pieza clave del sevilla

La vida monacal de Éver Banega en Sevilla (aquel genio excéntrico y viva la fiesta)

Banega, que finaliza contrato en junio de 2020, ha saludado con una sonrisa la vuelta de Monchi y ha dado órdenes a sus agentes para renovar su contrato tres años más

Foto: Éver Banega es uno de los capitanes del Sevilla. (Reuters)
Éver Banega es uno de los capitanes del Sevilla. (Reuters)

Como un gato al que le hubieran pisado el rabo, Éver Banega (Rosario, 1988) se dirigió el domingo pasado al árbitro cuando observó que Wöber, su compañero del Sevilla, se retorcía de dolor (con el menisco roto) y el colegiado ni siquiera había pitado falta. Después de rosarino y leproso (así llaman a los seguidores de Newell's), Banega se siente sevillista y sevillano. El fútbol es una suma de sentimientos y el '10' del Sevilla tiene para escribir un libro del asunto. De aquel joven genio, atribulado, excéntrico y viva la virgen que conocieron en Valencia no queda ni rastro.

Éver no sabe si es diestro o zurdo porque dispara y maneja con habilidad ambas piernas. Por ese diamante pagó el Valencia a Boca Júniors 18 millones de euros de hace más de una década. De vivir con alguna apretura a sentir que sus bolsillos casi le estallaban de dinero; de viajar en colectivo a conducir un Mercedes; de sentir los rayos del sol a la lujuria cósmica de una noche insana y de cartón; del millón de amigos falsos a una realidad tan dolorosa como frustrante. Todo eso lo vivió Éver Banega en Valencia, con un estúpido accidente que a punto estuvo de arruinar su carrera, además de una serie de decisiones inmaduras que dejaron su autoestima bajo mínimos. En medio de este chaparrón aparecieron Monchi y el Sevilla y el corazón de Banega volvió a bombear fútbol y vida.

De salir por la gatera de Mestalla a aterrizar en vuelo privado a Sevilla y penetrar con la timidez de un novato en el corazón de los sevillistas.

La actual es la quinta temporada den Banega en el Sevilla. (Reuters)
La actual es la quinta temporada den Banega en el Sevilla. (Reuters)

Ever Banega y su novia de siempre

Su esposa, Valeria Juan, su novia de siempre en Rosario, vivió con Banega la dolorosa ascensión al Gólgota de las calamidades y fue la que siempre estuvo ahí, con la palabra justa y la sonrisa necesaria. Éver tuvo que cambiar muchos hábitos para su nueva vida de futbolista en mayúsculas. Se dejó llevar por los consejos del nutricionista, se alineó en la acera contraria a los que beben alcohol y volvió a ver el día con el sol resplandeciente que ofrece Sevilla desde su espectacular chalé en el barrio de Santa Clara, mirando a la vega de Carmona, a 15 minutos de la ciudad deportiva y a cinco del estadio.

No sale mucho de su espacio familiar, donde tiene casi de todo, un amplio jardín y un quinche o parrilla para asados, donde invita a sus amigos y compañeros de equipo. Acaso se desplaza para comer al Calafate, de su amigo Octavio, como fiel herencia de su compañero y hermano Nico Pareja, hoy en el Atlas mexicano. Banega (íntimo de Leo Messi, paisano y también leproso) es uno de los capitanes del Sevilla, junto con su compatriota Mercado, Carriço, Escudero y, por supuesto, el incombustible Jesús Navas, el virrey del vestuario sevillista, un lugar variopinto donde se mezcla el humor en garrafas de cien litros y compañerismo a prueba de nacionalidades.

Banega es el tercer jugador más utilizado en el Sevilla esta temporada. (EFE)
Banega es el tercer jugador más utilizado en el Sevilla esta temporada. (EFE)

En Nervión, como pez en el agua

En Nervión, Éver Banega se siente como pez en el agua. En el Sevilla ha ganado dos Europa League y su fútbol se ha metido en el corazón de la gente. Con más de 3.500 minutos acumulados, es el tercer futbolista del plantel sevillista que más ha jugado en la presente temporada.

Banega, que finaliza contrato en junio de 2020, ha saludado con una sonrisa la vuelta de Monchi a la dirección deportiva del club. El argentino, que despidió a Marcelo Simonian, su representante de siempre, le ha dicho a sus nuevos agentes (Dodici) que lleguen a un acuerdo para ampliar su contrato por tres años más como mínimo, porque cuando finalice el rosarino quiere montarse en el último tren de su carrera deportiva luciendo la camiseta de Newell's Olds Boys, cuyo escudo lleva tatuado en su pantorrilla derecha, con una leyenda muy gráfica: "Solo Dios me entiende". Y, puestos, también los sevillistas.

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