El nuevo reto del explorador ramón larramendi

La gran epopeya de volar en el corazón de Groenlandia subido en un trineo

Ramón Larramendi, veterano explorador polar, ya ha iniciado el proyecto 'Trineo del Viento' que impulsa la 'Expedición Cumbre del Hielo Groenlandia 2016'

Foto: Ramón Larramendi, veterano explorador de las zonas polares del planeta, ha iniciado la 'Expedición Cumbre del Hielo Groenlandia 2016'
Ramón Larramendi, veterano explorador de las zonas polares del planeta, ha iniciado la 'Expedición Cumbre del Hielo Groenlandia 2016'

Tiene fecha de caducidad porque su vida es un constante desgaste, sobre todo físico. Pero mientras el cuerpo resista, su espíritu aventurero se mantendrá activo, siempre diseñando en la mente nuevos retos y viajes entre los hielos. Esa ha sido la vida de Ramón Larramendi desde 1985, pionero en grandes expediciones polares en nuestro país y que ahora ha puesto en marcha una nueva aventura que arrancó este pasado 15 de mayo y se alargará durante más de un mes. En su día fundó 'Tierras Polares' con el objetivo de ofrecer viajes diferentes y dar a conocer las zonas más extremas del planeta. Paraísos ocultos que él ha sacado a la luz. Ahora se ha embarcado en una ambiciosa travesía, el proyecto 'Trineo del Viento' que impulsa la 'Expedición Cumbre del Hielo Groenlandia 2016'. La gran novedad es que por vez primera en la historia un vehículo impulsado de manera exclusiva por energías renovables tratará de coronar con éxito la cumbre helada de la isla, que se encuentra a 3.207 metros de altitud.

Esta expedición es diferente a otras muchas por su marcado carácter científico, pues este trineo pretende convertirse en el nuevo laboratorio de España en el aquel territorio. El recorrido es de 2.000 kilómetros y la meta final está en la zona más alta de Groenlandia, a la que se llegará con un vehículo simplemente impulsado por el viento. Un trineo que ha evolucionado de manera notable desde que hace 16 años se diseñó el primer prototipo. La propulsión será cosa de 15 cometas, sin olvidar unas placas solares fotovoltaicas que suministrarán electricidad; de esta manera los 2.000 kilos de carga podrán ser desplazados con solvencia. “Esta plataforma puede servir para la investigación de la zona. Es un proyecto rompedor y considero que damos un paso clave en este tipo de expediciones”, relata Ramón Larramendi en conversación con El Confidencial.

Según revela Ramón Larramendi en su página web, hablamos del décimo prototipo del 'Trineo de Viento', que desmontado ocupa no más espacio que un contenedor (4m x 2m x 2m) e incorpora innovaciones respecto al anterior. Se compone de cuatro unidades o módulos independientes, para un peso total de 450 kilos. Cada uno tiene cinco rieles de madera de arce laminado, con un total de 260 travesaños. Los módulos son: locomotora, dos módulos de carga o solares y tienda de habitabilidad. La base, que ha sido bautizada como 'Trineo Larramendi', mide 12 metros de largo por 3,30 de ancho. La estructura va atada con cuerdas, con un total de 1.200 nudos, lo que le proporciona flexibilidad y resistencia frente a las irregularidades del hielo. Asimismo, permite a este prototipo dividirse en dos partes de dos módulos cada una cuando las condiciones del hielo así lo precisan. Las cometas que utiliza el trineo son 15 unidades y miden entre 5 y 80 metros.

La gran epopeya de volar en el corazón de Groenlandia subido en un trineo

Aventura e investigación

Con 4 módulos para hacer un total de 12 metros de longitud, este trineo nada tiene que ser los vehículos de oruga, muy habituales en expediciones de investigación. Se trata de un “verdadero ecolaboratorio móvil”, explica el explorador. Conoce las zonas polares como la palma de su mano y de hecho maneja el lenguaje de los inuit, moradores de lejanos y gélidos territorios. “Nunca se sabe qué puede pasar en un desafío como este que afrontamos”, comenta, y recuerda que “luchas subido en un trineo y tienes por delante un desnivel de 2.000 metros. La principal novedad de esta expedición es que tenemos más capacidad de carga, para seis personas y en el que se pueden transportar 2.000 kilos. Es la primera vez que se intenta un reto como este y la investigación es el principal objetivo”. “No me entreno como un atleta. Más que física, ahora mi preparación es técnica. Cada expedición requiere de una preparación”, explica Larramendi. 

Suelta un espontáneo “acojonante” cuando habla de esta espectacular travesía. Reconoce que “soy más aventurero, pero en este caso me considero un ciudadano que piensa que este proyecto servirá para potenciar la investigación”. Con “problemas técnicos para desarrollar este tipo de viaje”, destaca del mismo que “es un concepto diferente en el que se unen tecnología y cultura inuit, con las energías renovables -cero emisiones -cobrando un gran protagonismo”. Son más de 30 años explorando las zonas polares, un buen puñado de andanzas que por el momento no tienen capítulo final definido. Cuando se le habla por su fecha de caducidad como explorador, subraya que “esta vida requiere de mucho esfuerzo físico y se acumula mucho estrés. No es lo mismo realizar estas expediciones con 30 que con 60 años”. “No, no me veo dentro de unos años como Carlos Soria, que ha superado los límites de lo excepcional. Me cuesta verme como él en el futuro, con esa fuerza física y tanta motivación. Me parece envidiable lo suyo”, destaca.

Una gran oportunidad para España

Tiene claro Larramendi que “se puede llegar a todos los sitios del planeta. Hay zonas muy remotas a las que se puede llegar. Nadie se ha perdido en la Antártida, por ejemplo. Como explorador ya he hecho todo lo que quería, he llegado a donde quería”. Y destaca que “el fondo marino es la gran barrera para el ser humano”. El trineo, piedra angular del proyecto, pretende el aventurero que “se convierta en una base móvil en el continente. Para mí es un paso muy importante y una gran oportunidad para España, para que que sea líder en el Ártico en infraestructuras de este tipo. Es un gran objetivo para todos los que formamos parte de este viaje”. Está acompañado en esta expedición por Hermenegildo Moreno (técnico de la Base Antártica Juan Carlos I), Ignacio Oficialdegui (biólogo), Nacho García (productor audiovisual), Vicente Leal (viajero y aventurero), Karin Moe Bojsen (ingeniera), Manuel Olivera (ingeniero), Malik Milfeldt (técnico en turismo en Groenlandia) y Miguel Herrero (montañero).

“Hay que ser humilde, nunca pretencioso. No busco nada, es algo interno y personal”, desvela cuando explica los motivos que le llevaron a vivir de esta manera, siempre en busca de lo desconocido y rodeado de hielo y nieve. En pleno comienzo de esta aventura, ya tiene proyectada otra mucho más ambiciosa en el otro lado del planeta. El 'Trineo de Viento' deberá superar el examen definitivo entre noviembre de 2017 y febrero de 2018. Durante 100 días se desarrollará la 'Expedición Circunnavegación Antártida', un viaje que hasta el momento nadie ha realizado. Se ha trazado un recorrido circular de 7.000 kilómetros en el interior del continente helado, y el objetivo es demostrar que el eco-vehículo está listo para recorrer un trayecto tan largo, y desplazar el material necesario para poner en funcionamiento programas científicos de gran calado.

“Así no te ganas la vida”

Su experiencia es única a la hora de valorar el cambio climático y las consecuencias que está teniendo en el planeta. Recuerda que “paso una gran parte del año en los polos y vemos cómo se van derritiendo los glaciares. Hay lugares en los que no se puede caminar, además de que se modifican corrientes marinas, lo que varía la pauta de comportamiento de los peces”. “Los impactos son continuos”, recalca para avisar de lo que en un futuro no muy lejano puede suceder. Los integrantes de esta expedición aprovecharán la misma para conocer en primera persona esos visibles cambios que se están produciendo en esa región del planeta. Para ello, los aventureros recogerán diferentes datos sobre humedad y temperatura, sin olvidar los microorganismos que puedan estar en suspensión en el aire polar. Igualmente, cuentan con un instrumento que puede detectar los efectos de los rayos en la superficie helada.

Como sucede con otros colegas que hacen de la vida una permanente aventura, Ramón reconoce que “ganarse la vida con esto es difícil en todos los lugares del mundo. En España es casi imposible. No sólo no se gana dinero, lo normal es que te cueste”. “Lo nuestro es pura pasión. Tal vez, eso sí, nuestro ámbito esté más estructurado en otros países”, relata, subrayando que “nuestra profesión no tiene un claro encaje en nuestra sociedad. No encaja con nada, nadie piensa que sea relevante. El fútbol u otros deportes tienen sus campeonatos, sus normas, etc”. Ha escrito libros, da charlas en colegios, imparte conferencias... “Pero así no te ganas la vida”, recuerda. Da lo mismo, ya es tarde para dar marcha atrás. Ramón Larramendi seguirá apostanto por el mismo estilo de vida porque “me atrae descubrir, explorar lo desconocido, adentrarme en las regiones más misteriosas e inaccesibles de nuestro planeta...”. Y pone en valor “la sencillez de lo auténtico, desprovisto de toda superficialidad”.

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