sustituyó a mignolet como titular en los 'reds'

Karius, lágrimas para un portero con manos de mantequilla y que ya es parte de la historia

Loris Karius se convirtió en protagonista indeseado de la decimotercera Champions League del Real Madrid. El portero del Liverpool falló escandalosamente en los goles de Benzema y Bale

Foto: Karius llora tras el gol de Bale. (Reuters)
Karius llora tras el gol de Bale. (Reuters)

Simon Mignolet se sentó con Jurgen Klopp a final del año 2017. El entrenador alemán estaba rotando porteros y el belga no lo veía conveniente, así que, sin más, se lo dijo. Klopp se mostró de acuerdo, le dio la razón y le mandó sin remisión al banquillo. Si tenía que elegir solo a un guardameta ese era Loris Karius. Es bastante probable que ahora, a toro pasado, el rubísimo germano se maldiga de su decisión. Pocas veces un portero falló tanto y de un modo tan grosero en una sola final. Este domingo, a través de Twitter, se ha disculpado con plantilla, afición y el club, admitiendo que no ha podido pegar ojo.

Fue la apuesta de Klopp y le ha salido rana. El técnico del Liverpool, gran especialista en perder finales, tampoco es que tuviese mucho donde elegir, porque ni Karius ni Mignolet son parte de la élite europea. Todos los porteros de cierto nivel europeo sonrieron un poco al ver el 'show' del portero alemán en Kiev, todo el mundo sabe ahora que los 'reds' necesitan un portero. Es duro, pero el fútbol a veces es así.

¿Qué hizo Karius? Dos errores obscenos, porque también tuvo alguna parada de nivel, pero no compensan el circo que montó en el primer y tercer gol del Real Madrid. El que abrió el marcador, de Benzema, fue la típica jugada de despiste, similar en el concepto a aquel mítico error de Toni Jiménez que aprovechó Tamudo en una final de Copa del Rey. Los entrenadores se desgañitan hablando de la concentración, de lo importante que es salir enchufado en una final así, que cualquier mínima falta de atención puede hacerte perder todas las ilusiones... pero los errores siguen pasando.

Karius no se dio cuenta de que tenía Benzema a poca distancia. Consideró que podía sacar con la mano, blando y por el centro del área sin que nada pasase. Se confío contra el equipo más experto del mundo en estas situaciones. Y lo pagó, claro, porque ante un equipo así los errores se pagan con crudeza. El rubísimo portero se quedó contrariado, acababa de poner a su equipo en una posición difícilisima, por detrás del rey de Europa en el marcador. Solo pudo respirar un poco cuando su compañero Mané marcó el gol del Liverpool. Nadie se acordaría de su error si su equipo ganaba. No pasó.

Las manos de mantequilla

Poco pudo hacer en el golazo de Bale, claro, porque los goles así se aplauden y se aceptan, poco más. La chilena del galés es ya historia del fútbol y Karius solo pudo verla como un espectador privilegiado. Lo peor estaba por llegar, Karius, jugador que ha pasado por todas las categorías inferiores de la selección alemana, estaba a punto de redondear su catastrófica velada.

El segundo gol de Bale se le puede dar al alimón al galés y al guardameta. Porque tanto hizo uno como el otro para que ese balón marcase un tanto. El tiro del madridista, a media altura, fuerte pero no animoso, un disparo de esos que un portero profesional tiene que detener siempre, sin excepción. Eso dice la teoría, por lo menos. El caso es que Karius no lo entendió igual, fue incapaz de alinear las manas y parar ese balón, que se le escurrió por los guantes con destino a la portería. Un póster de ese tanto es la imagen de la ignominia del arquero.

Pensar que el resto de su carrera tendrá este día como un punto de inflexión no es aventurado. Las lágrimas de después del partido fueron desconsoladas, porque nadie puede esconderle lo evidente, que en un día así hay vidas deportivas que se van al traste. Más curioso es que sus compañeros pareciesen desconectados de su desdicha, solo algunos miembros del cuerpo técnico consideraron que era necesario ir a darle ánimos. Igual tiene suerte y el humor inglés no llega a los calentones de los argentinos con los suyos. Lo que es evidente es que necesitará tiempo para superar esto.

La semifinal contra la Roma

¿Quién es Karius? Un alemán de clase media-alta cuyo padre compitió en motocross antes de que una lesión le apartase de las pistas. A su abuelo, a diferencia de a su progenitor, le gustaba tanto el fútbol que empezó a llevar al niño a entrenar. Y resultó que valía como portero, tanto que el Manchester City, en su loca búsqueda de jugadores para la cantera por Europa, le llegó a tener en sus categorías inferiores. No cuajó, volvió a Alemania, se hizo un nombre en el Mainz. El año pasado Klopp le pidió que se uniese a su equipo.

Y en Inglaterra, luces y sombras. No es que estén demasiado acostumbrados en las Islas a ver grandes porteros, durante buena parte de la historia del país ha sido una de sus grandes carencias. Karius se ha entregado a esa tradición hasta convertirse en carne de meme. Ya había dado algunas señales antes, en semifinales contra la Roma encajó seis goles, que no son pocos para una eliminatoria. En varios partidos más se ha demostrado dubitativo. Había síntomas, claro, pero pocos esperaban una final así. De las peores que se recuerdan, que son exactamente las que se recuerdan para toda la vida.

Karius, para muchos un completo desconocido hasta esta noche, ha entrado en la historia del fútbol por la puerta falsa. Sus lágrimas son el dolor más esencial, el que tienen los que han fallado, los que pudieron hacer más y erraron. Son lágrimas de portero, pues los guardametas tienen que convivir con eso, cuando se gana son los goleadores, cuando se pierde bien puede ser por una equivocación propia. Le quedan meses por delante para reflexionar.

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