irregularidades en la gestión de la fesba

El fracaso (o algo peor) de tener a Carolina Marín y acabar pidiendo un préstamo

Lejos de explotar los éxitos del fenómeno Carolina Marín, la Federación Española de Bádminton (FESBA) está siendo auditada por irregularidades que explicarían muchas cosas

Foto: Carolina Marín aspira a revalidar el oro olímpico en Tokio 2020. (EFE)
Carolina Marín aspira a revalidar el oro olímpico en Tokio 2020. (EFE)

En el deporte español hay fenómenos que, como en la meteorología, se repiten con diferentes nombres pero idénticos resultados. Aunque las comparaciones sean odiosas, el caso más claro fue posiblemente la explosión que tuvo en España el llamado gran circo de la Fórmula 1 con la irrupción en pista de Fernando Alonso. Nada como tener un ídolo nacional, en este caso un asturiano, para que muchos aficionados se engancharan a un deporte que hasta entonces solo interesaba a los locos de los coches, pues es verdad que el motor, y especialmente el motociclismo, siempre ha movido masas en nuestro país, aunque precisamente también por la numerosa presencia de pilotos españoles en todas las cilindradas, así como en la mayoría de los podios.

Para entender la gesta de Carolina, hay que ser chino (o leer esto...)

Hay otros muchos casos que podríamos analizar, pero me centro en uno que tiene como protagonista a Carolina Marín, posiblemente la mejor deportista española de la historia, me atrevería a decir que comparable en categoría masculina a Rafa Nadal. La onubense, oro olímpico en los Juegos de Río y única jugadora que ha sido tres veces campeona del mundo de bádminton, ha llegado a lo más alto en un deporte, no ya minoritario en España, que también, sino con 200 millones de practicantes en el sudeste asiático. Es decir, una hazaña solo al alcance de esta auténtica superdotada.

De este modo, parece evidente que la Federación Española de Bádminton (FESBA) tenía en Carolina —y tendrá, si las cosas cambian en 2020— el mejor argumento para crecer. Y no solo desde el punto de vista de la difusión de esta disciplina olímpica, algo que nadie puede negar que ha sucedido gracias a los éxitos y el tirón mediático de la campeona andaluza, sino también en rentabilidad, directa o indirecta, para la federación de un deporte con un enorme margen de expansión y que tiene la fortuna de contar con el mejor reclamo y ejemplo posibles.

David Cabello, a la derecha, en un acto con Carolina Marín y la presidenta del CSD, María José Rienda. (EFE)
David Cabello, a la derecha, en un acto con Carolina Marín y la presidenta del CSD, María José Rienda. (EFE)

Sin embargo, y tal y como se veía venir desde hace años, desgraciadamente no ha sido así. ¿Y saben por qué? Pues por la incapacidad (o algo peor) de los principales responsables de gestionar un fenómeno como el de Carolina Marín, a quien nunca se debió tener en contra, sino siempre a favor, y en un deporte relativamente sencillo de implantar e incluso de practicar como es el bádminton. Morir de éxito, ya saben...

Auditoría por irregularidades

La cruda realidad es que la FESBA está siendo auditada por graves irregularidades en sus cuentas. La situación es tan preocupante, que no sería de extrañar que tuviera que entrar en el Plan de Viabilidad del Consejo Superior de Deportes (CSD), a quien de momento el presidente, David Cabello, se ha visto obligado a demandar un préstamo de 185.000 euros para poder sanear sus maltrechas cuentas. Una solicitud, por cierto, que fue hecha sin consultar con los órganos de gobierno.

Y lo más lamentable de todo es que las penurias de la FESBA llegan tras unos años en los que más ingresos ha tenido como consecuencia principalmente de la organización de cuatro importantes eventos internacionales en España, en gran medida impulsados también por ser el país de Carolina Marín. A saber, el Campeonato de Europa disputado en Huelva, los Campeonatos de Europa Sénior de Guadalajara, los Juegos del Mediterráneo y el Barcelona Spain Masters, este último deficitario año tras año, de ahí el préstamo que el presidente se ha visto obligado a pedir.

Claro que todo puede tener una explicación cuando te enteras de que la misma persona que cobra un sueldo de 45.000 euros como director de eventos ha generado para su bolsillo unos beneficios extras de 40.000 euros por organizar estos cuatro eventos en 2018. Por no hablar, aunque todo se andará, de por qué hay quien factura a nombre de su hija o quien lo ha hecho durante varios años a nombre de su mujer, algo que tampoco es de extrañar si se tiene en cuenta que alguno de los altos cargos de la FESBA utiliza dos identidades arbitrariamente. La pregunta obvia es: ¿con qué objetivo?

Lo dicho, todo un fracaso de gestión (o algo peor) que teniendo a una deportista de la dimensión de Carolina Marín se tenga que acabar pidiendo un préstamo. Evidencia clara de que, con diferentes nombres, en este país los fenómenos más dañinos también se repiten cíclicamente y sin que nadie lo remedie. Bueno, al menos de momento...

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