claves del tour de francia 2017

Un maillot y un enemigo en común: todos contra la dictadura de Froome y el Sky

En la Alemania más occidental empieza el Tour de Francia "más difícil" para el actual ganador, que aspira a la cuarta corona bajo el yugo de un favoritismo absoluto y lógico

Foto: Todo lo que no sea una victoria de Froome será una sorpresa. (Reuters)
Todo lo que no sea una victoria de Froome será una sorpresa. (Reuters)

El Tour se parece cada vez más a lo de antes. Hay una buena parte de la opinión pública que sigue el ciclismo que considera más interesantes y disputadas las otras dos grandes que la ronda francesa. El Giro y la Vuelta cada año tienen a un candidato diverso a obtener el rosa o el rojo y hasta la última etapa existe la emoción que crea afición en todos los rincones del planeta hacia este deporte. En Francia, en cambio, la vida está volviendo a empezar, a retrotraernos a esos inicios del siglo XX en los que la única aspiración de decenas de buenísimos (y no muy limpios) corredores era ser segundo por detrás de Armstrong. ¿Quién iba a ser el temerario e inconsciente ciclista que se atreviese a retar al US Postal? Hagámos de nuevo esa pregunta, pero adaptada a nuestros días: ¿quién es el temerario e inconsciente ciclista que se va a atrever a retar al Sky?

Todo lo que no acabe con Froome vestido de amarillo con el Arco del Triunfo de fondo el próximo 23 de julio será una absoluta sorpresa. No se dejen engañar por las cábalas, por las ilusiones de encontrarnos ante, por fin, un Tour igualado. Si las circunstancias permanecen en los derroteros esperables, esto es, que no se produzcan caídas en el Sky que involucren a su líder, habrá que esperar tres semanas para ver al keniata ganando su cuarto Tour. Hay 21 etapas para cambiar el transcurso de la historia, para que lo imposible se torne en posible. Y una lista de buenísimos ciclistas al acecho de cualquier miga de pan que abandone en la carretera el conjunto británico.

Las etapas más importantes

3ª, Verviers - Longwy (212,5 km): El primer lunes del Tour va a ser intenso. Una etapa de esas que no te esperas que sean especialmente relevantes para la clasificación general, pero que puede ser el primer día que genere unas pequeñas diferencias que, a la postre, siempre significa un calentón de más para algún corredor. Cinco puertos, tres de cuarta y dos de tercera, los dos últimos en los quince kilómetros finales, con final en alto en tres países, Bélgica, Luxemburgo y Francia. Cualquiera diría que tiene color Valverde...

5ª, Vittel-La Planche des Belles Filles (160,5 km): Esa tradición no escrita pero muy aplicada en la historia del ciclismo de que la primera semana es tranquila y muy para sprinters se cae por su propio peso en esta edición del Tour. En la quinta ya se acaba en un puertazo de primera precedido de mucho sube y baja.

9ª, Nantua-Chambéry (181,5 km): En una edición sin el Mont Ventoux ni el Alpe d'Huez, la montaña será menos conocida, pero igual de maravillosa e importante en el transcurso de la general. En el segundo fin de semana aparece un tesoro de jornada, de esas que le gustan a Nairo Quintana: muy larga y especialmente difícil. Tres puertos de categoría especial, Col de la Biche, Grand Colombier (estos dos, seguidos) y el Mont du Chat a más de 25 kilómetros para la meta para que las diferencias que se puedan crear entre los favoritos ya sean significativas.

La bonita 13ª etapa.
La bonita 13ª etapa.

13ª, Saint-Girons-Foix (101 km): La etapa que promete ser, sin duda, más espectacular por lo imprevisible que puede resultar. Muy pocos kilómetros y tres primeras (el último, a casi 30 kilómetros del final) que invitan a ataques muy lejanos, incluso poco después de cruzar la línea de salida, por qué no. Tiene el nombre de Contador escrito a fuego, pero el líder del Trek tampoco suele ser un libro abierto...

17ª, La Mure-Serre-Chevalier (183 km): El momento del Galibier, que no nos íbamos a ir del Tour sin al menos uno de los grandísimos puertos de la historia de la 'Grande Boucle'. Los Alpes empezarán a cerrar las últimas etapas en principio competitivas a través de dos puertos especiales, un primera (Col du Telégraphe, durísimo) y un segunda para dar inicio a la jornada.

20ª, contrarreloj en Marsella (22,5 km): Si hay un motivo por el que Nairo Quintana tiene las opciones intactas de victoria en esta edición del Tour son la poca cantidad de kilómetros contra el cronómetro que va a tener que sufrir. Pese a ello, en la penúltima etapa antes de viajar a París, se enfrentará a 22,5 kilómetros de pura velocidad que tampoco deberían de generar mucha distancia entre los mejores, pero sí puede ser significativa si lo obtenido en la montaña se ha quedado muy corto.

El campeón y los soñadores

Decía Carlos Zúmer en este periódico que el ciclismo está viviendo (o sobreviviendo) a la nueva ideosincrasia, a un estado de las cosas que ha cambiado la forma de ver la élite de este deporte. A partir de la explosión del Team Sky apenas ha vuelto a verse un ciclismo diferente al que han querido imponer desde el Reino Unido. Al Sky no le inquieta ni siquiera las sospechas de dopaje de Wiggins y los métodos cuanto menos poco ejemplarizantes de Dave Brailsford. Vuelven al Tour a por lo mismo de siempre, el amarillo de Froome.

No hay uno ni dos compañeros de Froome que bien podrían plantarle cara si fueran el líder de otro '9' diferente. Pero Landa, Thomas o Henao están al servicio de su jefe y con la obligación de alejarle de los peligros que pueden y deben representar Nairo Quintana y Richie Porte. Hace unas cuantas semanas a nadie se le ocurriría añadir en la lista de candidatos a Porte, pero es, ahora mismo, el ciclista más en forma. Y son pocos los que se acuerdan de Contador que, como bien define Nicolás Van Looy en 'Ciclo21', da más miedo por su nombre que por las posibilidades reales sobre la bicicleta. A Alejandro Valverde no deberíamos contarlo, pues su cometido no es otro que escoltar a Quintana, pero quién sabe dónde le pondrá la carrera...

A lo lejos, pero cada vez más cerca, está Romain Bardet, pero que al ser francés, parece tener imposible ganar en casa. Él es uno de esos 'outsiders' que quieren dejar de tener cosido al pecho ese término y comenzar a ser, por fin, una realidad completa. Eso le pasa incluso a Fabio Aru, un hombre que ha ganado una grande, la Vuelta de 2016, pero que en el Tour ha hecho más bien poco hasta el momento. Nadie le espera, pero ¿por qué no puede ser este el tour de Esteban Chaves? Es la única grande en la que todavía no ha lucido, podría hacerlo en 2017.

El verde, la otra dictadura

El maillot verde no importa mucho, no a los españoles. Hace nueve años lo ganó Óscar Freire y ni antes ni después ha sido de interés nacional. Pero en el último lustro ha adquirido una nueva dimensión. Es una clasificación que tiene ganador de antemano, porque Peter Sagan es un dictador incluso mayor que Froome. Sin embargo, su gobierno autoritario es más llevadero, no solo eso, es simpático, agradable. Crea una apasionante afición por este jersey porque Sagan es divertido, atractivo, valiente, a veces descerebrado, imprevisible. Le intentarán ahogar en los sprints los Kittel, Greipel y Cavendish. Sagan ganará en el corazón.

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