El convulso entierro de Maradona moviliza un millón de argentinos en plena pandemia
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Hubo serios incidentes por la tarde

El convulso entierro de Maradona moviliza un millón de argentinos en plena pandemia

Argentina despidió este jueves a Diego Armando Maradona con fervor casi religioso. Los incidentes se fueron agravando con el paso de las horas y obligaron a retirar el cadáver de su capilla ardiente

Foto: La comitiva fúnebre conduce el cadáver de Maradona al cementerio. (Reuters)
La comitiva fúnebre conduce el cadáver de Maradona al cementerio. (Reuters)

Buenos Aires vivió este jueves una reedición de los multitudinarios entierros de Carlos Gardel o Evita Perón, y acompañó en masa al semidiós del fútbol a su lugar de descanso final, el cementerio de Bella Vista, a 35 kilómetros de la capital argentina, tras haber causado una serie de avalanchas e incidentes que obligaron incluso a las autoridades policiales a retirar el cadáver del '10' de la capilla ardiente antes de lo previsto, por una invasión del recinto presidencial de la Casa Rosada.

Incidentes en el velatorio de Maradona al cerrarse el acceso al público

La sede del Gobierno nacional estuvo cercada desde las seis de la mañana, hora de comienzo del velatorio. El Ejecutivo esperaba una afluencia de un millón de personas durante la jornada; no se han conocido cifras oficiales, pero la masa enfervorizada cerca estuvo de causar un grave problema de seguridad (y quién sabe si otro de salud pública) cuando varios hinchas lograron trepar las rejas del palacio y acceder al interior de forma descontrolada, con los bomberos usando las mangueras a presión para derribar a los escaladores y cientos de miles de seguidores gritando en las colas de acceso.

Zozobra en el Obelisco

Hubo cargas policiales y gas lacrimógeno para frenar las multitudes. La despedida de Diego Armando Maradona estaba siendo extraordinariamente emotiva desde la madrugada, con colas de más de dos kilómetros en las inmediaciones de la Casa Rosada (y el consiguiente temor a una expansión del coronavirus). Pero por la tarde, tomó un cariz preocupante y violento: la situación no llegó a desbocarse por la rápida intervención de policías y cuerpos militares. Pasado ese momento de grave confusión y descontrol, cuando el recinto logró ser acordonado, la muchedumbre se agolpó en la cercana plaza del Obelisco entre protestas y provocó otro rato de zozobra: actos de pillería, pedradas, enfrentamientos con las fuerzas del orden, balas de goma, algunos detenidos y aficionados heridos (según informó el diario 'La Nación').

Incidentes en la plaza del Obelisco.
Incidentes en la plaza del Obelisco.

Tal fue la cantidad de gases lacrimógenos utilizados que afectaron incluso a las personas que estaban trabajando dentro de la sede del Gobierno. En torno a las tres y media de la tarde (hora local), las autoridades policiales ingresaron en la capilla ardiente y se llevaron el féretro para trasladarlo al Salón de los Pueblos Originarios, en el primer piso del edificio, custodiado por personal militar. Los intrusos derribaron algunas estatuas de expresidentes. Un efectivo de Casa Militar terminó herido en la frente, y sufrió roturas el portón de la calle Balcarce 50. Después de varios minutos de descontrol, las autoridades lograron revertir la situación.

El ataúd con el cuerpo del ídolo había llegado a la capilla ardiente en torno a la una de la madrugada; allí se celebró primero un velatorio íntimo con familiares, amigos y exjugadores (entre los que se encontraban compañeros de la selección que ganó el Mundial de 1986, como Sergio Batista, Burruchaga, Ricardo Giusti…). También estaba el jefe de la 'barra brava' de Boca Juniors, el agresivo y poderoso Rafael Di Zeo. El féretro de Maradona había sido envuelto con una camiseta de la selección argentina con el número 10. La jornada fue un festival para los fotógrafos y un auténtico reto para los funcionarios, que constantemente debían apurar a personas que se paraban delante del cadáver, interrumpiendo el trasiego de aficionados.

Colas kilométricas en la Casa Rosada para despedir a Maradona

La vicepresidenta argentina (y expresidenta), Cristina Fernández de Kirchner, pasó también por el velatorio (Maradona se había manifestado en múltiples ocasiones como kirchnerista y cristinista, y tenía una buena relación con la mandataria). Horas antes, había participado el presidente, Alberto Fernández, que dejó sobre el féretro una camiseta de Argentinos Juniors (club del que es hincha y en el que debutó Maradona).

Descontrol sanitario

A las seis de la tarde, la comitiva salió de la Casa Rosada entre una multitud que apenas dejaba desplazarse los automóviles. (Argentina acaba de pasar la primera ola del virus y ha visto las cifras de contagio bajar drásticamente con la llegada del calor veraniego). Las calles, puentes y ventanas estaban llenas de gente que cantaba y gritaba sin una mínima separación de prudencia sanitaria. Incluso los tejados y muchos vehículos. Una hora más tarde, los coches llegaban al cementerio, donde tendría lugar un entierro religioso con asistencia de familiares y allegados.

A las ocho de la tarde, Maradona era bajado a su sepultura, donde yacerá junto a sus padres, doña Tota y don Diego. Termina una época del fútbol para varias generaciones y Argentina incorpora otro mito a su panteón de próceres, sin importarle todas las cosas que se dijeron sobre él en las tres últimas décadas. La resaca del evento es impredecible: por las redes sociales, durante el entierro, circulaban ya muchos 'memes' criticando el olvido absoluto de la pandemia y de las medidas de seguridad de los últimos ocho meses en medio del socavón generado por la muerte de la leyenda que vengó en el césped la derrota en la guerra de las Malvinas.

El coche fúnebre llega al cementerio. (Reuters)
El coche fúnebre llega al cementerio. (Reuters)
Diego Armando Maradona
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