El Sevilla sobrevive en el precipicio y saca un punto afortunado contra el RB Salzburgo (1-1)
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Un hito sin precedentes

El Sevilla sobrevive en el precipicio y saca un punto afortunado contra el RB Salzburgo (1-1)

En el primer partido en la historia de la Champions League donde se pitan cuatro penaltis, el conjunto de Lopetegui acabó jugando con 10 hombres. Sucic y Rakitic marcaron los goles

placeholder Foto: Karim Adeyemi forzó los tres penaltis que lanzó el RB Salzburgo. (Reuters)
Karim Adeyemi forzó los tres penaltis que lanzó el RB Salzburgo. (Reuters)

Un partido loco. No hay otra forma de describir a este deporte cuando se despega de la lógica y abraza la locura interna que le lleva a sorprendernos de vez en cuando. Cuatro penaltis en 40 minutos, la primera vez en la historia de la Champions League que se pitan tantos. Dos de ellos fallados por el Red Bull Salzburgo para fortuna de un irreconocible Sevilla que sobrevivió como pudo a la tormenta antes incluso que la lluvia regase el césped del Ramón Sánchez-Pizjuán. Los pupilos de Julen Lopetegui dejaron escapar los tres primeros puntos de esta Champions League en una primera parte para el olvido donde Luka Sucic e Ivan Rakitic anotaron los únicos dos goles de un encuentro inexplicable. Con 10 hombres tras la expulsión de Youssef En-Nesyri al inicio de la segunda parte, el equipo hispalense tuvo sus ocasiones, pero no pudo vencer.

placeholder Los jugadores locales protestan al colegiado bielorruso, Aleksei Kulbakov. (Reuters)
Los jugadores locales protestan al colegiado bielorruso, Aleksei Kulbakov. (Reuters)

No empezó mal el conjunto de Julen Lopetegui. Ante su gente, en casa y frente a un rival de menor entidad y potencia de fuego, los locales se mostraron ambiciosos y mandones en los primeros compases. Sacaban la pelota jugada sin rifarla, atraían defensores en un lado y atacaban por el otro con profundidad y pisando la línea de cal a través de las cabalgadas de Marcos Acuña y Jesús Navas. De hecho, Youssef En-Nesyri fue el primero en avisar a la zaga visitante tras un centro de Suso, pero su remate se marchó fuera.

Adeyemi sembró el caos

El Sevilla engrasaba su maquinaria, pero se le escapaban los detalles en el área. A la primera ocasión que el RB Salzburgo encontró para correr, el cuadro austriaco trituró el sistema defensivo sevillista con un débil disparo de Karim Adeyemi. A la siguiente, golpetazo en el mentón. La perdió Suso en la banda ante la presión asfixiante, recibía la pelota Adeyemi y su aventura individual en la frontal del área acabó con el derribo en la línea que delimitaba el área de Diego Carlos, superado por la velocidad infernal del delantero alemán.

placeholder El joven delantero alemán falla el primer penalti de la tarde. (Reuters)
El joven delantero alemán falla el primer penalti de la tarde. (Reuters)

El bisoño atacante se encargó de ejecutar la pena máxima, pero su disparo se marchó fuera. Respiraba el Sevilla y se estiraba en ataque con una vaselina del ‘Papu’ Gómez por encima del larguero y una chilena defectuosa de En-Nesyri. El Salzburgo no se arrugó y volvió a encomendarse a su principal caballo de batalla, Adeyemi. En una pelota cruzada en el área y que parecía no llegar a ningún sitio, Jesús Navas empujó infantilmente al alemán y el árbitro señaló los siete metros. Esta vez, sin embargo, Luka Sucic no perdonó y abrió la lata.

El Sevilla entró en pánico y se pegó varios tiros en el pie. Incapaz de reducir el ritmo del partido ni de frenar las enérgicas acometidas rivales al contragolpe, Adeyemi se presentaría a Europa a lo grande y provocaría el tercer penalti de la tarde. Sucic, autor del 0-1, lo fallaría para desesperación de los suyos. Cuando parecía que el diluvio de penaltis iba a escampar, Wöber arrolló a En-Nesyri en el corazón del área e Ivan Rakitic, infalible desde el punto de penalti, puso las tablas. Al descanso, lo mejor para el equipo de Lopetegui era el resultado y las vidas extra que le había brindado la fortuna.

placeholder Ivan Rakitic engañó al guardameta visitante en el 1-1. (Reuters)
Ivan Rakitic engañó al guardameta visitante en el 1-1. (Reuters)

Lo sabía el técnico vasco y revolucionó su equipo. Se quedaron Suso y Jordán en el túnel de vestuarios y entraron Lucas Ocampos y Thomas Delaney. Si alguien pensaba que la segunda parte iba a dejar de lado la enajenación de la primera, se equivocaba. En-Nesyri se marcaba un pizcinazo en el área y veía la segunda amarilla. Con 10 hombres, Solet pudo anotar el 1-2 para los visitantes, pero su remate franco fue anulado por fuera de juego. Lopetegui reaccionó al cambio de situación: sentó al Papu Gómez y apostó por Lamela.

Encerrado en su frontal y esperando la sorpresa al contragolpe, el Sevilla se parapetó cerca de Bono y Lopetegui volvió a poner a un '9' en el césped, Rafa Mir por Rakitic. A pesar de la inferioridad numérica, el Sevilla no le perdió la cara al partido. Un centro llovido al que Ocampos no llegaba por centímetros. Un remate furioso de Mir a las nubes y un centro de Lamela que embolsaba Köhn en sus manos. "Si no es en juego corrido, que sea a balón parado", debió pensar Pablo Sanz, el encargado de diseñar las jugadas a balón parado hispalenses. Lamela, tocado con una varita desde que aterrizó en Sevilla, se sacudía rivales en una baldosa para forzar una falta que volaría al interior del área y cuyo remate de Mir, tibio y centrado, no pudo superar al guardameta visitante.

placeholder Lamela revolucionó el ataque del Sevilla. (Reuters)
Lamela revolucionó el ataque del Sevilla. (Reuters)

Se agotaban los minutos, pero Lamela quería dejar su huella en un partido para la historia. Acuña, como un martillo pilón, cargó su cañón desde la izquierda en un centro que voló hasta la cabeza del extremo argentino. Su remate se marchó fuera y el Sevilla desperdició la mejor ocasión de la segunda parte. También tuvo la suya para vencer el RB Salzburgo. Primero cuando Aaronson obligó al atareado Bono a sacar una mano salvadora y escupir su remate por encima del larguero y segundo cuando Adamu aprovechó el enésimo fallo defensivo de la zaga local. Al final, un punto y gracias, porque el Sevilla tuvo uno de aquellos días donde si el rival es de mayor calibre no hubiese llegado con pulso al descanso.

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