Hubo robo de entradas

"Madrid es la bomba": así vivieron los hinchas la final de la Champions League

Los seguidores de Liverpool y Tottenham apenas provocaron incidentes este pasado sábado. La Policía Nacional considera el operativo un éxito. La fiesta 'red' duró hasta la medianoche

Foto: Hinchas del Liverpool celebran la victoria de su equipo en la Champions. (EFE)
Hinchas del Liverpool celebran la victoria de su equipo en la Champions. (EFE)

Madrid cerró este sábado una jornada para la historia. La final de Champions League entre Liverpool y Tottenham (0-2) fue un éxito a nivel organizativo y no cabe señalar incidentes de importancia. Apenas once personas han sido detenidas estos dos días por la Policía: siete hinchas por altercados, uno de ellos dentro del estadio, tres por venta de entradas falsas y un último -un hombre de 30 años- que se masturbó desnudo en plena Puerta del Sol la madrugada del viernes al sábado ante la atenta mirada del público. A este sujeto se le imputa un delito contra la libertad sexual, atentado contra agente de la autoridad y lesiones.

No obstante, y como decimos, el fervor no ha generado mayores razones para lamentarse. En estas dos jornadas en las que la capital española parecía haberse trasladado a suelo británico, ha primado el control y el orden. El alcohol, que en otras ocasiones ha causado estragos, ha compartido esta vez mesa con otro tipo de actividades más saludables que han obligado a más de uno a soltar la litrona por unos minutos. El miedo al ‘hooliganismo’ ha sido solo eso, miedo porque los aficionados ingleses han acabado participando de la fiesta con entusiasmo y relativa cordialidad.

Conciertos de todo tipo, retos, sorteos, exhibiciones y partidos populares envolvieron los principales emplazamientos de Madrid, sobre todo la Plaza Mayor, convertida en un improvisado campo de fútbol donde los hinchas jugaban este sábado a ser futbolistas profesionales, y la Puerta del Sol, que aglutinó buena parte del espectáculo merced al gran escenario montado para la ocasión. Los bailes, a cada cual más descoordinado, las risas y “el buen rollo”, como nos contó un fan ‘Spur’ descamisado, daban forma al resto de la escena. La música, a todo trapo, no concedió ni un minuto de respiro.

El hombre que decidió desnudarse y masturbarse delante del público, antes de ser arrestado. (EFE)
El hombre que decidió desnudarse y masturbarse delante del público, antes de ser arrestado. (EFE)

La ciudad era un constante hervidero de gente, también de muchos españoles curiosos que se acercaron animados hasta los puntos clave, como Javier y Marta, un matrimonio del tradicional barrio de Aluche, que causalmente está en fiestas: “Nos daba un poco de reparo venir por si se montaba, pero nos hemos llevado una sorpresa, la verdad. Estaremos un rato por aquí tomando unas copas y viendo el partido. Luego continuaremos la fiesta en el barrio”, contaba el hombre, perfectamente vestido con pantalón corto y gafas de sol dado el calor, en momentos asfixiante (32 grados), que cayó sobre Madrid a primerísima hora de la tarde.

Las 'fan zone', a rebosar

Si el centro bullía, también lo hacían las respectivas ‘fan zones’: la del Liverpool en Goya y la del Tottenham en la Plaza de Colón. Alrededor de unas 35.000 personas abarrotaron cada esquina de estos recintos perfectamente habilitados para la ocasión, si acaso el área ‘red’ presumió de una mayor cantidad de fans, pues fueron multitud en la capital. No solo británicos: españoles, argentinos, australianos, americanos e incluso chinos disfrutabron del gran ambiente. “Vivo y trabajo aquí desde hace ocho años, pero en mi país ya seguía mucho la Premier. Soy fan del Liverpool desde que era pequeño. Me aficioné mucho con los Owen y Gerrard en sus primeros años. He vivido de todo con este club, el año pasado lo pasé mal por la derrota, pero estamos de vuelta y ojalá ganemos”, decía Gao Huang, de la ciudad china de Suzhou, que reconoció no haber tenido ni un solo problema durante la jornada: “Como mucho te miran un poco raro por no ser inglés, pero nada más”.

Numerosas barras instaladas a pie de calle dispensaron cerveza a todo aquel que la solicitaba. Algunos, los más sofisticados, prefirieron whiskey, mientras que otros, los que menos, se hidrataron con agua porque "ya no me cabe más". Todo se sirvió en vasos de plástico. Los precios, asequibles para los bolsillos: hamburguesas a ocho euros, pintas a cinco y refrescos a tres. “España es la bomba: buen tiempo y bebida barata”, indicó un seguidor del Tottenham, que llevaba a su hijo montado a hombros comiéndose un bocadillo. Apenas hubo colas para pedir, otra cosa fueron los aseos. Los bares de la zona, atiborrados, no cabía un alma. Pasar, complicado.

La 'fan zone' del Tottenham, este pasado sábado por la tarde antes del partido. (EFE)
La 'fan zone' del Tottenham, este pasado sábado por la tarde antes del partido. (EFE)

Bufandas y banderas al viento dibujaban la estampa, una y otra vez. Llamaba la atención como alguno, entre el griterío, era capaz de echarse la siesta, probablemente con la esperanza de que se le pasara la borrachera en tiempo y forma. Los del noroeste inglés, mucho más ruidosos. A las 17:00h, ni un minuto más, se dejó de servir bebida y, apenas media hora después, la música se cortó. No faltaron los típicos “¡eeeeeh!” de quien se vio sorprendido cuando lo estaba dando todo, pero así fueron las cosas. Las autoridades habían avisado y cumplieron a rajatabla con el programa preestablecido.

Poco a poco los aficionados de uno y otro conjunto, separados por tan solo dos kilómetros, fueron desfilando hacia sus correspondientes paradas de metro: los ‘reds’ dispusieron de la línea dos (roja, claro) y los del Tottenham, de la cinco. Nos subimos con los del Liverpool y, en su convoy, un hombre de unos 35 años con coleta y evidentes quemaduras en rostro y brazos lleva la batuta. El resto le sigue, dejándose la garganta y golpeando la parte alta del vehículo con las manos, nada nuevo bajo tierra. Algunos saltan y se abrazan, los que menos porque apenas hay espacio. Van hacinados.

"¿No le he dicho que se vaya?"

En la parada de Las Rosas los hinchas empiezan a desfilar por la calle rumbo al estadio. Los vecinos, alertados por el escándalo, se asoman curiosos a los balcones. Los fans siguen marcando el compás, infatigables, mientras la Policía, pendiente en todo momento de la marcha, les acompaña. Ovejas descarriadas hay en todas partes y, como no podía ser menos, a algún descerebrado le da por pegarle patadas a las papeleras y tocar puertas y timbres ajenos. La situación, a pesar de estos pequeños conatos de desestabilidad, se mantiene controlada.

Ya en el cordón de seguridad del Wanda Metropolitano empiezan las dudas y los primeros problemas: los que tienen entradas no saben por qué arco pasar y los que no intentan burlarse de las fuerzas del orden como pueden: al asalto o a la carrera. Se producen algunas avalanchas que elevan el tono y recrudecen las formas. Lucen las porras y algunos mamporros, pequeñas cargas que llevan al insulto y a los cortes de manga de los foráneos. Algunos retroceden para volver a insistir de nuevo: “¿No le he dicho que se vaya? Váyase de aquí, es el último aviso”, le sugiere un Policía Nacional a un hombre que prometía portarse bien. “Durante la tarde de hoy hemos presenciado como algunos aficionados le robaban su entrada a otros que estaban ebrios. Estamos intentando solucionar estos problemas, pero no es fácil porque aunque las entradas son nominativas, nos basta con pasar el código QR, no se suele pedir la documentación”, contaban.

Hinchas del Liverpool celebran el segundo gol en la taberna Volapié, cerca del Metropolitano. (EFE)
Hinchas del Liverpool celebran el segundo gol en la taberna Volapié, cerca del Metropolitano. (EFE)

Sillas, vasos...y marquesinas

La cosa, por suerte, no fue a mayores y veinte minutos antes de empezar el encuentro ya estaba el aforo del estadio completo. Los que quedaron fuera y no consiguieron entrada, pese a sus demandas y búsquedas desesperadas, se aglutinaron en torno a los bares más cercanos a la casa rojiblanca. La conocida taberna Volapié fue sin duda el más frecuentado. Allí siguió la bulla y el bufandeo. La fiesta era absoluta y más tras el gol de Salah nada más arrancar el partido. Los hinchas del Tottenham que se animaron a compartir espacio con los ‘reds’ agachaban la cabeza y se mordían los labios, maldiciendo su mala suerte, mientras que sus rivales se empujaban, saltaban y se subían como posesos a las sillas.

Los litros de cerveza se consumían como la pólvora y, al descanso, un grupo se animó a llevar a cabo un concurso de pulsos ante el fervor popular. “Con estos cincuenta euros que he ganado me da para unas cuantas birras más”, les explicó el particular vencedor a sus compatriotas, que se morían de risa. Sin embargo, en el segundo tiempo a los seguidores del Liverpool se les empezó a torcer el gesto. El Tottenham apretaba y se hacía amo y señor de la posesión. Los ánimos cambiaron pronto de barrio, pero el tiempo se agotaba y Origi, en el 87, sentenció la final para desgracia ‘spur’ y fortuna de los de Liverpool, que se quedaron afónicos.

Volaron, literalmente, los vasos de cerveza. Mientras, el personal del local se apresuraba a recoger sillas y mesas para evitar desperfectos. Los seguidores del Liverpool se abrazaban, se cogían a hombros, desplegaban pancartas, banderas y posaban para los selfies. Una vez terminado el encuentro, los 'reds' volvieron en orden a su ‘fan zone’, donde algunos se dejaron llevar por la euforia y causaron algún revuelo subiéndose a las marquesinas de los autobuses. La Policía Nacional expulso de inmediato a los provocadores y la celebración continuó de forma tranquila y pacífica hasta medianoche. Durante la mañana de hoy está previsto que los ciudadanos ingleses, tanto de uno como e otro equipo, abandonen la ciudad y vuelvan a sus lugares de destino.

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