DE CANILLEJAS (MADRID)

Fernando Carro, del barrio al olimpo: "Nunca me salté un entrenamiento"

Creció en el barrio de Canillejas (Madrid) con "muchas papeletas para descarriarse", sin saber qué hacer con su vida, salvo entrenar. Hoy es subcampeón europeo de 3.000 obstáculos

Foto: Fernando Carro. (Juanjo del Río)
Fernando Carro. (Juanjo del Río)

Enamorado de los obstáculos, en cada carrera en la que compite rezuma una historia de niño de barrio, con sus luces y sus sombras. Cada uno de los braceos de Fernando Carro se convierte en un homenaje al hermano perdido, un hermano desconocido cuya ausencia marcó la vida de su familia y, sin querer, su infancia. “Yo no lo conocí. Cuando era pequeño no entendía por qué mi madre lloraba todos los días, por ejemplo. Eso lo he empezado a asumir a medida que he ido creciendo y creo que mucho de lo que soy es el resultado de su pérdida”, desvela emocionado.

La adolescencia la pasó rodeado de chicos mayores y si no llega a ser por el deporte, quién sabe dónde hubiera terminado. “La verdad es que éramos, y somos, un grupo muy unido, nos reuníamos en un local del barrio y allí dejábamos pasar el tiempo. Es cierto que teníamos muchas papeletas para descarriarnos, algunos lo hicieron y se alejaron del grupo; los que no, continuamos en el barrio y seguimos siendo amigos. Son los que me ponen los pies en el suelo”.

Ellos fueron su báculo, incluso cuando se despistó de las aulas. “Tuve una época en cierto modo complicada, me saltaba las clases del instituto, no tenía claro qué quería hacer con mi vida, pero nunca perdí un entrenamiento. Mi madre tuvo mucha paciencia conmigo”.

Fernando Carro, durante el entrenamiento. (Juanjo del Río)
Fernando Carro, durante el entrenamiento. (Juanjo del Río)

Fernando Carro creció en San Blas-Canillejas, el distrito 20 de los 21 de Madrid, un barrio que en los años ochenta tuvo que bregar con las drogas, las altas tasas de fracaso escolar y un gran número de trabajadores en paro. El distrito estuvo sufriendo las consecuencias una década después. Si no hubiera sido por el deporte, el niño Fernando seguiría perdido, pero se encontró: medalla de plata en 3.000 obstáculos en los Europeos de Berlín.

Nació en el seno de una familia de sedentarios y, para hacer honor a su apellido, se empeñó en tirar del carro de la actividad. No concibe la existencia sin correr, sin volar bajo, a medio metro del suelo. “No recuerdo ni un día de mi vida en el que no haya hecho deporte”, confiesa. De sonrisa amplia, menudo, como todos los atletas, a los tres años ya iba a clase “para trabajar la psicomotricidad y los reflejos”. No estaba dirigido hacia ningún deporte en especial, “pero es algo que viene bien siempre”.

"Alcanzar a los mayores era un reto"

Confiesa que fue un niño muy consentido, cualquier cosa que se le antojara, papá y mamá se la ponían en las manos, sobre todo mamá. “Cuando murió mi hermano, mis padres regentaban una juguetería y mi madre tiene muy marcado que días antes del accidente, Alberto le pidió una bolsa de canicas y ella se la negó, precisamente para evitar que se convirtiera en un caprichoso. A mí nunca me negaron nada”.

Tras el quebranto, la familia cerró la juguetería y su padre recorrió mundo a lomos de un camión. “De pequeño no lo veía mucho, en aquella época me cuidaba mi hermano, que tiene 15 más que yo. Él hizo las veces de padre. Nos veníamos andando desde Canillejas hasta la Ciudad Universitaria, yo era un niño y David estaba estudiando Historia. Hoy es director de un colegio”, presume con orgullo. Tanto es así que al quitarse la camiseta asoma una réplica de 'La muerte de un miliciano', de Robert Capa. “Mi hermano está obsesionado con esta foto y yo me la tatué como homenaje”. A punto de cumplir 27 años, luce un cuerpo repleto de ofrendas en forma de tatuajes que han colmado de sentido su vida. “Cada uno de ellos tiene un significado”.

Carro fue subcampeón de Europa en 3.000 obstáculos en Berlin. (Juanjo del Río)
Carro fue subcampeón de Europa en 3.000 obstáculos en Berlin. (Juanjo del Río)

Desde las categorías inferiores, el niño Fernando ya prometía. “Siempre me he rodeado de chicos mayores que yo, mis amigos del barrio tenían unos cuatro años más, a la hora de entrenar me pasaba lo mismo. Eso me vino bien, porque alcanzarlos para mí era todo un reto”, matiza.

A los 18 años, entre Arturo Casado y Arturo Martín su vida dio un giro de 180 grados. Cuenta su entrenador actual que Fernando era un diamante en bruto, una piedra preciosa que había que pulir, puesto que llegó sin control y sin rutina deportiva. Fernando era un caos disciplinado, tan disciplinado que acató al pie de la letra todas las enseñanzas del maestro. Mejoró su técnica y su estilo, de manera que empezó a ver el fruto del esfuerzo. Y ya se sabe, el deporte engancha. Si no fuera deportista, está convencido de que “sería maestro”. De hecho, a pesar de sus devaneos con la ESO y Bachillerato, por fin terminó los estudios y hoy en día está matriculado en la facultad de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte de Murcia. “Lo hago a distancia, con una beca”, explica satisfecho.

Aunque no vive en la Residencia Blume, desde los 18 años es uno más de la familia de los deportistas de alto rendimiento. Fernando entrena todos los días, mañana y tarde, “la intensidad depende del momento, ayer competimos y hoy la cosa será relajada, nos vamos a hacer un zoo”. Lo que significa una “carrerita de nada” desde la Blume hasta el Zoo de la Casa de Campo. Si no está en la Blume, seguro que se encuentra en el campo paseando a sus perros. Viajero infatigable, de los de mochila, de los que se mimetizan con los pueblos, sueña con ser finalista en los Juegos de Tokio 2020, “más sería inviable”. Si el cuerpo lo permite, aspira incluso a llegar a los de París en 2024. “Tendré 32 años, una buena edad para un atleta”, concluye.

Deporte, alternativa saludable

El deporte es una de las alternativas que siempre proponen los expertos para mitigar el consumo de alcohol entre los menores. Por eso, el Grupo DIA ha firmado un acuerdo con la Federación Española de Baloncesto para desarrollar acciones e iniciativas destinadas a prevenir el consumo de bebidas alcoholicas en menores de edad dentro de su campaña  'Menores sin alcohol, un reto de todos'. Esta campaña busca, además, concienciar a familias, instituciones y comercios de la importancia de luchar de manera conjunta para atajar este problema.

Según Gabriel Rubio, experto en alcoholismo y profesor de psiquiatría en el Hospital 12 de Octubre, el deporte no solo es una actividad con un claro beneficio para la salud sino que, además, está relacionado con “un factor de prevención del alcohol”. "La gente que se dedica al deporte suele hacer una vida más sana que aquella que no lo practica”, añade.

Atletismo

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
0 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios