Mil millones en pérdidas desde 1999, deudas con Hacienda y la SS... ¿Debe el Estado acudir al rescate de la ACB?
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LE HAN PEDIDO 15 MILLONES AL CSD

Mil millones en pérdidas desde 1999, deudas con Hacienda y la SS... ¿Debe el Estado acudir al rescate de la ACB?

La liga nacional de baloncesto está haciendo un esfuerzo por sanear sus cuentas, pero aún se encuentra lejos de liquidar deudas y alcanzar la rentabilidad

placeholder Foto: Moncho Fernández, entrenador del Obradoiro. (EFE)
Moncho Fernández, entrenador del Obradoiro. (EFE)

La ACB ha protagonizado dos noticias importantes en febrero. Una de ellas, de anteayer, es muy positiva: Pau Gasol regresa al Barcelona, con el consecuente repunte del interés y la mercadotecnia en torno a la competición.

La otra noticia, que ha pasado más inadvertida, es que la final de la Copa del Rey, el gran escaparate de la ACB, congregó a 423.000 espectadores por televisión. Esto supone un incremento de casi 100.000 televidentes con respecto a la del año anterior, pero no son comparables en cuanto a magnitud: este año vivimos un Clásico en la final y en 2020 un Madrid-Unicaja. Si se mide con los Clásicos de las finales de 2018 y 2019, comprobamos que la ACB ha perdido 14.000 y 107.000 seguidores respectivamente.

Y eso en un año en el que solo se puede seguir el baloncesto por televisión.

Foto: Partido Herbalife Gran Canaria-Unicaja (18 de octubre de 2020).

No obstante, la crisis de audiencia no es algo que ahora preocupe en la ACB. Con los pabellones vacíos, muchos equipos están con el agua al cuello. La liga negocia desde hace semanas con el Consejo Superior de Deportes una suerte de rescate financiero, cifrado entre 12 y 15 millones de euros, para paliar el desplome de los ingresos por 'ticketing'. Para la ACB, estos fondos son lo mínimo que necesitan para seguir adelante, nada diferente a lo que se está haciendo en otras ligas europeas; para el Ministerio de Cultura y Deportes, otro parche público —a sumar a los que aportan diputaciones, ayuntamientos y comunidades a los equipos— para un negocio que lleva 20 años perdiendo dinero.

El CSD lleva desde 1999 monitorizando la evolución económica de la ACB con preocupación. Desde entonces, la liga no ha cerrado un solo año en números negros y acumula unas pérdidas que superan los 1.000 millones de euros. En la temporada 18/19, la última de la que se disponen datos, los clubes de baloncesto españoles se dejaron 66 millones de euros, el quinto peor registro en dos décadas, al tiempo que la deuda privada repuntó casi hasta máximos (95 millones) y se mantiene una deuda con Hacienda y la Seguridad Social de 24 millones de euros.

Este era el escenario antes de la pandemia, ya que los daños por el confinamiento y la pandemia aún están por cuantificar. En este contexto, la pregunta surge por sí sola: ¿tiene futuro el modelo de la ACB?

"Antes de nada, he de decir que lo que piden los clubes al CSD me parece muy correcto, porque es más o menos lo que dejan de ingresar por tener los pabellones vacíos", dice Juan Francisco García, economista especializado en deporte. "El baloncesto depende mucho más del 'ticketing' que el fútbol. O, por decirlo de otro modo, en el fútbol se reparten 1.600 millones de euros por derechos de televisión y en el baloncesto 12".

Continúa García: "Y acto seguido, como economista, tengo que decir que esta es una situación inconcebible. ¿Cómo es que lleva una empresa 20 años perdiendo dinero? Esto no es viable según cualquier manual, solo sigue adelante porque hay una serie de entidades que asumen las pérdidas. Sin ellas, la liga habría quebrado".

"El fútbol se reparte 1.600 millones por derechos de TV. El baloncesto, 12"

Esas entidades son económicas, principalmente Endesa (patrocinador) y Movistar (que emite la liga y además financia a algunos equipos), y también deportivas, en concreto, el Real Madrid y el Barcelona. Solo estos dos equipos generan el 48% de los 66 millones que perdió la ACB en 2019. Aprovechando el respaldo del negocio futbolístico, los grandes clubes asumen pérdidas de entre 20 y 30 millones por temporada, si bien el foco principal de la inversión no es la ACB, sino la mucho más lucrativa Euroliga.

Para el economista, lo más llamativo de las cuentas de la ACB son los gastos en personal. "Solo con ellos, se consume el 106% de los ingresos. Significa que, con todo lo que se ingresa, no se consigue pagar a los jugadores, entrenadores, personal de oficina... Y a partir de aquí, empieza a sumar los gastos de hoteles, transportes, pabellones, cantera... Es una situación difícil de comprender. En fútbol, por seguir con la comparación, la ratio ingresos/salarios es del 62% y se considera el máximo un 70%".

Para García, se hace imprescindible que con el rescate del CSD se impongan unas medidas de contención en la liga. "Sería interesante enfocar las ayudas no a la liga, sino en función de los balances de cada club y, por supuesto, no tienen por qué ser a fondo perdido. Los fondos deberían llegar con un programa de ajuste, sobre todo en los salarios, que garantizase la devolución del préstamo en un plazo convenido. No hablo de una intervención, pero casi".

García cita el ejemplo de LaLiga, que fue pionera en establecer un control financiero sobre los clubes y se frenaron los números rojos. "La dinámica en LaLiga es simple: tanto ingresas, tanto puedes gastar. La ACB haría bien adoptando estos topes que tan bien han funcionado en el fútbol español. Es más, te diría que LaLiga, desde que implantó el control en 2013, nos protege de la desaparición a los que somos de equipos con malos directivos, como el Málaga", dice entre risas García.

Los topes salariales son una posibilidad porque permiten recortar el 'payroll' por arriba, ya que la clase media y la baja de la ACB están en el chasis: cobran entre 19.000 y 64.000 euros al año, según su edad. "No, yo no diría que los jugadores de la ACB sean unos potentados", explica Juanjo Ayuso, exjugador y 'coach' financiero para deportistas retirados. Su trabajo consiste en ayudar a los exjugadores a mantener su nivel de vida una vez hayan desaparecido los ingresos del deporte. "Aunque algunos sueldos puedan parecer altos a primera vista, hay que tener en cuenta que se extienden durante muy pocos años. A menudo, nos encontramos con deportistas que no han juntado el dinero suficiente al final de su carrera y no saben cómo van a vivir los próximos 50 años", dice Ayuso. "Muchos llegan con crisis existenciales preocupantes. A menudo digo, y ahí están los datos de quiebra de los jugadores de la NBA y la NFL: el deportista de élite es un colectivo en riesgo de exclusión social".

Para Ayuso, una solución para la ACB pasa por replegarse y volver a los orígenes: "Volver a la fórmula de los años noventa: dos extranjeros y todo lo demás, cantera. Se perdería competitividad durante unos años, pero seguramente el baloncesto español volvería a surgir. Es innegable que nuestro baloncesto decrece; hay que volver a sembrar".

"Muchos llegan con crisis existenciales preocupantes (...). El deportista de élite es un colectivo en riesgo de exclusión"

En la misma línea decreciente opina Pablo Martínez-Arroyo, exbase de Estudiantes y columnista de El Confidencial: "Yo creo que nos encaminamos hacia un consumo de deporte en dos formatos. Uno, el de los grandes eventos: NBA, Champions League, Juegos Olímpicos, Euroliga... Lo que le gusta a todo el mundo, vamos. Y el otro será un evento local, mucho menos ambicioso, pero con gran impacto emocional en sus mercados, como sucede con la liga universitaria de EEUU. La ACB, me temo, está entre medias, en tierra de nadie".

Una ACB local

Para Martínez-Arroyo, uno de los factores que han lastrado la economía de la ACB ha sido intentar competir en talento con la Euroliga: "Ha sido un error. La ACB tiene que asumir que no puede con la Euroliga y simplemente dejarla ir. Los grandes clubes no van a ayudarla, porque están precisamente en un marco superior, el de la Euroliga, y tampoco el resto de ligas nacionales tienen fuerza para hacer un frente común. Ahora mismo, la ACB es un campo de pruebas para que vengan 'scouts' de la NBA y la Euroliga a llevarse lo que quieran mientras los clubes gastan más de lo que ingresan y se concentran en subsistir".

Continúa el exjugador: "Yo estaré eternamente agradecido por haber podido ser profesional en la ACB. En su momento, se creó siguiendo el modelo italiano y ha funcionado muy bien durante décadas, especialmente en los ochenta y los noventa. Fue maravilloso, pero el modelo se ha agotado y hay que buscar otro. Para mí, lo ideal sería dar un paso atrás, despedirnos de los clubes que se querrán ir a la Euroliga, y repensar nuestra liga nacional".

"Si no puedes ser una gran liga, intenta ser una liga grande para unos pocos"

Su visión de una nueva ACB pasa por ligar los equipos a la educación, unida a este deporte desde su creación, al modo de las universidades norteamericanas: "Serían clubes más pequeños, pero muy arraigados en sus comunidades, que pueden ser una ciudad, una universidad o cualquier rasgo cultural de un lugar. Yo he visto partidos entre colegios en los que había 2.000 personas entregadísimas. Claro, conocen a los jugadores, hay pique entre centros... y yo creo que a esas 2.000 personas, en ese momento, no las sacas de ahí para ver un Madrid-Barcelona. ¿Ves? El arraigo emocional les permite competir en atención con un gran evento".

"Yo siempre pongo el ejemplo de una peña, Spirit of Badalona, que se formó con el objetivo de ganar la Copa de Europa. Y ya está: se consiguió y no se va a volver a conseguir nunca más. Hay que renunciar a esto y volver a las raíces del club, a conectar con tu comunidad. Ya que no vas a poder protagonizar un gran evento europeo, céntrate en ser el evento más importante para tus vecinos. Trabajando así, creo que en 10 años podríamos cambiar de marco conceptual y dar a los aficionados la bienvenida al emocionante mundo del baloncesto español", concluye Martínez-Arroyo.

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