mantiene todas las plusmarcas de velocidad

Las tres vidas de Sandra Myers y sus récords de España que (quizá pronto) caerán

Casi 30 años después, los récords de Myers parecen tener relevo con la nueva generación. Ella, política y musicologa, se alegrará cuando se batan

Foto: Sandra Myers, en los mundiales indoor de 1991 (Imago)
Sandra Myers, en los mundiales indoor de 1991 (Imago)
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Los récords, dicen, están para batirlos. No hay plusmarca eterna y esa es la gracia, que el ser humano evoluciona, mejora, y por el camino convierte en normales los registros que en otro tiempo eran imposibles. Pero, en ocasiones, algunos deportistas logran traspasar la caducidad habitual de una marca y se perpetúan, siguen ahí, en los libros de historia del atletismo, sin que nadie sea capaz de mandarlos al olvido. En España, nadie representa eso mejor que Sandra Myers.

En pista cubierta mantiene los de 60 metros (7.31, en 1989), 200 (23.53, en 1996) y 400 (51.89, 1991). A eso le suma todos sus récords al aire libre, en 100 (11.06, 1991), 200 (22.38, 1990) y 400 (49.67, 1991). O, por simplificar, todos las plusmarcas nacionales de velocidad femenina le pertenecen. En otro tiempo tuvo el de salto de longitud, pero ese es el único que le arrebataron. Llevan 30 años ahí. Y, sin embargo, ahora parece que por fin, en un futuro no muy lejano, esas proezas serán desafiadas.

"Tengo la sensación de que la generación nueva viene muy fuerte ¡y ya era hora!", cuenta por teléfono Myers. "Ha habido muchos años que no, pero parece que ahora sí hay posibilidades de que en un par de años se batan", reflexiona. La velocidad española ha dado un tirón y son atletas muy jóvenes las que vienen despuntando. Jaël Bestué ha batido esta temporada los récord sub-20 de 60 y 200, ya tenía el doble hectómetro al aire libre desde el pasado año. Tiene todavía 18 años. Más llamativo es, si cabe, lo de Salma Celeste Paralluelo, que en el último campeonato de España rompió el mejor registro histórico sub-20 de los 400 metros con 15 años cumplidos.

Myers está preparada para el día en el que alguien, estas dos atletas o cualquier otra, le arrebate esa corona. "Está al caer, y yo me alegraré mucho cuando ocurra. Ana Bullón, que es mi amiga aunque no nos veamos mucho, me comentó que su récord de 60 vallas lo habían batido [María Vicente, otro prodigio joven]. Ana es muy generosa, y yo le felicité por ello y le dije que esos 30 años de récords están ahí, que siempre quedará que lo mantuvo durante muchísimos años", reflexiona sobre un tema que, antes o después, a ella también le alcanzará.

Por cierto, Myers hoy es todo eso en España, pero no es el único lugar en el que sus récords no caducan. También tiene varias mejores marcas juveniles en Kansas ("Pero tiene truco, porque cambiaron el sistema de yardas a metros, y no es exactamente lo mismo. El único récord que mantengo es el de longitud.") y en su momento poseyó la plusmarca estadounidense de 400 metros vallas. Sí, también vallas.

La historia de Myers era, como de tantas otros deportistas de élite, la de alguien que no conocía de otra cosa que no fuese a ganar. Desde cría era siempre la más rápida, sin excepción. Hasta el punto de que, en una de esas, su entrenador le pidió correr los 400 metros, la distancia más dura de la velocidad, y ella no pudo más que enfadarse. "Yo siempre ganaba y pensaba que no podría ganar en 400, y él me dijo que le daba igual, que iba a correrlos, que me iba bien perder alguna vez. Aún mantengo la amistad y hace unos años se lo comenté, me dijo que no se acordaba del comentario, pero a mí me dolió mucho. Luego supe que me hizo bien".

La vida en UCLA

Como es lógico, en su evolución encontró un punto en el que convivió con la derrota. Fue en UCLA, una de las más potentes universidades americanas en cuestiones deportivas. Allí, entre otros, coincidió con otra leyenda de récords imperecederos: Florence Griffith. "Eran de los mejores en Estados Unidos, me encontré entrenando con los mejores y yo no era tan rápida como creía, por eso empecé con el 400 vallas, como refugio, porque en el 100 me ganaban todos". Griffith, que falleció a los 38 años, todavía mantiene las plusmarcas mundiales de 100 y 200 metros. "Era una persona maravillosa, recuerdo entrenar con ella cuando estábamos lesionadas, yendo a la piscina. Era muy generosa y sencilla", rememora Myers. Se especuló mucho con su muerte, por su corta edad. "Me dolió cuando se decían cosas feas de ella, la pobre murió de un tema de corazón", concluye la velocista.

¿Y cómo esa prometedora atleta terminó en España? La vida da muchas vueltas y el olimpismo, más. En Los Ángeles, una lesión la dejó sin competir. Eso iba a cambiar su vida para siempre. "Fue a raíz de aquello, por la decepción. Ese invierno había muerto mi madre y fueron dos golpes muy fuertes, necesitaba un escape de algún tipo y me vine a España. Estaba lesionada, pero poco a poco fui volviendo a las pistas, en Vallehermoso. Primero estaba un poco sola, pero luego me junté con un equipo de allí y me integré. Siempre he sido un poco aventurera, me gustan los cambios", explica Myers.

El cambio fue brusco, pero quizá no tanto si se ve en perspectiva. "A mi padre le pareció un poco locura, pero bueno, yo ya me había marchado de Kansas a California, que está muy lejos. Mi padre casi me prohíbe ir, pero fui rebelde y mi madre me ayudó, así que de algún modo yo ya me había marchado de casa", rememora. En España se asentó, se casó, se integró y se nacionalizó.

Sandra Myers, en el instituto.
Sandra Myers, en el instituto.

Se entrenaba en Los Ángeles y se perdió esos Juegos, un patrón que, unos años después, se repetiría. Fue la primera medallista femenina mundial española, en 1991, en 400 metros. Eso la convertía en una esperanza real para repetir un año más tarde en los Juegos de Barcelona y ser también la primera en subir a un podio en atletismo en la gran cita. Pero no pudo ser y, de nuevo, por lo mismo, una lesión. "Me perdí la fiesta de Barcelona y eso me supo muy mal en el momento. Cuando celebran el aniversario me duele un poco, porque además tuve un problema con la federación y fue muy feo. Pero no me queda ningún trauma, soy muy positiva, seguí en el atletismo y alguna medalla europea más gané". Participó también en 1996, siendo ya bastante veterana.

Myers y el amor por la música

Y todo esto, que no es poco, es solo la Sandra Myers atleta. Una figura casi imborrable del libro de récords. Reducirla a eso, sin embargo, es entenderla a medias. La misma chica que no quería correr los 400 o que era la mejor de su estado en todas las distancias, pasaba también horas cada día entregada a la otra mitad de su vida: la música. "Yo estudiaba piano, allí en EEUU era más fácil porque lo de las becas se compagina bien y te apoyan. Aquí es difícil, aunque ha mejorado". Eso suponía levantarse a entrenar a las 6.30 para a las 8 de la mañana estar en clases. Un ritmo altísimo que ella llevaba "con normalidad". Eso sí, en algún momento se dio cuenta de que el tiempo disponible no era suficiente para ser concertista. "Hubiera necesitado más tiempo para el piano, llegó un momento en el que cambié a composición, que es exigente también, pero requiere menos ensayo".

La música siempre formó parte de su vida, aunque con su cambio a España el atletismo era la prioridad. En todo caso, en aquel tiempo era difícil vivir toda la vida con lo ganado en el deporte, así que llegó la pregunta. "Mi suegro de entonces, con quien aún tengo buena relación aunque esté divorciada, me dijo en un momento determinado que a qué me iba a dedicar después. Y fue uno de esos choques que te da la gente. Tenía que hacer algo más, así que hice la carrera de musicología, que en ese momento me pareció que era lo más combinable con el deporte", explica.

Hace no demasiado se doctoró y da clase en el conservatorio de Salamanca, donde actualmente reside. Exhibe un currículum envidiable y ahora se prepara para conseguir una plaza fija después de años de interinidad. "Estoy en una especie de reposo, porque hacer un doctorado es un esfuerzo de muchos años y mucha intensidad. Tengo un proyecto para publicar la tesis. Ahora tengo que pasar oposiciones, porque somos interinos en los conservatorios superiores, llevábamos 20 años así en casi todo el estado", cuenta la exatleta.

El deporte, que fue su vida, también le ayuda en este paso. "Me sirve para mucho, porque para mí es un reto y como tal me lo tomo, siempre que estudias aprendes mucho y yo voy a aprender un montón", explica con su inconfundible acento estadounidense. En la música, como en el deporte, lo deja todo, pero no estrictamente por ambición sino casi con naturalidad. "Disfruto mucho, ahora mismo, cuando me llamaste, estaba haciendo unas armonizaciones de corales de Bach. Para mí no es un trabajo, es un disfrute, cuando no estoy leyendo sobre música, estoy escuchándola, y más ahora, que está todo en Youtube y en Spotify".

También política

Y, además de deportista, y de música, Myers fue política. Una tercera experiencia personal, una tercera vida, por así decirlo. "Ahora me he apartado un poco", dice quien fuera concejala en Salamanca y diputada regional en Madrid por el Partido Popular. "Los partidos abren las puertas a personas públicas, entre ellas los deportistas. Aprendí mucho, disfruté muchísimo, de cómo funcionan estas cosas. Me fascina la política, pero en estos momentos me alegro de no estar en ella".

¿El motivo? "Sé lo que va a pasar, cuando tienes que pactar es muy complicado, yo lo viví en la comunidad, cuando hacías una ley tenías que consensuar y eso en política es complicado, cuando tienes un borrado preparado terminas después con una cosa muy aguada, irregular, nada de lo que habías ideado", explica.

Fuera de la política activa, sí, pero con una mirada puesta al mundo. "Estamos en el siglo XXI, y en los cambios de siglo pasan muchas cosas, hay algo que todos estamos notando y es que este es el siglo de las mujeres, se ve en el atletismo, pero también en la música, ahora sacamos mujeres que antes estaban muertas de risa en casa", reflexiona. Ese inicio de siglo también explicaría, de algún modo, ese parón que ha llevado a que sus marcas sigan vivas: "Después de Barcelona hubo un bajón, y luego llegó la crisis. Todo afecta anímicamente, y se dan pausas generacionales, para evolucionar necesitas nuevos entrenadores, atletas, un nuevo presidente... todo influye".

Y con este viento fuerte, quizá, también se vayan sus récords. Cuando eso pase, ella no protestará. "Me alegro mucho de que haya afición al atletismo, porque es un deporte de base, no es solo un juego, tiene un esfuerzo individual enorme, me gusta que estos deportes sigan vigentes". El atletismo, como la política o la música, siempre han estado allí, en el mundo y, de algún modo, en la vida de Sandra Myers.

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