ejército aleman en la segunda guerra mundial. Jarapet/wikimedia
La BMW R75 con sidecar, fue un encargo específico para el ejército aleman en la segunda guerra mundial. Jarapet/wikimedia

La BMW R75 y 'el elefante’

Lisardo nos contaba que llegó a saber del encuentro motero alemán al empezar a estudiar documentación sobre su recién adquirida moto para poder restaurarla en condiciones. Descubrió así que las BMW y Zündapp del ejército alemán recibieron el apodo de ‘los elefantes verdes’ y después de acabada la guerra los soldados que había conducido esas motos durante la contienda militar empezaron a reunirse para celebrar el año nuevo en el Nürburgring, con motos iguales que habían ido recuperando.

“Es que en aquella época, -prosigue Lisardo-, que yo supiera no existían concentraciones motoristas en España como las que conocemos en la actualidad. Por eso, fascinado de poder compartir con otros propietarios historias de la moto que acababa de adquirir y con la inconsciencia de la edad, hizo que me liara la manta a la cabeza y me fuera para Alemania sin hablar una palabra ni de francés ni de alemán”. Para los alemanes, en 1974 ‘Los elefantes’ ya había adquirido mucha notoriedad entre su comunidad motera y cuando llegó Lisardo descubrió que, junto a motos como la suya, el evento estaba ya abierto a todo tipo de monturas y participantes de muchos países, especialmente de ‘motards’ franceses. Pero Lisardo fue el primer español en participar en el mítico encuentro, y sin duda inspiró a los que vinieron después, entre ellos los representantes del club Turismoto, que en 1982 crearon la primera edición de ‘Los pingüinos’. (De hecho la primera mascota se llamaba Hipopotamo).

“Para poder financiarme el viaje,-recuerda el motero asturiano- fui a ver a Javier Herrero, que era el director de la revista ‘Motociclismo’ y, como le gustó la idea, me dijo que me pagaría 5.500 pesetas si le escribía un reportaje de la concentración en condiciones. Con ese dinero tenía lo justo para pagarme la gasolina y pernoctar en algún ‘hotelucho’ en el viaje, que suponía alrededor de cinco días de ruta entre la ida y la vuelta. Luego tuve la suerte, que a la altura de Verdún, cerca ya de la frontera con Luxemburgo, me uní a unos franceses y me di cuenta de las ventajas que tenía no hacer en solitario el viaje. Originariamente, pensé en hacerlo con un amigo mío que se iba a restaurar una BMW igual que la mía, pero como no le daba tiempo y yo ya no podía retrasarlo más porque al año siguiente tenía que hacer la mili, metí unos cuantos recambios en el hueco del sidecar, una tienda de campaña que me prestaron, y así salí a la aventura desde Mieres hacia Alemania".

placeholder Recorte de la revista 'Motociclismo' de la época y símbolo de la concentración motera donde sale la BMW R75
Recorte de la revista 'Motociclismo' de la época y símbolo de la concentración motera donde sale la BMW R75

Con el tiempo, una hazaña

Aparte de que la moto de Lisardo, por muy robusta que demostrara ser en la Segunda Guerra Mundial (su unidad concretamente fue parte del contingente del ‘Afrika korps’), no dejaba de ser una moto muy antigua ya para la época y sin ningún tipo de comodidad para viajar. Viajar en solitario hacía todo más difícil pues no existían ni móviles ni asistencia en carretera en caso del mínimo problema. Otro tanto podría decirse de las carencias del equipamiento motociclista de la época comparado con el actual. Ante la ausencia de todas las ‘delicatessen’ de textiles térmicos de la ropa técnica actual, Lisardo tuvo que tirar de imaginación ante el intenso frío que sabía que le aguardaba.

“Recuerdo que llevaba debajo siempre un pijama de felpa, luego un jersey de lana de cuello vuelto tejido por una tía mía, unas botas de motocross, una chaqueta impermeable de caza y unos pantalones que le pedí a un sastre que me cosiera. Los hizo con loneta de toldo, porque era el tejido más duro que encontramos y que creíamos que mejor iba a soportar las gélidas temperaturas del viaje. Así y todo, no recuerdo haber pasado más frío en mi vida, porque me viene a la memoria un momento en el camino de vuelta, que entré a tomar un café caliente en un bar de carretera porque ya no aguantaba más y en el termómetro de la entrada ¡marcaba -19 grados!.

España mejora el invento alemán

Gracias a aquel artículo publicado en Motociclismo, Lisardo, (que sigue conservando la moto con la que realizó su hazaña) recuerda que empezó a llamarle mucha gente de toda España, con la intención de acudir a la concentración alemana. Con el tiempo, la concentración ‘Los elefantes’ empezaron a experimentar una decadencia progresiva simultánea al auge de la concentración española, que supo ir puliendo y mejorando su evento con el paso de los años. El club Turismoto, organizador de ’Los Pingüinos’, entendió desde el primer momento que una concentración motera debe ser algo más que un simple encuentro para compartir charlas, y debe estar dotado de un atractivo plan de actividades. Y a fe que lo han conseguido.

Un caso interesante donde no es Alemania la que descubre un invento español y luego lo mejora, sino justo al revés. Sin embargo, para que este tipo de situaciones se produzcan siempre es necesaria la presencia de alguien que marque el camino a los demás. ¿Se imaginan en el último día de diciembre de 1973 la cara de los guardas de la frontera de Irún, que se encuentren con un chaval que les dice que se va a una concentración motociclista en Alemania con una moto de la guerra?. Bendita audacia de héroes como Lisardo, que soñando entre libros de ingeniería, el manual de mecánica del ‘Arias Paz’ y mapas de carretera, se convirtió sin pretenderlo en el ‘gran pionero’.

El aprendiz ha superado al maestro. ‘Los Pingüinos’ (Valladolid) es el encuentro de motociclistas más importante de Europa, hasta el punto de batir esta edición su récord de participación con más de 25.000 vehículos inscritos. Hoy día, la tradicional cita invernal castellana es mucho más relevante que 'los Elefantes' del circuito de Nürburgring (Alemania), que además de haber perdido el encanto de su original emplazamiento, tampoco han sabido evolucionar como la versión española, que precisamente este año cumplía 40 de vida.

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