sus tres victorias clave de la triple corona

El hombre que persigue Fernando Alonso

Cuando Alonso retorne a Indianápolis para buscar la Triple Corona, Graham Hill volverá a ser la referencia. Sus victorias demuestran la enorme dificultad de conseguirla

Foto: Jochen Rindt y Graham Hill (d) conversando.
Jochen Rindt y Graham Hill (d) conversando.

Murió hace cuarenta y tres años, pero Graham Hill estará más presente que nunca según se acerque Fernando Alonso a las próximas 500 Millas de Indianápolis. El carismático y polifacético piloto británico es la referencia si de la Triple Corona se trata como único ganador de la carrera americana, las 24 Horas de Le Mans y el Gran Premio de Mónaco. A por él que va el asturiano, previo paso por las 24 Horas de Daytona (que Hill no tiene en su palmarés).

Desde Hill en los setenta muy pocos han aspirado a ella debido a la especialización del automovilismo de estas últimas décadas. Solo Juan Pablo Montoya o el español pueden lograr la Triple Corona de entre quienes hayan participado recientemente en las 500 Millas o Le Mans. Con opciones inmediatas, solo Alonso. Pero no resulta fácil igualar a una leyenda. Por algo será.

Su personalidad y carisma trascendían su condición de piloto de Fórmula 1 a lo largo de su dilatadísima trayectoria de dieciocho años, uno más que el piloto español. Hill también alternaba con las carreras de resistencia y corrió en Indianápolis en tres ocasiones. Como el español, Hill logró dos títulos en la Fórmula 1. En la recta final de su carrera, Alonso ha recuperado la polivalencia propia de aquellas décadas. Qué tiempos aquellos, cuando el único poseedor de la Triple Corona sacaba su carnet de conducir a los 24 años...

"¿Querrá correr riesgos?"

“Me quedé muy sorprendido cuando me dijeron que pilotaría con Grahan Hill. Al principio dije que no, que no quería”. Henry Pescarolo, uno de los pilotos más legendarios del mundo de la resistencia, no quería saber nada de ese veterano de la Fórmula 1. “¿Qué pasa si llueve por la noche o hay niebla de madrugada, estará preparado para correr riesgos?”. Hill ya contaba con 43 años en aquella edición de Le Mans en 1972, mientras que Pescarolo era uno de los jóvenes leones de la época.

Hill puso de relieve uno de los rasgos que distinguía al elegante británico. “En poco tiempo se hizo un verdadero amigo. Fue extraño, como si siempre hubiera sido así. Era un tipo fantástico”. Y a pesar de la edad, también descubrió de primera mano que “era increíblemente rápido. Cuando ví sus tiempos por la noche, y en lluvia, (durante la carrera) pensé: “Ok, ahora ya me puedo ir a dormir”.

Hill nunca había ganado la carrera francesa en sus nueve participaciones anteriores. “Comprendió que era su última oportunidad”, explicaba Pescarolo quien reconocía que el veterano supo escuchar sus consejos como un colegial a pesar de su gran prestigio y experiencia. “Era inteligente, con el enfoque adecuado. Los dos estábamos contentos de que el otro fuera rápido. Ganar con él fue algo muy, muy especial”. Hill ganó con un equipo totalmente francés. Fue también la primera victoria de Matra en Le Mans.

Hill, líder sólo diez vueltas

El británico necesitó diez participaciones para ganar en Le Mans mientras que Alonso lo hizo a la primera. Pero el español ya no podrá ganar en su primer intento de las 500 Millas como sí hizo Hill. En aquella época, las diferencias con los monoplazas de las 500 Millas y de la Fórmula 1 eran menores. En aquella edición de 1966 Hill competía contra Jim Clark o Jackie Stewart, aunque sin experiencia en la singular dinámica de esta prueba. Pero aplicó esa particular inteligencia, para empezar, evitando un accidente múltiple tras la salida que eliminó a once monoplazas sin haberse completado un giro. El propio Hill contaba en su biografía que se salvó “girando a un lado y a otro entre ruedas volando, piezas fundidas, trozos de llantas y otros restos. Logré atravesar esta masa de destrucción hasta que la puerta se cerró”.

Se dice que Hill no adelantó a nadie en la carrera, se benefició del abandono de Jackie Stewart, la avería mecánica de Mario Andretti y los trompos de Jim Clark, que terminó segundo. Solo había liderado 10 de las 200 vueltas de carrera. Andretti compitió en las 500 Millas durante tres décadas y solo ganó en una ocasión. Hill acudió a Indianápolis dos veces más, pero ya sin éxito. Le restaban las 24 Horas de Le Mans. Tras ganar en Indianápolis, tardó seis años más en volver a la carrera francesa, que ganó con Pescarolo en aquella su última oportunidad de 1972.

Ganar en Mónaco tras empujar el coche

“Fue una carrera tremenda, y creo que con el Gran Premio de Alemania de 1962 fue una de las mejores carreras de mi vida. Nunca me había sentido así antes, una enorme sensación de paz, serenidad, y plenitud”. Hasta la llegada de Ayrton Senna, Graham Hill era el rey en Mónaco. Pero aquellla victoria en 1965 fue algo especial incluso para un virtuoso de esta pista como el británico.

Cuando lideraba cómodamente la carrera Hill se encontró inesperadamente con un rival cruzado en la chicane que no pudo evitar. Obligado a tomar una escapatoria para no embestirle, hubo de salir de su monoplaza y empujarlo hacia atrás para volver a rodar. Cayó a la quinta posición. Empezó una furiosa remontada en la batía el record de vuelta un giro tras otro. Adelantó a Stewart y alcanzó a los dos Ferrari de Surtees y Bandini, primero y segundo. Hill adelantó a los dos en el mismo punto, la bajada de Mirabeu, un lugar casi imposible. Les había estudiado vuelta a vuelta. Aquel fue su tercer triunfo en Mónaco. También había ganado los dos años anteriores.

“Si el coche empieza a arder no importa, le echamos una patatas y así no desperdiciamos el fuego”. Se dice que la historia es apócrifa, esas palabras que Hill pronunció para desdramatizar cuando intentaba sacar a su íntimo amigo Jackie Stewart de su monoplaza tras del grave accidente sufrido en Spa en 1966, con el escocés atrapado mientras se derramaba gasolina. Lo fuera o no, encajaban en el particular sentido del humor y la personalidad de Hill, todo un 'dandy' de imagen y comportamiento, pero también duro y determinado cuando se terciaba, recuerdo de su juventud como remero. Retirado de la Fórmula 1 en 1975, dos años antes había fundado su propio equipo. Cuando volvía pilotando su avioneta desde Francia sufrió un accidente entre la niebla que puso fin a su vida y la de seis miembros de su equipo con el piloto Toby Brise incluido, una de las mayores promesas del automovilismo del momento. Hoy, la Triple Corona sigue siendo suya.

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