ha mejorado en sus peores ejercicios

Simone Biles (y su cálculo renal) vuelve a impresionar para salvar la gimnasia

Simone Biles se ha metido en todas las finales del concurso y es favorita para ganar hasta seis medallas en los Mundiales que se están disputando en Qatar. Ahora sabe que tiene el control

Foto: Simone Biles. (EFE)
Simone Biles. (EFE)

Simone Biles no es como las demás. En lo que dura un salto, un par de segundos o tres, es capaz de aglutinar más elementos que nadie y reírse de las inercias y de la física para clavar los pies en la colchoneta al aterrizar como si nada hubiese pasado, como si no llegase de encadenar mortales, tirabuzones y giros varios. Estos días está en Doha, presentando uno de los mayores espectáculos que se pueden ver en el deporte universal. Es el Mundial de gimnasia y todo el mundo mira a Biles ¿a quién si no? Igual estamos hablando de la mejor de siempre.

Más todavía después de un año de retiro. Biles ha salido del foco de la gimnasia y eso la ha hecho todavía más importante. Ha generado más expectación que nunca, en parte por el simple hecho de que la reina ha estado silente, pero también porque en este año han ocurrido muchas cosas, algunas traumáticas en extremo, que han dejado a vista de todos que la gimnasia estaba inmersa en la mayor bajeza humana. Larry Nassar -y todos aquellos que le encubrieron- están demasiado presentes en el recuerdo como para que se pase sin más por encima. El deporte, en todo caso, necesita algunos puntos fuertes para resurgir, y a nadie se le ocurre uno mejor que Simone Biles.

Ella es la única capaz de cambiar los titulares turbios por algunos felices. Como ese que cuenta que se ha inventado un nuevo salto, uno increíble que será llamado Biles en los años venideros. Entra en el potro con una pirueta previa al trampolín, medio giro y doble vuelta y media en el aire. Es más sencillo verlo que explicarlo, y mucho más difícil ejecutarlo que contarlo. Tiene una dificultad de 6.4 y parece imposible que sea cosa humana.

Es uno más en los muchos prodigios de Simone, que ya tenía una figura a su nombre en suelo. El ejercicio de suelo, quizá el mejor -dentro de la excelencia- de Biles es realmente increíble, una sucesión artística de diagonales que quitan el aliento. Ha modificado detalles, para hacerlo más estético, para que los vuelos sean todavía más suaves dentro de la dificultad casi imposible que le pone a sus movimientos.

Ha estado un año sin competir, pero no ha sido un año sabático. Si acaso unos meses. No es difícil saberlo, solo hay que verla competir en las paralelas asimétricas. Es su talón de Aquiles, el único aparato en el que nunca se había metido en la final. Hasta Doha, donde se quedó a solo dos décimas de la mejor marca de las competidoras, conseguida por Nina Derwael.

Las paralelas asimétricas

Para lograr subir en esa especialidad, además de su evidente talento, ha empezado a trabajar con Laurent Landi, el genio del tema, entrenador en su momento de la campeona del evento, Madison Kocian. La ayuda del técnico pero, sobre todo, la tenacidad de la estrella, han hecho que su debilidad en ese entorno haya disminuido. Y ahora es difícil saber si será capaz o no de ganar también ese oro. De llegar a los seis. Porque también está en duda el de la barra fija, una prueba complejísima que también le costó un tiempo y paciencia. Las otras cuatro, con el concurso individual, el de equipos, el suelo y el salto, se dan casi por descontados.

Por si parece todo demasiado sencillo, lo está haciendo con una piedra en el riñón. La noche antes de las clasificatorias hizo un tuit, medio de broma, contando que había pasado un buen rato en urgencias dolorida con el cálculo renal. Lo que para cualquier otro ser humano sería sinónimo de estar en la cama entre quejas, a ella no le supuso un gran problema. Todo lo que hizo fue demostrar su infinito talento.

Todo eso tiene que ver con el deporte, pero con todo lo que ha ocurrido su figura no se puede limitar solo a eso. "Simone Biles tiene todo el poder, y ella lo sabe", titulaba hace quince días el portal 'Deadspin'. La explicación es fácil, no hay nadie en la federación americana que sea capaz de mantenerla la mirada. Con todo lo que ha ocurrido es obvio que la institución pasa el peor de los momentos. Tienen a Biles y al resto de las chicas.

Y tanto es así que Biles, hace poco, consiguió despedir a Mary Bono. La acababan de contratar como directora de la federación, y no se le ocurrió otra cosa que poner un tuit borrando el logo de Nike de una zapatilla. Su excusa era el reciente anuncio de Kaepernick y Bono, republicana, repudiaba a la marca por darle cobijo a alguien que se arrodillaba con el himno nacional. Biles reaccionó, puso un tuiit y recordó que las cosas no iban bien consiguiendo patrocinios. Más bien todo lo contrario. Pidió perdón Bono, pero no le sirvió de nada, terminó renunciando de su puesto.

Biles es la estrella, la que puede recuperar esos patrocinios. Las empresas salieron en desbandada de la gimnasia con todo el proceso de Nassar en el que Biles no testificó pero sí apoyó. Es una chica tímida, pero poco a poco va tomando conciencia de su importancia, de su poder, su capacidad para conseguir anunciantes. De lo fuerte que es su voz. Los mundiales de Doha son, una vez más, los de Biles. Aspira a su cuarto título en el concurso completo. Algo inimaginable.

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