ESTRENOS DE CINE

'Underwater': poco sentido, ninguna sensibilidad y muchos monstruos marinos

Kristen Stewart y Vincent Cassel se embarcan en una cinta de acción de ciencia ficción que hace aguas

Foto: Kristen Stewart y Vincent Cassel, en 'Underwater'. (Disney)
Kristen Stewart y Vincent Cassel, en 'Underwater'. (Disney)

Si hubiera que resumirlo en un 'tagline' —eslogan, en cristiano—, como tanto le gusta a Hollywood, 'Underwater' es una ciencia ficción de serie B revestida de fajos de billetes. De unos 72 millones de billetes de un euro, aproximadamente. Podría haber sido 'Monstruoso', pero se queda más cerca de un pastiche entre 'Deep Rising', 'Deep Blue Sea' y 'Alien'. Y a medida que avanza el metraje, en la película transpira una sensación de desorden, de caos, de un sálvese quien pueda en una historia que avanza errática y descontrolada por las profundidades abisales, igual que avanzan erráticos y confusos actores como Kristen Stewart y Vincent Cassel, presos de una relación contractual de la que parecen renegar en cada fotograma.

Con la perspectiva de un futuro apocalíptico debido al cambio climático y la sobreexplotación de recursos naturales por parte del ser humano, esta década se presenta fértil para el cine de catástrofes, que tuvo sus épocas doradas en los setenta y los noventa. Siguiendo los postulados del 'greenpunk', un subgénero de la ciencia ficción con vocación ecologista, los guionistas Brian Duffield y Adam Cozad, curtidos en el cine de acción, proponen una premisa interesante —aunque no novedosa— que al final se ve arrastrada por unos diálogos ya no convencionales sino reciclados y por unos personajes que responden a un arquetipo acartonado y a los que ni el director ni los actores han conseguido insuflar algo de verdad. En particular, el de T.J. Miller, que es básicamente una copia de su papel en 'Silicon Valley', siempre con una réplica pretendidamente ingeniosa pero forzada.

Otro momento de 'Underwater'. (Fox)
Otro momento de 'Underwater'. (Fox)

La película arranca con la voz en 'off' de Kristen Stewart regalando una reflexión pseudo existencialista no demasiado sofisticada, pero que sirve para jugar con un tempo y un clima roto abruptamente por un comienzo frenético que anuncia más de lo que la película acaba ofreciendo. Stewart es una mecánica con maneras de Ripley que trabaja en una prospección petrolífera submarina que parece haber compartido el diseñador de interiores con la USCSS Nostromo. En un día cualquiera de los muchos días que han compuesto la rutina de Norah, que así se llama el personaje, un fallo de la estructura provoca que la presión agriete la base y destroce gran parte de la estructura, matando a la mayor parte de la tripulación y dejando a los pocos supervivientes atrapados, incomunicados y con pocas posibilidades de llegar a la superficie.

Los tripulantes descubrirán que el peligro viene de las profundidades y es algo hasta ahora desconocido para la comunidad científica

Pero la trama se complica. Norah y sus compañeros, capitaneados por W. Lucien (Cassel), deben atravesar los restos de la nave y aventurarse en la oscuridad abisal para poder llegar a unas cápsulas de salvamento con las que poder escapar. Y si en el comienzo el grupo había achacado la avería a un seísmo que había provocado las fisuras en la estructura, a mitad de camino se darán cuenta de que el peligro viene de las profundidades y es algo hasta ahora desconocido para la comunidad científica: una nueva especie de monstruos marinos. Y a partir de la primera inmersión es cuando la película de William Eubank empieza a hacer aguas. Primero por el diseño de los paisajes submarinos y la factura de los efectos generados por ordenador, que hacen buenos los de 'Aquaman'. Sin embargo, Euban sí consigue transmitir el agobio de encontrarse perdido en lo desconocido con planos muy cerrados en los que nada se ve iluminado más allá del rostro de los miembros del equipo, quienes están enfundados en unos sofisticados trajes que evocan los de los protagonistas de 'Pacific Rim'.

Vincent Cassel es el capitán Lucien. (Fox)
Vincent Cassel es el capitán Lucien. (Fox)

Y segundo, por la falta de coherencia interna y la sensación de que o el guion ha sufrido demasiadas reescrituras o se han eliminado escenas del metraje final: hay agujeros en las relaciones entre personajes y en la propia acción, que pasa de una narración atropellada a un ritmo dilatado y reiterativo en el que no queda muy claro quién está haciendo qué y por qué lo hace. La zona abisal, además de estar abonado de peligros, también lo está de casualidades. Los trasfondos emocionales están construidos con el martillo pilón: a base de subrayado —el drama emocional que mantiene a Nora en perpetuo estado mohíno— o recursos inverosímiles —la relación del capitán Lucien y su hija—. Tampoco se entiende, más allá del artificio, por qué el personaje de Emily (Jessica Henwick) pasa sin transición de la cobardía más absoluta a una iniciativa casi kamikaze o el nulo instinto de supervivencia de los miembros de la tripulación. Y cuando no saben qué rol aportarles, los convierten en fardos dramáticos inertes.

Cartel de 'Underwater'.
Cartel de 'Underwater'.

En 'Underwater', también hay una intención de reivindicar el empoderamiento femenino que solo cuaja hasta que el director decide que Stewart y Hendrick corran en ropa interior por los pasillos de una estación submarina al borde de la destrucción. Una destrucción de la que es culpable el propio ser humano, por jugar a ser Dios y maltratar la naturaleza —"le hemos quitado demasiado, y ahora viene a cobrárselo", reflexiona Norah— y que será la perdición de la especie si no empiezan a tomarse medidas. Pero si son las medidas que toma la protagonista, mejor irse bien lejos de estas aguas que se creen más profundas de lo que en realidad demuestran.

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