La victoria holandesa, insuficiente (2-1)

El Getafe construye un imposible y aplaca a un desquiciado Ajax en el templo de Cruyff

El Getafe agranda su leyenda tras apear al Ajax, semifinalista de la pasada Champions, de los octavos de la Europa League. Los azulones apenas pasaron apuros en Ámsterdam y pudieron golear

Foto: Damián Suárez celebra emocionado el pase a los octavos de la Europa League. (Reuters)
Damián Suárez celebra emocionado el pase a los octavos de la Europa League. (Reuters)

Pese a sus detractores, aquellos críticos con su juego, el Getafe sigue en pie en la Europa League. Los de Bordalás se enfrentarán al Inter de Milán en los octavos tras apear de la segunda competición continental al Ajax, un veterano en estas lides, un equipo de tronío que el curso pasado no fue finalista de Champions porque un gol sobre la bocina de Lucas Moura le cerró la puerta. Antes, los de Ten Hag habían eliminado al Madrid y a la Juve de Cristiano con una lección de fútbol que enamoró al mundo. Sin embargo, tan solo unos meses después, ha sido el Getafe, en las antípodas del toque, quién impartió una clase maestra a los cachorros de Cruyff. Los tulipanes cayeron en el Coliseum (2-0) sin disparar ni una sola vez a puerta, perdidos ante el orden y el despliegue de los madrileños y en su casa, ante más de 50.000 ruidosas gargantas, no les valió la victoria (2-1). El ímpetu y la falta de vergüenza azulona, suficientes.

El Getafe, hace cuatro años en Segunda, se pasea ahora con orgullo y determinación por el viejo continente. Sus jugadores sacan pecho ante la gran historia que están escribiendo. Bordalás, capitán absoluto del barco, ha inyectado una mentalidad ganadora a un grupo de futbolistas que no estaban destinados a alcanzar cotas tan altas. Ellos le siguen sin reproche. Una plantilla de perfil bajo que, sobre el tapete, se transforma para mutar de oveja a lobo. Getafe presume, no es para menos. A falta de presupuesto, bienvenidas sean la tenacidad y la fe, la capacidad para construir imposibles.

El equipo al sur de la capital española mira de frente, erguido, a sus rivales, jamás agacha la cabeza. He aquí un club pequeño que en los dos últimos años se cree grande, capaz de descoser a cualquiera. En su día, en Ámsterdam se celebró este emparejamiento, pero el bombón resultó a todas luces amargo. Los Cucurella, Maksimovic o Mata son los Cosmin Contra, De La Red y Casquero del 2008, aquel mítico grupo que casi acaba contra el todopoderoso Bayern de Múnich en cuartos, tope que, por qué no, puede soñar la afición getafense (unos 2.500 desplazados este jueves) con derribar.

Unos 15 minutos de locura

El primer 'coco' ya está fuera. Tras la ida, prometía batalla de las de aúpa bajo la fría noche holandesa y así fue. Los primeros 15 minutos tuvieron de todo: goles, numerosas quejas y tarjetas amarillas. Un toma y daca constante, del gusto del espectador. Empezó adelantándose el Getafe por mediación de Mata, delantero que ha florecido a sus más de 30 primaveras, tras una vida en las cloacas de nuestro fútbol. Recibió un centro puesto de aquella manera por Deyverson, metió el cuerpo, le ganó la disputa a su defensor y, sin oposición, la cruzó a placer. No habían transcurrido ni cinco minutos, la cosa pintaba bien, pero el Ajax reaccionó al instante. Schuurs avisó a Soria, que repelió bien, pero poco después Van de Beek se revolvió con clase para ganarle el espacio a Etxeita y entregársela a Danilo, que embocó a puerta vacía. Peligro.

El empate volvió a encender a la grada, que se cebó contra todo aquel que vistiera de azul. El duelo estaba desatado, sobreexcitado en el césped y en los banquillos. El árbitro, sometido a toda una tortura psicológica, tuvo que sacarle sendas cartulinas amarillas a Bordalás y Ten Hag, envueltos en una acalorada discusión. El neerlandés, que se fue hasta la zona técnica visitante, acusó de pérdida de tiempo a los españoles y el alicantino consideró que ya había tenido que soportar bastante, no consintió ni una y le mandó callar.

Huntelaar, derrotado, agradece el aliento de la grada durante todo el encuentro. (Reuters)
Huntelaar, derrotado, agradece el aliento de la grada durante todo el encuentro. (Reuters)

El autogol de Olivera

Poco a poco el encuentro se fue templando, amoldándose al gusto del Getafe, que dominó el choque desde la defensa. El Ajax se encontró con las zonas centrales del campo bloqueadas y pasó a colgar balones buscando la espalda de los centrales. Mala estrategia porque ahí los madrileños ni sienten ni padecen. El control del esférico local no se tradujo en ocasiones claras de gol. Por el contrario, los pupilos de Bordalás pudieron sentenciar, pero Mata y Deyverson chocaron contra el palo. La lectura al descanso no dejaba lugar a dudas: el Ajax no hallaba opciones en la tela de araña tejida por los madrileños y estos, cómodos, disfrutaban de la escena, contragolpeando a placer.

La vuelta de vestuarios no cambió el panorama y el partido continuó por idénticos derroteros. Ni el desgraciado autogol de Olivera tras una falta lateral puso nervioso a los getafenses. El Ajax tenía el motor gripado y era incapaz de acechar el área con lucidez. Apenas se recuerdan méritos de Soria. Djene era un cerrojo; Arambarri, un perro de presa que aparecía por todos lados; Cucurella, un tormento que se hinchó a robar balones, y Maksimovic, el guía al que solo el palo (el tercero del equipo) le apartó de la gloria mayor mediada la segunda parte. Pudo el Getafe marcharse con cuatro goles bajó el zurrón de la capital holandesa, pero a falta de acierto ofensivo bien vale un billete a la siguiente ronda, donde ya espera el Inter. Picando piedra, con tesón. "¡Vamos, vamos!", gritaba Djene, soberbio capitán, tras el pitido final. Getafe está de fiesta y en Italia ya saben que tendrán que sudar mucho.

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