¿es posible replicar estos sistemas en españa?

Las claves del jaque mate de Montreal e Islandia al alcoholismo en menores

Frente al fracaso de las campañas basadas en la prohibición, despuntan las estrategias integrales que van del estudio del perfil psicológico hasta el compromiso del Estado

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Situaciones difíciles requieren medidas drásticas. Y en ocasiones también los resultados son contundentes. Así lo demuestran países como Gran Bretaña y los nórdicos, que han pasado de ostentar las cifras más preocupantes de consumo de alcohol en jóvenes a reducirlas a niveles impensables hace dos décadas. ¿Cómo lo han hecho?

Centrémonos en dos casos de éxito. En Islandia, por ejemplo, el desplome fue mayúsculo: el 42% de los jóvenes de entre 15 y 16 se había emborrachado el mes anterior a ser consultados en 1998, mientras que en 2016 este porcentaje cayó al 5%. El segundo caso es el del sistema Preventure, desarrollado en la Universidad de Montreal por la investigadora Patricia Conrod, que logró que las escuelas británicas que lo pusieron en marcha en 2013 redujeran en un 29% el consumo de alcohol entre los estudiantes.

En el más reciente informe publicado en septiembre pasado por la Organización Mundial de la Salud (OMS), en el cual se resaltaba cómo ha disminuido el consumo entre los menores europeos desde 2002 hasta 2014, el organismo destaca que en estos resultados han tenido un peso considerable las prohibiciones de venta de bebidas a menores y otras medidas restrictivas, pero iba más allá y ponía el foco en "el cambio de las normas sociales". Esto es precisamente lo reseñable del sistema islandés 'Youth in Iceland', que desde 1998 involucra a los jóvenes, a los padres, a los colegios y al Estado; al igual que Preventure, que se centra en un estudio psiquiátrico de los menores para determinar los casos de riesgo antes de culpabilizarlos.

Los planes de Islandia y Montreal tienen más en común de lo que parece porque ambos se alejan de modelos que basan las medidas disuasorias en meros mensajes de miedo o en actividades deportivas. El modelo islandés, que ha dado en llamarse 'Planet Youth' desde el año pasado porque ya ha aterrizado en países de todo el mundo, parte del estudio de las conductas que potencialmente conducen a las adicciones de los menores con un mecanismo periódico de estadísticas durante una década.

"Un chaval de 13 años no pinta nada a las 3 de la madrugada, hay que llevarlo a casa, que los padres tomen conciencia y que se cumplan las leyes”

Incluye medidas no siempre populares, como postergar a los 20 años la edad permitida para consumir alcohol, promover por ley que los padres se involucren con los centros educativos y se organicen para supervisar fiestas o acordar una hora de regreso; conmina al Estado a becar a los chicos para que participen en actividades extraescolares y una ley que prohíbe que los adolescentes de entre 13 y 16 años salgan a la calle más tarde de las 10 en invierno y de la medianoche en verano.

"Somos sociedades distintas por sociología y forma de pensar", advierte a El Confidencial Javier Urra, primer Defensor del Menor (1996-2001) de la Comunidad de Madrid. Según el psicólogo, "España es un país mediterráneo que se caracteriza por hacer vida en la calle, en fiestas populares... y quedar a tomar una copa como expresión de amistad", pero eso no quita que "un chaval de 13 años no pinte nada a las 3 de la madrugada; hay que llevarlo a casa, que los padres tomen conciencia, se impliquen y que se cumplan las leyes", agrega.

El sistema Preventure, por su parte, se puso a prueba en Canadá, Australia, Reino Unido y Países Bajos con resultados satisfactorios. En primer lugar, los estudiantes pasan por una primera prueba de personalidad que determina si tienen estas cuatro características de riesgo a la hora de enfrentarse a adicciones: impulsividad, búsqueda de sensaciones, sensibilidad a la ansiedad y desesperanza. Los profesores pasan después por una capacitación de tres días para frenar que esos rasgos del carácter desemboquen en la necesidad de recurrir a las drogas o al alcohol. Sin llegar a colgar etiquetas, aquellos que presentan cuadros más extremos son seleccionados para someterse a un taller en el que aprenderán herramientas a través de una terapia conductual para afrontar sus problemas y evitar así actitudes de riesgo.

¿Y en España?

Ese análisis constante que realiza el caso islandés es de vital importancia porque permite contar con datos actualizados. En España, la encuesta ESTUDES, que recoge el uso de drogas por parte de los estudiantes de entre 14 y 18 años, se realiza de forma bienal para conocer cómo va evolucionando la sociedad y adaptar las medidas a los tiempos que corren. La última encuesta publicada de 2016/2017 refleja una tendencia a la baja en el consumo de alcohol por parte de menores de edad desde 2012: el 76,9% de los estudiantes entre 14 y 18 años reconoce haber probado el alcohol alguna vez, frente al 83,9% que lo hacía seis años atrás. Aunque los datos van a la baja, lo cierto es que siguen siendo preocupantes.

Por eso recientemente se ha puesto en marcha la campaña 'Menores sin alcohol. Un reto de todos', cuya intención es involucrar a todos los sectores de la sociedad —familias, empresas, centros educativos— en el desafío de frenar el consumo de alcohol en los menores. La idea es involucrar a todos y concienciarlos de que existe un problema con la normalización de alcohol entre los jóvenes.

"En España se banaliza el alcohol frente a otro tipo de drogas, siendo la que más golpea a nuestros jóvenes. Esto no quiere decir que en otros países no se consuma más, haya más soledad y más suicidios. Pero los taxistas te dirán que a las 4 o a las 5 de la madrugada recogen a niños con buenas borracheras", advierte Urra.

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