el despido de quien lo ascendió a segunda

Fuera de casa: una historia de desleales y desagradecidos en el Fuenlabrada

El Fuenlabrada es un equipo que lleva un año y medio ganando: desde septiembre de 2018 en 2ªB hasta este mes de enero, cuando todavía disfrutaba de estar codeándose con los de arriba

Foto: Mere Hermoso, exentrenador del Fuenlabrada.
Mere Hermoso, exentrenador del Fuenlabrada.

Era martes y la radio me sorprendió cuando escuché: “El Fuenlabrada ha despedido a Mere Hermoso y ha fichado a José Ramón Sandoval como nuevo técnico”. Lo primero, claro, porque mi amigo y compañero Carlos Matallanas es el asistente/analista de Mere y sabía que aunque el Fuenla le hubiera hecho una oferta para continuar, Carlos se iría con Mere por lealtad (como argumento inicial); lo segundo, porque el equipo recién ascendido todavía no había pisado los puestos de descenso. A cuatro puntos y eso que estaba atravesando la peor racha en año y medio: trece partidos sin ganar -entre ellos ocho empates-. No me encajaba.

El Fuenlabrada es un equipo que lleva un año y medio ganando: desde septiembre de 2018 en 2ªB hasta este mes de enero, cuando todavía disfrutaba de estar codeándose con los gallitos de Segunda. Jugar a un nivel físico y mental tan alto es extraño, poco habitual. Lo lógico es que su actual racha hubiera tenido lugar antes o entremezclada a lo largo del año. No obstante, los ocho empates (de esos trece choques sin ganar) hablan muy bien de que el bloque sigue ahí. Que la victoria parece cuestión de tiempo, de paciencia.

Pero eso, el tiempo, dirá si la nueva dirección que ha tomado el Fuenla es la correcta o no, al menos en cuanto a resultados se refiere porque en cuanto al poso de valores que ha dejado esta decisión no hay vuelta atrás ni podrán ser borrados. Cada uno que juzgue: “Ha sido un acto de desagradecidos y desleales. Tener miedo a descender cuando se preside al club de menos presupuesto de los 22 significa no estar a la altura del cargo. No pasa nada, es joven y aprenderá de estos errores. Porque ahora el equipo se puede salvar o descender, pero lo que ya es un descenso a regional en términos éticos es la decisión tomada”. Carlos da sus argumentos en una columna en el ‘As’ explicando por qué considera un error el despido de Mere.

A Carlos Matallanas, la dirección deportiva del Fuenlabrada le ofreció la oportunidad de continuar con su labor. O era un ‘paripé’ o no conocían bien a su analista… Si Carlos tiene un pacto verbal con Mere no existe ninguna cláusula que pueda romper ese vínculo salvo un diálogo consensuado previo o algo que no signifique un repentino hasta luego. Vamos, lo que viene siendo un vínculo de lealtad. A partir de ahora quizás cada uno escoja un camino diferente, eso ya se verá porque ofertas no faltarán tanto por resultados como por ética profesional.

Cada vez se exige más el cómo

Carlos titula su texto en el ‘As’ como “Una historia de fútbol” porque esta escena se ve cada temporada en España, aunque no por ello está justificado: “La gente del fútbol estamos acostumbrados a estas decisiones. Pero, al igual que pasa con la violencia, el machismo, la homofobia o la corrupción, yo me niego a mirar hacia otro lado y darlas por aceptables dentro del fútbol”. Hay quien no mide el qué se logra sino el cómo se logra, y este último es el mensaje que llega profundo y cala en una persona (las empresas saben lo difícil que es crear un sentimiento de pertenencia a un cliente, algo que un club deportivo tiene más sencillo si respeta y defiende sus principios por encima de un resultado).

Para un amante de las historias deportivas y los romances alrededor de una pelota, de quien desde pequeño alimenta el mito de un atleta o de quien ve que la pasión es lo que mueve esta noria del fútbol, este capítulo en el Fuenlabrada no encaja con su mentalidad. Y no es una pataleta por un despido puntual, sino una historia que en contexto -el de un recién ascendido que está cuatro puntos por encima del descenso- no se entiende desde este punto de vista. Sí se entiende desde una respetable mirada fabril (e irremediablemente cortoplacista).

Al Real Madrid se le señala cuando tiene algún gesto que no está a la altura que se le presupone su escudo, al Barcelona se le mira con lupa si se guía escrupulosamente sus ‘valors’, incluso a pequeños como el Rayo Vallecano se le recuerda (a sus propietarios) continuamente de dónde viene y dónde está. El genuino José Ramón Sandoval sabe por qué equipo ha fichado y lo primero que señaló al ser contratado es que era consciente de que llegaba a una “familia”. Y esa es justo la explicación que alguien ajeno al club veía en este ‘milagro’ del Fuenlabrada: que se trataba de una sólida familia. Por eso ahora choca que a uno de sus miembros, a Mere, se le haya echado de casa sin avisar, sin haber suspendido ningún examen y sin tener una mala conducta. Y por ello Carlos Matallanas ha cogido su ordenador y se ha ido con él.

La sociedad busca valores en el deporte a los que agarrarse y el Fuenla se había labrado los que se desprenden y asocian a una gran familia unida. No quiere decir que el club los haya perdido, pero sí han quedado vacíos y huecos para quien maneja las riendas.

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