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Simeone recordó por qué es el entrenador mejor pagado de España

El Cholo Simeone tuvo que ver el partido desde el palco, pero en el terreno de juego se notó perfectamente su liderazgo y se vio el equipo que él soñó y diseñó para siempre ser competitivo

Foto: Simeone celebra el título. (EFE)
Simeone celebra el título. (EFE)

La afición del Atlético de Madrid venera a Diego Pablo Simeone. No es una presencia más, está en la historia, donde no aparecen muchos. Quizá Luis Aragonés, no busquen mucho más. Y es que la identificación es simbiótica, casi perfecta. El aficionado atlético premia la entrega, el corazón, tomar las rayas rojas y blancas como una manera de vivir. Eso es el Cholo, además de conceptos futbolísticos. Se llevó el corazón de la hinchada cuando era jugador, buen jugador —aunque es mejor técnico—, corajudo, esforzado, siempre deseoso de dar una carrera más. No sobrado de talento, pero sí de testosterona. Cuando llegó al banquillo, se encontró un erial, un proyecto siempre a la deriva. Lo ha convertido en uno de los grandes del continente y, además, lo ha hecho respetando la institución y sus señas de identidad. Simeone no ha cambiado al Atlético, lo ha redescubierto, que es mejor.

Es el entrenador mejor pagado de la Liga, 15 millones netos, también porque es mucho más que un técnico, es un emblema. Tiene ese punto de Moisés, de sacar al equipo del desierto, un punto mesiánico en el que se siente cómodo. A Simeone le gusta ser estrella del rock, querido por la grada, a la que arenga como casi ningún otro entrenador hace. A veces le cuesta caro, esta final la vio desde un palco privado por un exceso de rabia, pero la comunión que consigue con los suyos es muy notable. El Wanda, un estadio un poco frío todavía, ruge más cuando se lo pide el director de orquesta.

Esta temporada era especialmente complicada, pero de nuevo la ha sacado con nota. En los meses de pretemporada había motivos para temer, porque no se podría fichar, porque el estadio nuevo había que venderlo como lo que es, un avance para la institución, aunque muchos socios no comprasen el cambio con cariño. No son fáciles las mudanzas obligadas, por más que la nueva casa sea más lujosa. También había los rumores de siempre, los de las salidas, porque el Atlético ha crecido a gran ritmo en el tiempo del Cholo, pero sigue siendo un club en el que se duda de la fidelidad de muchos. El siguiente en salir será Griezmann, que quizá se equivoque como tantos otros diciendo que quiere marcharse a ganar títulos. Ahora ya no es incompatible, el Atlético es un grande de Europa.

Un equipo de acero

De Simeone se resalta siempre lo emocional, pero tiene cierto punto de injusticia quedarse solo en eso. El técnico ha labrado un equipo durísimo que compite todas las temporadas con otros con más billetes. No es que el Atlético sea un club pequeño, su economía ha mejorado en estos años, pero compite contra dos gigantes a los que gana con cierta regularidad. El Cholo, por creencia o por necesidad, comprendió que solo un equipo tremendamente organizado le serviría para recortar las distancias contra los mayores. Y lo ha clavado, la defensa del Atlético no es buena en términos parciales, es tremenda, una de las mejores que nunca se han hecho. Pueden rastrear, buscar todos esos equipos italianos que ganaron fama cerrando la puerta, a ese nivel están, por lo menos, y en eso tiene mucho que ver el trabajo y la cabeza de un entrenador que sabe mucho de fútbol.

Todas las bondades del Atlético tienen que ver con él, porque es quien enderezó una institución siempre esquizofrénica que solía estar por debajo de lo que esperaban, que no es tanto ser campeón de Liga, o segundo, como meterse en Champions League. Antes de que él llegase, eran raras las temporadas en las que lo conseguían, con él ha ido pasando eso temporada tras temporada, llevando al equipo a las mieles del éxito, a saborear finales europeas y a cuadrar los balances con cantidades mucho más cuantiosas. Esto se retroalimenta, el entrenador hizo mejor al equipo y el equipo terminó haciendo mayor la institución. No suele ser así, lo normal es casi lo contrario, que llegue un millonario, por ejemplo, y poniendo medios lo haga crecer. Simeone probó el camino largo, que probablemente es más satisfactorio.

No todo siempre es positivo, por supuesto, porque con años de trabajo siempre hay alguna mácula. Esta temporada se marchará del Atlético Fernando Torres, el único ser humano que ahora mismo le puede discutir el cariño de la afición a Simeone. La relación ha tenido sus idas y venidas, el argentino fue el que le llamó para que volviese, pero al estar ya aquí no siempre estuvieron juntos con la misma melodía. Al final de esta batalla, el Cholo le reconocía: "Se merece la mejor despedida, nunca le regalé absolutamente nada, y creo que eso es lo mejor que tenemos en nuestra relación". Cosas menores, pequeños matices, porque lo cierto es que es imposible que todo siempre salga a la perfección.

De la decepción al título

Lo normal es que el Atlético termine segundo en la Liga, por encima del Real Madrid. Un año inspirado, por lo tanto, más aún si se tienen en cuenta las dificultades. Hasta enero, sin Diego Costa, el equipo hizo por sobrevivir. En esas se vio uno de los pocos puntos negros de estos años, lo más parecido a un fracaso en este año, la no clasificación para las rondas eliminatorias de la Champions. El club se ha acostumbrado al caviar, a las semifinales y a visitar los campos más floridos de Europa. Caer contra la Roma, el Chelsea y el Qarabag no estaba a la altura de la historia reciente del equipo. Ese revés, que lo fue, ha terminado en un título más, y aunque la competición está por debajo de lo ilusionado, una final siempre lo es.

Desde el palco miraba el partido, nervioso como es él. En las semifinales, en el Metropolitano, dio un recital de cómo un entrenador puede convertirse de repente en un aficionado más. Los que estaban a su alrededor alucinaban viendo cómo ese hombre, el ídolo, era capaz de blandir una bufanda y convertirse en una voz que grita. A él le hubiese gustado estar en Lyon en el césped. No pudo ser, pero al final del partido recordó que tampoco necesita pisar la hierba para que sus pupilos respondan: "Vi el partido triste, amargado, con sensación de soledad, pero si hay algo que tengo con los futbolistas es una comunión muy grande, puedo estar en el hotel o en mi casa, pero ellos siguen igual".

Simeone ha batallado con plantillas de las que se iban estrellas, con fichajes que no llegaban. Después de caer en Champions, la directiva decidió hacer política de recortes y enviar a China a unos cuantos jugadores para dejar la plantilla mermada de efectivos. Simeone, que de esto no se ha quejado, aceptó que con esos mimbres tendría que hacer el cesto. Y con eso, aceptando los recortes, terminó haciendo un equipo campeón y competitivo. Porque eso por encima de todo inculca la palabra de Simeone, cuyo lema es "nunca dejes de creer", pero en el campo eso se traduce más bien como un "nunca dejes de competir".

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