se estrena un biopic sobre el mito del ciclismo

Los milagros no existen, la EPO sí. Todos somos Lance Armstrong

Le diagnosticaron cáncer. Tenía un 40% de posibilidades de sobrevivir. Se recuperó. Ganó siete Tours de Francia. Y montó la mayor trama de dopaje de la historia del ciclismo.

Foto: Fotograma de 'The program'
Fotograma de 'The program'

22 de julio de 2003. La subida a Luz Ardiden. De esta etapa saldrá el ganador de la 90 edición de Tour de Francia. Ullrich es el líder virtual; no sabe si atacar. Echa la mirada atrás. Armstrong aprieta mandíbula, contrae el rostro. Mete un diente más para pedalear ligero. Está sufriendo. Ullrich respira aliviado. Esta vez sí. Esta vez, sí. Pero, de pronto, Armstrong sonríe. Lo ha vuelto a hacer. Ya lo había hecho dos años antes, en la Madeleine. Lo tuyo es puro teatro. Armstrong salta y ataca. La suerte quiere que se enganche con la gorra de un niño y caiga al asfalto. Ullrich -Ulle, el Káiser- le esquiva. Y espera que se levante. Pero que le den a las normas de cortesía, al juego limpio. Armstrong mete el pie en el pedal, se sienta y ataca. Y ataca como una bestia sobrehumana. Y les mea a todos. Y gana el Tour. Y gana todos los Tours -bueno, siete- y monta una fundación y hace películas y ¡viva Armstrong! ¡U-ese-a! ¡U-ese-a!

La escena no podía ser más ilustrativa. Un Armstrong actor, que finge. Un Armstrong ambicioso al que no le importan las normas con tal de no fracasar, de ser el mejor. Un Armstrong arrogante que no gana: humilla.

Los milagros no existen, la EPO sí. Todos somos Lance Armstrong

Y ése es el Armstrong que presenta el director Stephen Frears en 'The program', la última película centrada en la figura del gigante de pedales de barro. Un Armstrong que, a principios de su carrera, no destaca más allá de alguna victorias en las clásicas europeas y un puesto 36 en el Tour de Francia de 1996. Al que ese mismo año le diagnostican un cáncer testicular, con metástasis en el pulmón y el cerebro, y al que le dan un 40% de probabilidades de sobrevivir. Y que tres años después regresa para ganar siete Tours consecutivos y batir la historia.

Dopaje, amenazas y omertá

Lo que nos gusta un mito. Aun de adultos, creemos en los cuentos de hadas. Sentimos una ternura paternalista cuando un niño nos jura que ha visto a Papá Nöel escabulléndose por la ventana, pero somos autocomplacientes con nuestra fe ante lo extraordinario, y el cerebro lalalalala se tapa los oídos y se deja llevar por la patata. Nadie lo ve. Nadie quiere verlo. Nadie quiere escuchar a David Walsh, el periodista deportivo interpretado por un gris Chris O'Dowd en este thriller deportivo de acabado algo televisivo que acaba pareciendo un retrato -demasiado ordenado- de la Cosa Nostra. Walsh sospechaba; los milagros no existen, la EPO sí.

"Tengo el dinero y el poder para destruirte", le dice en la película a Filippo Simeoni al conocer que ha testificado contra Michele Ferrari

Y aunque, a nivel cinematográfico, la película de Frears no adquiere ninguna relevancia, es inevitable que la red de trampas y mentiras entretejida -¡ni siquiera en los bajos fondos!- del Tour atrape. Asombra ver lo casero del proceso, lo banal de las autotransfusiones y los pinchazos y los pises en el tarro. La típica escena de amigos haciéndose pajas frente a la televisión pero cambiando las pajas por bolsas de sangre con eritropoyetina

Y un Armstrong -interpretado por un Ben Foster extrañamente caracterizado- cada vez más oscuro, más cegado por ganar, por trascender, por ser la máquina perfecta tanto a nivel deportivo como simbólico. "Tengo el dinero y el poder para destruirte", le dice en la película al ciclista a Filippo Simeoni al conocer que ha testificado contra su médico -y camello- Michele Ferrari (Guillaume Canet), el obrador del milagro. Lo hace con una sonrisa y mientras le da unas palmadas en la espalda. Después mira a la cámara y hace el gesto de cerrarse los labios con una cremallera. Pura omertá. Pero la película también muestra los momentos de humanidad de un ex enfermo de cáncer que visita un hospital oncológico infantil, de un joven que se enamora, de un atleta sin muchas luces al que lo único que le gusta es montar en bicicleta.

Ver arder las cenizas

Sin embargo, la película palidece ante el recuerdo fresco de 'La mentira de Lance Armstrong', el documental que Alex Gibney estrenó en 2013, mucho más poliédrico, interesante y reflexivo. Un documental nacido para ser una especie de hagiografía del mito tejano que acaba retratando la caída de un hombre débil -humano al fin y al cabo- y la saña con la que el mundo entero lo despedaza. Sí, lo siento. Lo que nos gusta un mito. Pero más nos gusta una caída, una lapidación, ver arder las cenizas para sentirnos un poco mejores, por encima de ese hombre débil y triste que nunca mereció nada, nunca hizo ningún mérito, que es un monstruo que hay que borrar de la historia. Hay que arrebatarle todo lo que le dimos, porque jugó con nuestras ilusiones y él -y no nosotros- es el único culpable. Qué fácil sería.

Los milagros no existen, la EPO sí. Todos somos Lance Armstrong

El documental de Gibney -y el propio directo mientras lo rodaba- desiste de contar la biografía del ciclista de forma académica, al uso, y opta por compartir con el espectador el camino a la revelación. Gibney traspasa al superhéroe para acercarse, en más momentos de los que el protagonista querría, a la carne y el hueso. La trayectoria desde el santoral hasta su vuelta del retiro, a su derrota, su positivo, su confesión, el despojo de sus títulos y de sus contratos publicitarios -todo el dinero que tuvo que devolver- y el borrado de su mera existencia dentro de la historia del ciclismo. Lance Armstrong, el hombre que nunca estuvo allí.

Los milagros no existen, la EPO sí. Todos somos Lance Armstrong

Es imposible no conmoverse al ver el destello de amarga lucidez cuando el todopoderoso, sentado en su cama, se ve a sí mismo en la televisión admitiendo que da el Tour por perdido frente a la juventud de Alberto Contador, su compañero de equipo y máximo rival. Allí desaparece el líder fardón, el rival humillador, el cabecilla de una trama de dopaje y amenazas que ayudó a que el ciclismo acabase de pudrirse

Ese microsegundo de epifanía en el que uno se da cuenta de que haga lo que haga ya no hay escapatoria

Un hombre solo en una habitación de hotel vacía que en ese mismo momento se da cuenta de que LA HA CAGADO y de que el error le va a salir muy caro. No sé si vio pasar su vida como en un tráiler, ni si se imaginó decidiendo no hacer esa llamada, o no coger ese vuelo, o no montar esa bici en el último momento. Ese instante decisivo; no sucumbir a la ambición, en resumen. Ese microsegundo de epifanía en el que uno se da cuenta de que haga lo que haga ya no hay escapatoria. Él sólo quería ser el más grande. Y todo eso contenido en unos ojos derrotados que intentan aguantar las lágrimas.

Después de esa escena, la entrevista con Oprah suena totalmente diferente. Él, derrotado, confiesa uno a uno todos sus "crímenes" y el respetable se lleva las manos a la cabeza. Nadie sabía nada. Nadie vio nada. Ni la organización del Tour de Francia, que consiguió atraer más fans y atención mediática que nunca; ni la UCI, a la que algunos ciclistas -como Tyler Hamilton- acusaron de encubrir un positivo del ex heptacampeón; ni de los otros ciclistas, que luego fueron cayendo uno a uno; ni de los medios, que acallaron las voces críticas; ni de los aficionados, que se volvieron a creer el cuento de hadas. Él fue un tramposo. Y nosotros también.

Armstrong Superstar

Antes de ese infausto 2013, Lance Armstrong era el aliño de todas las ensaladas deportivas, musicales, cinematográficas. En 2012 todavía coleaba por los estudios el guión de un biopic sobre el ciclista que llevaba casi una década en desarrollo. Incluso Matt Damon había estado involucrado en el proyecto como protagonista. Una anécdota que la película de Frears recuerda con ironía.  

Y como Hollywood todo lo quiere y todo lo fagocita, con lo que sí se pudo contentar Armstrong fue con una corta carrera como actor de cameos. Compartió pantalla con Kate Hudson y Owen Wilson en 'Tú, yo y ahora... Dupree' (2006), fue el consejero del personaje de Vince Vaughn en 'Dodgeball. Cuestión de pelotas' (2004) y participó en 'Race Across tthe Sky' (2009).

Uno no es nadie si no sale en 'Los Simpsons', a lo que hay que sumar sus apariciones con David Letterman, Larry King y Ellen DeGeneres, entre otras. 

Echando la vista atrás, la lectura más irónica del fenómeno Armstrong se puede hacer a través de los anuncios que protagonizó. En el anuncio, por ejemplo, 'Drive', de Nike, la voz en off de Armstrong recita: "Los críticos dicen que soy arrogante, un dopado, un arrastrado, un fraude. Pero me da igual, pueden decir lo que quieran. No he vuelto a subirme a la bici por ellos".

 

 

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