es su cuarta champions league

Benzema dejó de ser un 'gato' para convertirse en el pillo que nunca fue

Karim Benzema marcó el primer gol de la final de Champions en Kiev aprovechándose de un fallo del portero Karius. En su momento Mourinho le retrató como un delantero algo atolondrado

Foto: Benzema celebra su gol. (Reuters)
Benzema celebra su gol. (Reuters)

Quién le iba a decir a Benzema que pasaría a la historia de la Champions como un jugador despierto, casi como un ratón de área. Todo lo contrario que el gato del que un día habló Mourinho, que pedía más fiereza a su delantero centro. Pasaba por un ariete extraño, de los que son más felices creando fútbol que rematando, algo atolondrado a veces, como si no fuese capaz nunca de adelantarse a los acontecimientos. En Kiev demostró que eso no es cierto.

Esta Champions no ha tenido ese guion, es más, ha cambiado tanto la película que ha sido capaz de marcar dos goles trascendentales como si fuese un pillo de barrio, entendiendo que el rival puede fallar y que hay que estar ahí para acertarlo. Karius, una calamidad en la portería, no se dio cuenta en un saque con la mano de que el delantero francés andaba por allí rondando. Pensó que estaba solo, pero no era así. Benzema extendió la pierna, sacó un poco la puntera y puso el pie con la suficiente fuerza para que el balón rebotase y entrase en la portería llorando.

Era el primer gol de un francés desde el año 2002. El antecesor en esa estirpe es, ni más ni menos, que Zinedine Zidane. En sí mismo protagonista de esta historia. Karim Benzema jugó esta final de Champions como tantos otros partidos esta temporada, en contra de una buena parte de la afición blanca que no llega a entender de todo a su delantero y su continuidad en el once titular. Muchos dudaron, sus números no fueron ni mucho menos los adecuados, pero su técnico no ha dejado de confiar en él.

No es solo este gol de pillo en la final, es que también en semifinales se encontró el mejor Benzema. Y el más pillo, pues también en el partido de semifinales se aprovechó de la novatada del portero, en aquel momento Ulreich. En aquel momento fue una dejada absurda que el meta, inexplicablemente, fue incapaz de atrapar y que el único que vio que fallaba era el propio Benzema.

Su cuarta Champions

Estos goles reivindican a un jugador y a su técnico, pero no son la esencia del jugador. El principal motivo por el que el delantero francés juega siempre no tiene tanto que ver con su producción goleadora, siendo importante, como con su juego y su capacidad de auxiliar a sus compañeros hasta hacer del Real Madrid uno de los mejores ataques del mundo. Las cuarto Champions ganadas en cinco años tienen otros nombres más llamativos, como Cristiano o Ramos, pero también cuentan con la aportación necesaria, casi definitiva, de Karim Benzema.

La prueba está en todo el partido, desde el primer minuto, uno de los mejores de la temporada del galo. Cuando el Liverpool dominaba, antes de la lesión de Salah, Benzema era de los pocos que no se amedrentaban, que cogía el balón y lo cogía con criterio, dándole un poco de oxígeno a un equipo algo atenazado. En todo el partido demostró criterio y calma, la experiencia de saber jugar este tipo de partidos. Ese poso lo ha ido cogiendo vestido de blanco, pues él sabe desde hace tiempo que no hay nada que pueda hacer para volver con la selección francesa.

Benzema tiene media sonrisa en la boca, nunca ha sido el más cercano ni el más expresivo, pero sus entrenadores más pronto que tarde terminan confiando en él. Zidane se ha partido la cara por su jugador, le ha dado siempre la titularidad y no ha dudado nunca de la valía de un jugador siempre algo frío. Él, en esta recta final de Champions, lo ha pagado con nota. Su primer gol, de pillo, es también mucho Benzema.

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