su mejor final con el real madrid

Cristiano da otro paso a los 32 años: ahora también decide finales de Champions

Marcó dos goles en Cardiff, que se suman a sus exhibiciones en las semis contra el Atlético y en los cuartos contra el Bayern. Recordó al mundo que es uno de los mejores goleadores de siempre

Foto: Ilustración: Raúl Arias
Ilustración: Raúl Arias

Sí, Cristiano es ahora mismo un rematador más que cualquier otra cosa. Pero no, no es solo eso, porque dejarlo ahí es decir que es un jugador como los demás. Porque rematadores hay muchos, algunos muy buenos, y en otro nivel está Cristiano Ronaldo. Lo suyo no es natural, cuando ha decidido centrarse en el gol, solo en el gol, se ha convertido en el mejor goleador que se puede desear. Y si alguien lo duda solo tiene que repasar lo que ha logrado en esta Champions League.

Los datos son cristalinos, en los últimos cinco partidos de la mayor competición de clubes que existe ha marcado diez goles. Suficientes para dejar por el camino al Bayern, al Atlético de Madrid y, finalmente, a la Juventus. O, lo que es lo mismo, ha sido el ariete que ha conseguido subyugar a los más grandes equipos de Europa. Porque este año no hay dudas, el cuadro no era el más favorable pero estaba Cristiano Ronaldo y partiendo de esa base se explica todo lo demás.

En las últimas semanas se ha dedicado a decir que esta temporada se ha dosificado más y que eso, más que nada, es lo que le ha llevado a un final de temporada digno de uno de los mejores jugadores de todos los tiempos. Es cierto, en las dos Champions anteriores ganadas en el Madrid –tiene una más con el United–, las que su equipo le ganó al Atlético, él jugó y marcó, pero no brilló. En Lisboa hizo el cuarto, con todo el pescado vendido; en Milán el último penalti después de un partido en el que estuvo muy gris. Ninguna de las dos finales era la de Cristiano y, por extensión, esas copas de Europa no llevaban su firma. Había sido importante, pero no se le podía señalar como la clave.

Su imposible hambre le llevaba a estar exausto en mayo. Se le pueden dar tantas vueltas como se quiera, pero hay un hecho objetivo que a veces se olvida: Cristiano Ronaldo es un ser humano. Así que se pasaba los años enteros jugando todos los partidos, sin ahorrarse una sola carrera en toda la temporada y, al llegar la final de la Champions, era solo un jugador más. No está mal, daba el nivel, pero en los tipos como él se busca un poco más.

Las circunstancias cambiaron el pasado verano. Una lesión de tobillo le sacó de la final de la Eurocopa –torneo del que también saldría victorioso– y eso le obligó a recomponer sus ideas sobre la temporada. Le costó volver, el Cristiano de los primeros meses de este año es un jugador menor, enrabietado, incapaz de encontrar su nivel óptimo. Él era el primer frustrado, y no había que preguntar mucho para verlo, el luso es un tipo muy expresivo. Exasperante para el aficionado a veces.

Pero, cuando se habla de los que son muy grandes, los malos momentos son solo el prólogo de lo que está por venir. Cristiano siguió trabajando, porque nadie le negaría nunca que es un estajanovista del fútbol. De los que se obsesiona, va al gimnasio y no se guarda una sola carrera. El dolor del verano y ese inicio de temporada entre dudas le hizo ver las cosas de otra manera. Era el momento de cambiar algunas cosas para volver a ser Cristiano. O para tener una versión diferente pero igualmente válida y rentable para su equipo.

El consejo de Zidane

Ahí entró Zidane, ese señor de media sonrisa, algo tímido, callado y a quien todos respetan como si fuese un tótem, probablemente porque lo es. Crtistiano le escucha, porque habla su idioma, el de los más grandes, los que saben lo que es la soledad del ídolo. Esta semana Zidane decía que, de haber jugado juntos, la estrella hubiese sido el luso, porque tiene el gol. El caso es que nunca se dio ese cruce en el campo, pero si en el mismo club. El francés le cogió por banda y le hizo entender dos cosas, ambas claves para este fin de temporada. La primera es que con menos minutos de juego se iba a ver más a Cristiano. Es más, se iba a ver un mejor Cristiano. "He hecho un final de temporada espectacular, me preparé para esto. Fue una buena opción de parte de mi entrenador descansar y estoy muy contento", reconocía la estrella del Madrid al terminar la final de Champions.

La segunda necesidad era evidente desde tiempo antes, pero se acuciaba aún más con lo sucedido en el verano. Ya no está Cristiano para cabalgar la banda, ni para regatear jugadores. Él, un hombre de ambición desmedida, hubiese preferido seguir siendo eternamente un veinteañero con potencia y desborde, pero la naturaleza obliga y ese futbolista ya no existe, se fundió con el paso de los kilómetros y los accidentes. Con esa ausencia, la de la explosividad que tuvo pero ya no está, quedaba mucha tela por cortar.

Porque el luso es también, y eso no ha cambiado, uno de los más grandes rematadores que ha visto el fútbol. Nunca jamás pierde la referencia de la portería y es capaz de concluir las jugadas con la izquierda, la derecha o la cabeza siempre con enorme efectividad. En Cardiff marcó dos goles de área, uno tras una contra, tras pase de Carvajal, en un remate soberbio. Fue el primero, el que abría la lata, y eso también es importante.

Cuando llegó a Madrid los odiadores, que siempre han existido cuando de Cristiano se trata, decían que no marcaba goles importantes. Sí, un buen jugador, un gran goleador, pero no aparece cuando hay que aparecer. La teoría se ha refutado tantas veces que esos comentarios quedan más para el terreno de la anécdota y el buen humor. El 7 del Madrid no solo marca mucho, también lo hace cuando más cuenta. CR7, que por personalidad es así, no quiso olvidarse de sus críticos después de su cuarta Champions: "Van a tener que meter la guitarra en el saco otra vez".

La eterna comparación con Messi

Hay una cuestión más que es muy meritoria en Cristiano Ronaldo y no tiene tanto que ver con él como con su relación con su mayor rival. Messi será condecorado como uno de los tres o cuatro mejores jugadores de todos los tiempos. Tiene ese estatus de leyenda al que el luso, por unas pulgadas, igual no llega. Quizá por la magia, el público valora más el talento natural que el trabajo. Ahora bien, eso no le quita nada de mérito, al contrario, le pone en un nivel en el que solo está él en todos los tiempos.

Porque cuando jugaba Di Stéfano nadie osaba a dudar de su trono. Tampoco de Pelé, de Cruyff o de Maradona. A ningún jugador se le hubiese ocurrido desafiar constantemente lo evidente, la primacía de talentos tan excelsos que casi son imposibles. Pues bien, Cristiano Ronaldo lo ha hecho, quizá porque nadie le puede igualar en hambre. Esta semana, en unas palabras que tardaron centésimas de segundo en malinterpretarse, decía que no había que ser muy humilde. Esa característica, la falta de humildad, ayuda a entender su carrera.

En la cabeza de Cristiano Ronaldo no cabe la posibilidad de que haya uno mejor que él. Simplemente no es una opción. Así que él, por más que le dijeran que había un argentino con más clase, simplemente obvió todos los comentarios y se dedicó a mejorar y a mejorar y a mejorar. Se ha plantado con 32 años en una de sus mejores temporadas. Los datos de esta Champions, que se exponen al principio de este artículo, son de vértigo. Porque esos números le colocan entre los privilegiados, entre los más grandes de siempre.

En buena lógica, cuando termine el año ganará su quinto Balón de Oro. Tantos como Messi, que parecía intocable hace un tiempo. Porque, además, el argentino es un par de años menor. Pero que el tiempo pase no es algo que le cambie las ideas a Cristiano. Él, cuando termine la resaca de esta duodécima, se levantará cada mañana pensando en cómo ganar la siguiente, cómo terminar siendo el mejor jugador del mundo. El Real Madrid ha disfrutado con él de uno de los más grandes. Cristiano, la leyenda del que siempre tenía hambre.

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