España vuelve a chocar con la falta de gol y se jugará la vida ante Eslovaquia (1-1)
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Gerard Moreno provocó y falló un penalti

España vuelve a chocar con la falta de gol y se jugará la vida ante Eslovaquia (1-1)

Una Selección con muchas dudas no logra imponer su juego ante Polonia y ve cómo Lewandowski amarga el reencuentro de Morata con el gol en la primera parte. Moreno falló un penalti y ambos porteros tuvieron intervenciones destacadas

placeholder Foto: Frankowski lucha por un balón con Laporte y Alba. (Reuters)
Frankowski lucha por un balón con Laporte y Alba. (Reuters)

Luis Enrique concedió a la afición el deseo de poner a Gerard Moreno de titular y España pareció haberse sacudido algunos fantasmas este sábado en La Cartuja con una primera parte razonable y un gol de Morata. Una hora después, sin embargo, el desánimo de la afición era más profundo que el pasado lunes, tras un partido nada brillante en el que tampoco se cumplió con el objetivo: ganar (como fuese) y asegurar la clasificación a octavos de final.

Fue indudablemente un encuentro inesperado, en el que el temible Lewandowski no fue una isla, como sucedió en el primer partido de Polonia (ante Eslovaquia). Los de blanco no quisieron cederle el dominio a España, en contra de lo que se pronosticaba, y dieron de hecho el primer aviso con un buen disparo de Klich que rozó el larguero en el minuto 6. Un rival atrevido que disputó la posesión al equipo local, reacio (como había advertido su segundo entrenador, el español Víctor Sánchez) a estar hora y media persiguiendo la pelota para terminar perdiendo.

placeholder Luis Enrique, durante el partido. (EFE)
Luis Enrique, durante el partido. (EFE)



Llorente (con toda la banda derecha para él) fue el español más entonado en los minutos iniciales, mientras el equipo se asentaba en el campo y Pedri amagaba con tejer su hilo de araña, facilitando siempre el juego de España a uno o dos toques. Pero con el magnífico Zielinski de mediapunta y una presión polaca muy adelantada, el equipo de Luis Enrique se enfangó por el medio sin crear peligro alguno en el primer cuarto de hora, mucho más eficaz en el robo de balón que en la creación. Gerard Moreno, en posición de extremo, abría el campo, pero no tenía peso en el juego. Se inclinó entonces el equipo por la izquierda, con mayor protagonismo de Alba y Olmo, tratando de enclaustrar a un rival que no estaba dispuesto a retrasar su posición bajo ningún concepto.

Gol con suspense de Morata

Un par de córners y poco más: el partido era bastante más igualado de lo que cabía esperar ante un rival que solo ha ganado (ante Andorra) uno de sus últimos ocho partidos. La afición acompañó al equipo hasta casi el final, pero España no lograba traspasar la muralla polaca. Hasta que en una jugada aparentemente intrascendente, minuto 25, fue precisamente Álvaro Morata (que había recuperado la pelota) quien marcó un gol —con mucho suspense, por el VAR— a pase involuntario de Gerard Moreno. El delantero del Villarreal se atrevió a encarar a su marcador y su tiro en semifallo fue aprovechado por el delantero de la Juventus, a quien la tecnología le impidió una celebración explosiva. (Sí corrió a abrazar al seleccionador tras confirmarse el 1-0).

Polonia, con cero puntos en dos partidos, estaba en ese momento eliminada de la Eurocopa, y una España más tranquila podía anticipar la apertura de nuevos espacios. La dinámica del partido, sin embargo, no cambió mucho: dominio progresivo de una Selección muy eficiente en labores de contención (en las que destacó Rodri) ante un equipo venenoso cuando llegaba a tres cuartos de cancha. Gerard Moreno rozó el 2-0 con un libre directo en el 33. Un minuto después, Polonia tuvo el empate a su merced en un remate de Swiderski en el área pequeña.

placeholder Morata celebra el gol con Luis Enrique. (EFE)
Morata celebra el gol con Luis Enrique. (EFE)



Morata, liberado por el tanto, cuajó un notable primer tiempo como delantero referente, provocando córners y faltas, desahogando al equipo con trabajo y presión. España era mejor, probablemente, pero Polonia generaba bastante más sensación de peligro que Suecia y jugaba con una intensidad a la altura del compromiso, mucho más valiente que el día de su debut. El partido ofreció emociones fuertes en los últimos minutos de la primera mitad: Swiderski envió un tremendo zurdazo al palo derecho de Unai Simón, que tras el rechace hizo un paradón al segundo remate de Robert Lewandowski. Cuando robaba la pelota, Polonia daba verdadero miedo. La llegada del descanso no fue una pésima noticia para España, aunque Moreno tuviese otra oportunidad en el 44, a pase de Jordi Alba.

No hubo cambios en el descanso, y Polonia salió con una presión aún más avanzada que en la primera, incomodando incluso al portero en la salida, agresiva y concentrada. Le costó a España encontrar su juego y hacer correr al rival en persecución del balón. En el minuto 52, Paulo Sousa introdujo en el campo al jugador más joven de la Eurocopa, Kacper Kozłowski. Instantes después, Lewandowski anotó el empate en un cabezazo (ganando a Laporte con facilidad) y se liberó de todas las críticas. Polonia lo celebró como si fuese la final del torneo.

Minutos de locura

El partido entró entonces en una fase loca: en la siguiente jugada, el VAR señaló en diferido un penalti a favor de España por falta de Moder a Gerard Moreno. Los jugadores polacos no podían creer lo que veían. Lo lanzó el propio Moreno, al poste; el rechace posterior lo cazó Morata, pero lo echó fuera cuando tenía toda la portería ante él.

placeholder Moreno lanza el penalti. (Reuters)
Moreno lanza el penalti. (Reuters)



El encuentro se endureció y las gradas acusaron la tensión del momento, con Polonia en estado de máxima concentración. Ferrán salió al campo por Dani Olmo cuando la selección visitante ocupaba campo contrario y el equipo de Luis Enrique asimilaba las noticias. España aceptó el envite, tratando de domar la pelota e imponer un dominio más pausado. Morata se inventó un gran disparo a pase de Moreno que no encontró puerta. La Selección peleó en el barro, muy temerosa de conceder robos a un equipo de salida fulgurante. En el minuto 66, Fabián y Sarabia reemplazaron a Gerard Moreno y a Koke. España quería más combinación, quizá demasiado dependiente de Pedri para desnivelar el partido por talento.

Fue Fabián quien más impacto tuvo de los sustitutos: España asumió el mando, pero sin generar ocasiones ante un rival más cerrado, que gestionaba su veneno al contragolpe y entendía el empate como un muy buen resultado: dependería de sí misma el miércoles ante Suecia. España también dependería de sí misma, pero dos empates seguidos en casa eran un botín francamente pobre. Asedió el equipo a los polacos —algo cansados— a partir del minuto 80, con algún barullo peligroso en el área de Szczesny y el apoyo menguante de la grada, más variable después del penalti marrado. Morata tuvo el 2-1 tras otra internada de Alba con centro lateral, la mayor debilidad de Polonia, pero una asombrosa parada de Szczesny le privó de la gloria. (Sería reemplazado por Oyarzábal poco después el delantero madrileño, renqueante).

Máxima presión

Fue quizá algo mejor España en la noche sevillana, pero no terminó el duelo dominando y no se trata de un empate injusto. La selección de Luis Enrique no muestra aún jerarquía de gran equipo y sigue adoleciendo de falta de gol y de talento desequilibrante (por no hablar de falta de liderazgos). El miércoles próximo, ante Eslovaquia, también en Sevilla, la presión alcanzará un nivel máximo ante tantas dudas. España tiene dos puntos, a dos de Suecia (única clasificada), a uno de la propia Eslovaquia y uno por encima de esta sorprendente Polonia de Sousa y Lewandowski que amargó el reencuentro de Álvaro Morata con el gol.

El público de Sevilla, conocedor del dato, despidió al equipo con más pitos que palmas. Morata no pudo mandar un mensaje de agradecimiento a la afición y afirmó que "opinar es fácil". Rodri le echó la culpa al césped. Alba, por su parte, dijo que hay que cambiar la mentalidad. Este segundo empate en casa profundizará inevitablemente numerosos debates sobre un equipo con una crisis de identidad al que los próximos cuatro días les van a parecer semanas.

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