El Barça aplasta al Real Madrid a domicilio en una final de Copa del Rey monocolor (73-88)
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Primer título para el técnico lituano

El Barça aplasta al Real Madrid a domicilio en una final de Copa del Rey monocolor (73-88)

El conjunto de Saras Jasikevicius destrona al conjunto blanco en su propia casa. La contundencia defensiva azulgrana y la mala selección de tiro blanca, claves

placeholder Foto: Álex Abrines levanta el trofeo de campeón de Copa del Rey para el Barça. (Efe)
Álex Abrines levanta el trofeo de campeón de Copa del Rey para el Barça. (Efe)

El Barça dirigió y protagonizó el guion de una final monocolor. Con una defensa inexpugnable y un ataque veloz y perfectamente engrasado, los hombres de Saras Jasikevicius impusieron su ritmo vertiginoso desde el primer cuarto para ya no soltar el título de campeón de Copa del Rey en ningún momento. Sin Facundo Campazzo, Anthony Randolph, Rudy Fernández ni Jeffery Taylor, el Real Madrid llegaba en cuadro y optaba al más difícil todavía, pero la falta de acierto como resultado del gran rendimiento defensivo azulgrana eliminó toda opción de triunfo. No hubo tiro fácil ni defensa blanda. Y es que la superioridad física en ambos aros se expandió al resto de facetas del juego, donde los catalanes trenzaron una actuación completísima.

placeholder El cerrojo defensivo azulgrana anuló el potencial anotador blanco. (Efe)
El cerrojo defensivo azulgrana anuló el potencial anotador blanco. (Efe)

“Lo peor no es fallar, chicos, lo peor es que nos corran porque estamos demasiados estáticos”, gritaba Pablo Laso al comprobar los pésimos porcentajes de tiro de su equipo y la falta de contundencia defensiva. El tiempo muerto con el 7-12 a favor de los culés en el minuto seis del partido se combinaba con las miradas de insatisfacción y las broncas del técnico blanco a los suyos. Los rebotes eran azulgranas y el dominio del partido, también. El plan del preparador lituano, basado en defender con uñas y dientes y volar tras recuperar, funcionaba a las mil maravillas. Así, Nikola Mirotic y Brandon Davies se aplicaban en la pintura frente a Gaby Deck, mientras Rolands Smits y Cory Higgins campaban a sus anchas en el juego exterior y Laso tiraba de un suplente Edy Tavares (11-20).

La defensa azulgrana borró del mapa al Madrid

El segundo cuarto sirvió para que el Real Madrid cortase la hemorragia al principio y se doblegase conforme iba avanzando el periodo. Trey Thompkins subía el grado de compromiso defensivo en el rebote, Tavares equilibraba la balanza bajo el aro y entre Alberto Abalde y Carlos Alocén aguantaban con vida anotadora a los suyos. Mirotic, tocado físicamente, se marchaba directamente al vestuario tras colocarse como máximo anotador con 10 puntos y tirar dos tiros libres.

Laso, empecinado en hallar la fórmula de la reacción, acudía con la señal de emergencia al banquillo. El 23-38 sobrevolaba el encuentro y abortaba cualquier intento de meterse de nuevo en el partido. Mientras, el Barça, transformado en una apisonadora, barría de la pista al Madrid en una final decidida desde prácticamente el primer cuarto. La ventaja no paró de aumentar hasta colocarse en un 31-52 al cerrar el segundo asalto. "Entendéis que estáis jugando muy bien, ¿no? Pues hay que seguir viviendo el momento“, Jasikevicius adiestraba a los suyos y alimentaba la versión más holística del Barça. En el otro lado de la balanza, Alberto Abalde ilustraba la impotencia en la primera parte: "Estamos siendo totalmente superados. Nos están castigando el rebote defensivo y debemos meternos en el partido como sea".

placeholder Nikola Mirotic fue una pesadilla para el Madrid. (Efe)
Nikola Mirotic fue una pesadilla para el Madrid. (Efe)

Los culés hicieron caso de su técnico, principal culpable de la recuperación competitiva de una institución que hasta hace poco navegaba a la deriva sin un capitán con la jerarquía y la suficiente capacidad como para enderezar el rumbo. A pesar de la patente superioridad en el electrónico del WiZink Center que aportaban los 21 puntos a favor, el Barça no descendió ni un ápice su exigencia defensiva. Máxima energía y concentración ante un equipo al que nunca se puede dar por muerto.

En el tercer cuarto, el Madrid frenó las embestidas culés. Sergio Llull anotaba cinco puntos consecutivos y Edy Tavares otros cuatro para encender la llama de la esperanza. Había que corresponder a las palabras de su técnico: "Tenemos que intentar meter alguna canasta, porque nuestro porcentaje de acierto es muy malo". El 9-0 favorable a los blancos colocaba un 40-55 solo cortado por la falta técnica de Deck. Por su parte, Jayce Carroll firmaba un partido desastroso con un 0/8 en tiros. Tan solo Tavares y Llull se mantenían firmes ante el ciclón catalán y mantenían a flote la defectuosa selección de tiro local. Cuando el Madrid parecía despertar, Calathes estiraba al Barça en el marcador (50-69). El cuadro azulgrana cerraba un cuarto con 19 puntos de ventaja y disipaba el despertar blanco con Smits y Higgins en plan estelar.

placeholder Cory Higgins, uno de los grandes protagonistas de la noche. (Efe)
Cory Higgins, uno de los grandes protagonistas de la noche. (Efe)

El Madrid se precipitaba. Los de Laso se agarraban al corazón más que a la cabeza y se colocaban a 13 puntos, pero la respuesta blanca siempre iba seguida de la posterior correción visitante. Cuando el Madrid flotaba a Calathes en el tiro exterior y repartía sus esfuerzos defensivos en el resto de integrantes azulgranas, Jasikevicius leía la jugada y sustituía al griego por un Kuric que no dudaba con espacio para lanzar. El final se apretó más de lo que parecía y Higgins anotaba su 17º punto para poner tierra de por medio. En esas, Tavares imponía su ley bajo el aro a base de tapones y Alocén encontraba al caboverdiano para el dos más uno.

El Barça administraba la ventaja y neutralizaba el buen hacer de Abalde, máximo anotador del Madrid con 10 puntos, a tres minutos del final. Cuando no tiraba Calathes, lo hacía un inspirado Higgins con sus 20 puntos (67-83) y el cuarto avanzaba sin que el conjunto blanco pudiese frenar al MVP de la final. Laso pedía faltas inmediatas, Calathes radiografiaba el movimiento de Oriola con una puerta atrás y lograba su novena asistencia de la noche en una exhibición del base culé (73-88). El Barça se proclamó campeón de Copa tras destronar al actual vencedor, vengarse del club blanco y sumar el primer título del técnico lituano.

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