SOLO SE SALVARON LOS JÓVENES ANSU Y PUIG

El Barça sobrevive, pero no puede culpar al VAR de su birria de fútbol (1-0)

Setién y los jugadores se están librando de buenas broncas de la grada gracias al coronavirus

Foto: Rakitic, en la acción del gol. (EFE)
Rakitic, en la acción del gol. (EFE)

Un gol de Rakitic a falta de 20 minutos para que se terminara el partido en una jugada embarullada dio la victoria al Barça ante el Athletic en el Camp Nou. Fin. Hasta aquí las buenas noticias para la parroquia azulgrana. Los tres puntos no pueden hacer olvidar la birria de partido del equipo de Setién y las sensaciones de derribo, de penumbra, de absoluta mediocridad, que transmiten. Señalar a los árbitros y al VAR como hizo Piqué tras el empate en Sevilla con la boca pequeña ya no cuela, si es que alguna vez coló, afirmar como hizo el técnico en la previa que no hay ningún problema futbolístico suena a broma de mal gusto, después de lo visto. El Barcelona sobrevive en LaLiga a duras penas y a trompicones. Esto es lo que hay.

Lo que no hay es ritmo, ni gracia, ni pasión, ni chispa, ni entusiasmo, ni juego vertical, ni remates, ni piernas, ni ideas, ni inspiración, ni la magia de Messi. Un fútbol insípido, cansino, predecible lo empañó todo frente a un Athletic sin Capa, sin Yuri, sin Iñigo, sin Raúl García y Muniain de entrada. Garitano decidió que el Camp Nou era un buen momento para dar descanso a los titulares y ni así el Barça fue capaz ya no de dominar, sino de parecer que de verdad creía en lo que estaba haciendo. Un disparo de Luis Suárez fue todo el balance ofensivo en una primera parte que terminó con Messi dándole la tabarra al árbitro Gil Manzano hasta el túnel de vestuarios vaya usted a saber por qué. Quizá para recordarle que hoy cumplía 33 años. La viva imagen de la frustración, eso es lo que transmitió.

Señales de vida con Puig y Ansu Fati

Igual que la imagen de Setién fue la de parecer ausente en la primera pausa de hidratación en el 29’. Mientras los jugadores del Athletic escuchaban a Garitano, el técnico asistió como espectador acompañado de su ayudante Eder Sarabia a una conversación entre Semedo y Arturo Vidal. No dijo ni pío. Ni una sola instrucción. Las críticas por la parálisis en Sevilla, eso sí, sirvieron para que en el 56’ hiciera el primer cambio, el de Arthur (que está con un pie fuera porque están locos por venderle y sigue sin dar motivos para lo contrario) por Riqui Puig y ocho minutos más tarde Rakitic y Ansu Fati entraron por Busquets y un Griezmann que continúa siendo absolutamente intrascendente en el juego. A favor del francés se puede decir que Luis Suárez apenas olió tampoco la pelota, acaba de salir de una lesión y se le nota muchísimo, pero tiene unos galones, está un escalón por encima y punto. Y así le pasa a Ansu Fati, que debe esperar el turno hasta que le llegue a pesar de estar demostrando que está mejor que ambos.

A los 13 segundos de estar sobre el césped el canterano cabeceó un córner fuera por poco. Ya era algo. Señales de vida, una esperanza. El gol de Rakitic en el 71’, al que también llevan tiempo queriendo vender, lanzó un salvavidas a un equipo frustrado en el que hay múltiples síntomas de desintegración y ni aun así el Barça fue capaz de templarse y ordenarse. Incluso se echó atrás temeroso de perder lo que tanto le había costado conseguir. El desgobierno es inmenso y ni la ilusión, la rebelión de los jóvenes Riqui Puig y Ansu Fati puede tapar el cráter.

El Barcelona perdió el liderato porque no fue capaz de ganar en Sevilla y apenas remató a puerta. Las insinuaciones de Piqué, la huida hacia adelante de Setién cada vez con más pinta de agobiado, el juego infame frente al Athletic solo tienen dos lecturas positivas. La primera es la victoria. La segunda es que no hay público en el estadio, porque se están librando todos, directiva, entrenador, jugadores, de una buena bronca.

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