el atlético le gana una final vibrante al madrid

Diego Costa, cholismo en esencia para comerse la Supercopa de Europa

Diego Costa marcó el primero, el segundo, peleó el tercero y dio el cuarto. Su manera de entender el fútbol es el relato exacto que Simeone tiene pensado para un delantero de su batallador equipo

Foto:

En la ficcionada decisión de Antoine Griezmann, ese 'docu-reality' que trataba de explicar por qué un jugador como él se quedaba en el Atlético de Madrid, el delantero francés enfatizaba la necesidad de que el equipo fuese ambicioso. Era el argumento central de la pieza, contar que para que la estrella se mantuviese vestida de rojiblanco, se requería de refuerzos de nivel para que sus ambiciones colectivas fuesen parejas a las personales, que es de esperar que sean altas en una estrella de su nivel.

Se hablaba mucho de fichajes, y los fichajes llegaron, aunque lo más importante del proyecto lo contaba estos días Simeone: mantener las piezas clave. Porque Griezmann hablaba de hacer crecer un proyecto que ya es de por sí grande. Y que, además, ha cambiado la tradición reciente del Atlético de Madrid, antes un club vendedor, incapaz de entrar dos años seguidos en Champions, ahora un grande de Europa. Dice el Cholo que ahora el entrenador no quiere marcharse, que la estrella, por más zalamero que fuese, también ha pensado que mejor de rojiblanco y que Diego Costa, en su exilio, solo quería volver.

Diego Costa, qué jugador. La pasada temporada el Atlético se la pegó en la fase de grupos de la Champions, incapaz de sobreponerse al Qarabag, un equipo minúsculo que se les subió a las barbas. Es difícil pensar que eso mismo hubiese sido posible con Costa en el campo, y esto es una cuestión de fe. El hispanobrasileño estaba entrenándose con el equipo, pero la sanción de la FIFA al club por contratar menores le mantenía fuera del campo. Y lo notó el equipo, claro que lo notó.

Porque hubo otros antes y después, algunos de ellos muy buenos como Agüero o Falcao, pero ninguno comprendía las necesidades del club, y especialmente de su técnico, como Diego Costa. No es el jugador más técnico del universo, eso se le nota a veces en la Selección, pero su derroche de energía, sus ganas incesantes, no tienen igual en el mundo del fútbol. Él es quien, con su esfuerzo, sacó petróleo de una jugada en el minuto 1. Se dio cuenta de que los centrales del Real Madrid no habían vuelto de vacaciones y, en su línea personal de actuación, entró con todo. Se escoró, sí, pero tampoco le faltan recursos para rematar, así que se sacó un sensacional derechazo pegado al palo corto con el que Keylor no supo o no pudo hacer mucho más.

Su relación con Ramos

Entre el primer gol, muy al principio, y el segundo gol, casi al final, Diego Costa hizo exactamente lo que se espera de él. Que importa poco que sea agosto que marzo, él no va a dejar de tirar desmarques y de buscarle las cosquillas a los centrales. Cerca estuvo de sacarle la expulsión a Sergio Ramos, que le tiró un codazo que, sin VAR, quedó en la nada. También es cierto que los dos son como Fred Astaire y Ginger Rogers, que si un pasito adelante, otro atrás, cuerpeamos, nos miramos, nos hablamos, nos pegamos, otra vuelta, otro pasito, otra carantoña, otro golpecito... un clásico del fútbol español.

Su continuidad estaba cerrada cuando Griezmann deshojaba la margarita mientras jugaba a los videojuegos, pero de no haber sido así el francés se hubiese pasado todo el metraje, para más gloria propia, preguntando por su amigo Costa, ese delantero que es tan solidario que se apunta los moratones que le tocarían al resto de los jugadores de su equipo. El francés, campeón del mundo, no estuvo muy brillante en Tallin. Más bien al contrario. Ya cambiará, el talento está ahí, necesita unas buenas tardes con el 'profe' Ortega para recuperar el oxígeno.

Pero esa transición, que la pasada temporada fue traumática hasta que el Principito recuperó el resuello, este año será más sencilla. Porque en el minuto 99 de partido, como ocurrió en Estonia, el delantero centro titular puede estar cansado, pero en él eso no es suficiente para no ir a intentar robar un balón. Se lo quitó a la durmiente defensa del Real Madrid, abrió su izquierda y el balón terminó en un gol sensacional de Saúl, otro que no sabe meter goles normales. También la fe suficiente para chocar con Carvajal unos minutos más tarde y abrir el camino del cuarto gol. Y así está Diego Costa, una vida entera molestando a los defensas del Madrid.

El aprendizaje del Cholo

En la lista de deseos de Griezmann, en ese documental en el que no se hablaba de dinero, como en las mesas de alta alcurnia, había la petición de que hubiese fichajes. También el francés sabía que Koke y Saúl, emblemas del equipo, renovaron tiempo antes. Es cierto también que, en el invierno pasado, el Atlético llevó a cabo una serie de ventas curiosa. Se necesitaba más gente y nunca sabremos si estaba ya en la cabeza de los dirigentes atléticos o, realmente, fue cosa del empuje de Griezmann lo que les llevó al mercado.

Allí pagaron una morterada por Lemar, se aprovecharon de las vergüenzas portuguesas para llevarse a Gelson e hicieron una adquisición que puede ser histórica con la llegada de Rodri, un mediocentro joven que lo tiene todo para ser clave en los equipos que juegue. No está de más, en todo caso, recordar que el camino no será sencillo ni el aprendizaje fácil. Es una cuestión de memoria, no hay jugador que haya llegado sin más y se haya engarzado en el mundo del Cholo Simeone. Hasta Saúl y Koke, que hoy parecen forjados en el yunque del mono Burgos, tuvieron su proceso de adaptación. Lo más probable es que los nuevos también pasen por esa fase, pues siempre ocurre.

Bueno, casi siempre. Cuando volvió Diego Costa no necesitó ni diez minutos para meterse en harina. Es cierto que lo suyo no era una novedad, pues estaba de vuelta, pero a Diego, en las mismas no le sirvió. La clave, en su caso, es que vive el cholismo, es parte de su esencia, no necesita pensar o vivir como pide Simeone, pues le sale con la naturalidad del niño que llora cuando tiene hambre.

El sueño de Griezmann se ha cumplido, el equipo de hoy es mejor que el del pasado y soñar con títulos, llámenlo Liga o la obsesión de la Champions, no es descaro, es realidad. El mundo no ha cambiado lo suficiente para que Simeone reconozca esto, por supuesto. Como tampoco cambiará las esencias de su juego, el Atlético nunca se relajará y basará su mundo en una intensidad alta, mucho más que en una querencia por el balón. Podría ser más bonito, pero no se puede reprochar a nadie ser coherente con su historia. Sobre todo si esta es una de éxito.

Fútbol

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
30 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios