segunda derrota consecutiva

El Celta sumerge al Real Madrid en la primera crisis de la era Zidane

Pocos se creerían tras ver este partido que ese equipo que ha perdido en casa y se ha complicado la supervivencia en la Copa era el mismo que se pasó los anteriores 40 encuentros sin caer

Foto: Cristiano completó un partido para olvidar. (Juan Medina/Reuters)
Cristiano completó un partido para olvidar. (Juan Medina/Reuters)

Nada más acabar el partido, las cámaras de beIN Sports se acercaron a hablar con Iago Aspas. "Yo creo que no hemos sido superiores por momentos, sino durante los 90 minutos. Hemos sabido presionar arriba y taponar la salida del balón", dijo el delantero gallego, con una enorme muestra de orgullo por lo que había conseguido su equipo en el Santiago Bernabéu. El Celta es uno de los equipos más trabajados de Primera División, y si entendemos la aplicación perfecta de la idea de juego deseada, sí, se puede decir sin temor a equivocarse que el Celta fue el mejor equipo del partido. Solo así se puede superar a este Real Madrid, un equipo que ha perdido los dos últimos partidos que ha disputado y que no había caído ni una sola vez en los anteriores 40 encuentros que había disputado.

La palabra crisis tiene una utilidad en el fútbol altísima y define muchas situaciones, algunas de manera acertada, otras veces trata de extrapolar un pequeño bache hacia algo más grave. En el caso del actual Real Madrid, hablar de crisis puede llegar a ser justo. En el año que lleva como entrenador del Real Madrid, Zidane nunca se había enfrentado a la problemática que supone levantarse de dos derrotas consecutivas, una circunstancia que, de no solventarse con premura, puede afectar de manera permanente a la psicología de la plantilla y hacer implosionar un proyecto que nos hacía creer que no podía hundirse, como el 'Titanic'. Y quien viera la primera hora del choque, no podría creerse que acabase el resultado de manera negativa para los locales.

Como explicábamos este miércoles, el Madrid de Zidane tenía muchos motivos para confiar que la derrota en Sevilla no iba a traer consigo un desmoronamiento global, como sí le sucedió a Ancelotti en 2015. Ningún indicativo de los que afectaron a aquel equipo era aplicable al actual... salvo uno: la mente. ¿Cómo de fuerte afecta una derrota a un grupo que se había olvidado incluso de lo que era perder? Caer en Sevilla entraba dentro de la lógica deportiva, pero la forma en la que se produjo no es sencilla de aceptar, pues durante 85 minutos el Madrid jugó a un nivel altísimo y solo una desconcentración general acabó por echar por tierra la importante victoria que se estaba sumando. Contra el Celta todo marchaba bien, hasta que un error individual generó un contragolpe que acabó con otro fallo de Marcelo y el gol de Aspas. A partir de ahí, esquizofrenia.

Aspas marcó el primer gol del partido. (Ballesteros/EFE)
Aspas marcó el primer gol del partido. (Ballesteros/EFE)

Zidane jugó como lo ha hecho siempre, nada de tres centrales, esta vez no hacía falta reducir el volumen de ataque contrario. 1-4-3-3 de toda la vida, con Cristiano de '9' puro, escoltado por Lucas y Asensio y con la principal novedad de Danilo en la banda y Casilla, portero de la Copa, en la meta. Todo normal, hasta ahí. Lo que era menos normal era ver al equipo agarrotado desde el inicio. El Celta iba a salir a morder, porque Berizzo juega así y, por tanto, era plausible que obtuviera el dominio naturalmente durante el primer cuarto de hora, y así fue. Casemiro, de repente, se asentó como amo del medio y el Madrid se posicionó ya fijamente en el campo celtiña.

A la espalda residía el enemigo. A Berizzo le gustaría poder jugar a un fútbol vistoso y preciosista, pero es consciente de sus limitaciones y explota las virtudes de las que dispone con maestría. Tenía tres velocistas en el frente de ataque y les quiso sacar partido desde que perdió la posesión. Bongonda, Aspas y Wass coartaron la libertad de movimientos de los laterales madridistas, lo cual generó un atasco en la creación de juego ofensivo. Marcelo es una piedra angular en el ataque madridista, y Wass lo anuló casi por completo. Disponía entonces Zidane de Lucas y Asensio como factores diferenciales, más el canterano que el balear. Fue Vázquez el que rompía líneas con mayor destreza, pero no encontraba la aportación de Cristiano para dar finalización a sus jugadas, demasiadas veces terminadas por él mismo, probablemente por no encontrar con quién jugar.

Dos ocasiones no muy evidentes para el Madrid, cero para el Celta en el primer tiempo. Dato definitorio de lo que fue el partido antes del descanso. El Madrid necesita recuperarse inmediatamente de una decepción. Cuando no le sale algo, siente la obligación de repararlo inmediatamente para no agobiarse, no sentir ese pensamiento de "otra vez no, otra vez no". Se puede tirar de ese tópico que dice "quiere marcar el segundo antes que el primero". Había una presión palpable en un Bernabéu gélido y a medio llenar y la duda de si lo de Sevilla no iba a ser solo un accidente. Fallar las oportunidades que generaban no hacían más que aumentar el nervio y potenciar los errores.

Los goles del Celta vinieron por esto, precisamente. Pérdida en banda derecha en el ataque, balón a Bongonda y contragolpe montado. Marcelo, en uno de sus arrebatos anárquicos y, en realidad, la única postura en la que podía despejar una pelota que le había sobrepasado, le regaló el gol a Aspas. A partir de ese preciso instante, todo fueron nervios, prisas, una sensación de inseguridad constante que no encontró ninguna pastillita de Valium que bajara las pulsaciones de un corazón blanco acelerado desde entonces hasta el final.

Lucas Vázquez fue el mejor del Real Madrid. (Juan Medina/Reuters)
Lucas Vázquez fue el mejor del Real Madrid. (Juan Medina/Reuters)

Si Zidane tuviera plenos poderes en el Madrid, habría quitado a Cristiano al descanso. O no lo habría hecho jugar. El '7' llevaba un inicio de año realmente positivo, pero en el Pizjuán y de nuevo ante el Celta ha recuperado esa versión raquítica de lo que él ha sido. No es que ya no regatee ni sea explosivo, es que ni siquiera controla bien en balón ni resulta letal en el remate a puerta, aunque sea franco. Pero tuvo que jugar los 90 minutos. Y claro, Zidane tuvo que quitar a Lucas para dar entrada a Kovacic. No había sentido en ese cambio. Quitar al mejor para tener consistencia en el medio. Al pobre Lucas, que perdió el balón del 1-2, le mató. Antes Marcelo había rematado con rabia el empate, pero el descosido de Aspas tras el fallo permitió que menos de un minuto después de ese tanto, llegase Jonny para batir a Casilla por segunda vez en el segundo disparo del Celta.

No hubo reacción. Benzema, que entró por un Danilo que no tiene nivel para jugar en este equipo (lo cual hizo volver a defensa de tres, esta vez con Varane, Casemiro y Ramos), tuvo el 2-2, pero el ímpetu le llevó a precipitarse y mandar alto el disparo a bocajarro. Bueno, mentira, sí hubo reacción, pero no al gol de Jonny, sino a la derrota de Sevilla. El cerebro del Madrid sufrió un cortocircuito y todavía tiene los fusibles quemados a la espera de que el técnico los arregle.

Ficha técnica

1 - Real Madrid: Casilla; Danilo (Benzema, m.80), Varane, Sergio Ramos, Marcelo; Casemiro, Kroos, Modric; Lucas Vázquez (Kovacic, m.71), Marco Asensio (Morata, m.53) y Cristiano Ronaldo.

2 - Celta de Vigo: Sergio Álvarez; Hugo Mayo, Cabral, Roncaglia, Jonny; Rodoja, Marcelo Díaz; Pablo Hernández, Wass (Guidetti, m.89), Bongonda (Pione Sisto, m.87); y Iago Aspas (Sergi Gómez, m.82).

Goles: 0-1, m.65: Aspas. 1-1, m.69: Marcelo.

Árbitro: David Fernández Borbalán (colegio andaluz). Amonestó a Ramos (5) por el Real Madrid; y a Marcelo Díaz (42), Pablo Hernández (45) por el Celta.

Incidencia: encuentro de ida de los cuartos de final de Copa del Rey, disputado en el estadio Santiago Bernabéu ante 58.196 espectadores con -2 grados de temperatura.

Copa del Rey

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