Italia, origen y verdugo de la época dorada de la Roja, medirá la rebelión de Luis Enrique
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¿La gran aspirante al título?

Italia, origen y verdugo de la época dorada de la Roja, medirá la rebelión de Luis Enrique

España llegará a semifinales y, por primera vez en la Eurocopa, no será favorita en el partido. Es el cuarto torneo europeo consecutivo que la Selección e Italia se cruzan

placeholder Foto: La plantilla italiana celebra el pase a semifinales. (Reuters)
La plantilla italiana celebra el pase a semifinales. (Reuters)

Entre la nostalgia y la innovación, Italia se clasificó para las semifinales de la Eurocopa. Lo hizo con un partidazo ante Bélgica, a la que ganó por 1-2 presentando mejores argumentos futbolísticos que el equipo de Roberto Martínez, al que le faltó contundencia en ambas áreas. El pase a la final de este histórico torneo europeo —se hace difícil recordar una edición tan emocionante, repleta de sorpresas e igualdad en tantos enfrentamientos— se lo jugará la Azzurra frente a la España de Luis Enrique. Lejos queda aquel 2006, fecha del último gran título que ganaron los italianos con el Mundial de Alemania. Si solo hay que valorar el fútbol generado por las selecciones que quedan vivas en el torneo, Italia es la señalada como la gran favorita para llevarse esta Euro. Pero, por cuarta vez consecutiva, la Roja se cruza en su camino a la gloria.

Foto: Italia celebra el tanto de Barella. (Reuters)

Si existe un punto de inflexión en la historia del fútbol español ese nos lleva directamente al 22 de junio del 2008, cuando la Selección española dirigida por Luis Aragonés se enfrentó a la Italia entonces capitaneada por Roberto Donadoni. La Roja había exhibido sus armas en los partidos anteriores: un fútbol de tiki-taka, de control del balón total. Nadie jugaba al fútbol como aquella España en el torneo. Pero en frente se encontraba la todopoderosa Italia, vigente campeona del mundo, y con la maldición de los cuartos de final en la Eurocopa en el ambiente.

placeholder Matteo Pessina celebra con familiares en la grada del Allianz Arena. (Reuters)
Matteo Pessina celebra con familiares en la grada del Allianz Arena. (Reuters)

El partido siguió el guion establecido. Apabullante dominio de la pelota por parte de los Xavi, Iniesta y compañía. Pero ni siquiera el tiempo extra sirvió a España para penetrar la rocosa defensa italiana, mucho menos marcar gol en la portería defendida por Gianluigi Buffon. Los penaltis dictaron sentencia. Apareció Iker Casillas y Cesc Fábregas dio inicio a la época más bonita vivida por el fútbol español al anotar su pena máxima.

Y es que es imposible separar a Italia de este ciclo ganador español. Italia fue el origen de todo, testigo de la consumación de un proyecto y hasta verdugo de la época dorada. En el 2012, probablemente el torneo en el que la Selección ofreció su versión más contundente —solo Portugal resistió en semifinales, cayendo por penaltis— la Azzurra consiguió su mejor marca en una Eurocopa desde hacía una década como subcampeona. La gloria volvió a levantarla Casillas. Cesar Prandelli, quien había rescatado un punto en la fase de grupos frente al equipo de Vicente del Bosque, nada pudo hacer para detener la hemorragia ofensiva que supuso aquella final en el estadio Olímpico de Kiev. Un doloroso 4-0 para las aspiraciones italianas, la mayor goleada registrada en la historia de la final del torneo.

placeholder Cesc Fábregas, en un partido de la Euro 2012. (EFE)
Cesc Fábregas, en un partido de la Euro 2012. (EFE)

Se cobraría la venganza Italia tan solo cuatro años después. Esta vez con la batuta de Antonio Conte y una ilusionante selección. No había figuras, pero sí un conglomerado defensivo físico que aspiraba a impenetrable, honrando a la leyenda de la escuadra. El gastado grupo de Vicente del Bosque, que venía del duro golpe de caer en fase de grupos en el Mundial de Brasil, cayó superado con claridad por dos goles a cero en los octavos de final. La Italia que nos había aupado a hacer historia se encargó de tirar el pedestal.

La rebelión de Luis Enrique, en jaque

A nadie se le escapa que el órdago de Luis Enrique ya es una cosa seria. A una convocatoria plagada de nombres casi desconocidos para el gran público se sumó la ausencia del jugador más mediático que tiene España en estos momentos, Sergio Ramos, debido a la condición física del sevillano en los últimos meses de competición. Por si fuera poco, el técnico asturiano tomó una serie de decisiones deportivas que no agradaban ni a la afición ni a la prensa, como su apuesta inamovible por Álvaro Morata como punta de ataque o la de situar a Marcos Llorente —quizás el jugador español más en forma de toda la temporada— alejado del centro del campo en el carril derecho.

Foto: Los jugadores españoles celebran la victoria en los penaltis. (Reuters) Opinión

Peligró la clasificación en la fase de grupos por culpa de dos empates consecutivos frente a Suecia y Polonia, evidenciando una falta de gol que ha acompañado a la Selección durante toda la Eurocopa. Eslovaquia pagó los platos rotos recibiendo la mayor goleada de toda la competición, 5-0, incluyendo un penalti desperdiciado con el resultado gafas en el marcador. Croacia y luego Suiza, que dio la gran sorpresa de la Eurocopa eliminando a la favorita Francia en octavos de final, se cruzaron en el camino de España.

Ahora la realidad frente a Italia es otra. Croacia era un equipo fuerte, vigente subcampeón del mundo, pero el grupo había perdido fuerza y encima contaban con la ausencia de Perisic, baja de última hora por contagio de coronavirus. ¿Alguien creía que España podría estar entre los cuatro mejores de la Eurocopa al inicio del torneo? Desde luego, solo Luis Enrique mantenía el optimismo. ¿Alguien creía que la Selección tenía nivel como para ganar tanto a Croacia como a Suiza? Sí, de hecho era favorita, y llámese suerte o destino, le ha valido para llegar a unas semifinales contra todo pronóstico. Por estado de forma y por argumentos sobre el césped, la Azzurra llega a Wembley con la etiqueta de clara candidata a llevarse el título. La primera prueba de fuego para la rebelión de Luis Enrique, quien estuvo absolutamente convencido desde el primer día de que esta plantilla tenía serias opciones de levantar trofeo.

placeholder La celebración del partido contra Bélgica en Turín. (Reuters)
La celebración del partido contra Bélgica en Turín. (Reuters)

Y es que, a juzgar por sus cinco partidos en esta Eurocopa, Italia ha demostrado un equilibrio arrollador entre el gen histórico de su competitividad defensiva y la apuesta por talento nato en figuras como Verratti, Jorginho, Barella o Insigne. Arropados por la contundencia atrás de los clásicos Chiellini y Bonucci, aspirantes a ser más clásicos italianos que la propia pasta, pero sin la revelación de la 'squadra', Spinazzola, que estará meses de baja al tener afectado el talón de Aquiles. En el banquillo, Roberto Mancini, está ante la gran oportunidad de dejar atrás los fantasmas de su carrera como entrenador, ya que su experiencia pasada —sobre todo en el Manchester City— le valió la etiqueta de técnico excesivamente conservador. De hecho, Mr. Hyde volvió a vestir con la elástica azul frente a Austria, en el partido más flojo de los italianos en el torneo, donde estuvieron cerca de decir adiós por dar un paso atrás y olvidarse del camino de calidad que les hizo brillar como la gran Selección en la fase de grupos. A una semana de decidirse el campeón, los focos iluminan a Italia… Pero no hay mayor piedra en el camino que Luis Enrique.

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