ESTRENOS DE CINE

'Fortuna': ¿existe Dios? No para todos

El segundo largometraje del suizo Germinal Roaux plantea la cuestión de la fe en el contexto de una refugiada etíope de 14 años alojada en un convento de curas suizos

Foto: Bruno Ganz estrena póstumamente 'Fortuna', seleccionada en la última Berlinale. (Elamedia)
Bruno Ganz estrena póstumamente 'Fortuna', seleccionada en la última Berlinale. (Elamedia)

Le pregunta Fortuna (Kidist Siyum) al padre Jean (Bruno Ganz) si a él Dios le escucha. "Porque a mí no; no me está ayudando", lamenta. Le resulta difícil creer en la existencia de un Dios todopoderoso y benévolo cuando la vida te ha tratado a patadas. Porque no es lo mismo creer en las bondades del Altísimo desde la comodidad de un sofá Starck que desde el tablón húmedo de una patera. Aun así, la joven refugiada etíope no vacía la boca de avemarías y plegarias. Tiene 14 años y ya ha vivido mucho más que cualquiera de los curas que la aconsejan y le dan cobijo en el centro de acogida suizo en el que, de momento —allí nadie se queda mucho tiempo—, vive. "Sabes que estoy sola en un país que no conozco, con un idioma que no hablo y en una vida que no comprendo", le reza a la Virgen.

En su segundo largometraje como director y guionista, el suizo Germinal Roaux, apunta a la hostilidad a la que tiene que hacer frente su protagonista, Fortuna —de allí el título—, que por su condición de menor, de mujer y de refugiada es la víctima más vulnerable de un sistema —y una sociedad— que no suele tener misericordia con los débiles. Fortuna está expuesta a abusos de los que ni siquiera es consciente y, desde luego, a tratos que un país civilizado no aceptaría para con sus propios ciudadanos, y menos si estos fueran niños como ella. Del pasado de ella, el espectador algo intuye a través de las secuencias oníricas, entre el recuerdo y la pesadilla, de las olas del mar amenazantes, casi desde la perspectiva de un ahogado.

Bruno Ganz es el padre Jean en 'Fortuna'. (Elamedia)
Bruno Ganz es el padre Jean en 'Fortuna'. (Elamedia)

Más allá de una burocracia implacable que, además, muchas veces actúa de manera insensible —la policía se presenta de noche y despierta y obliga a salir a los asilados al exterior nevado—, Roaux se centra en la soledad e incomunicación de una niña desprotegida que carece de un entorno familiar y emocional adecuado. Aparte de ser también carne de cañón entre sus propios compañeros de asilo. Pero el director no se recrea en los aspectos más negativos de la situación de Fortuna, sino que también da espacio a gestos de empatía y amor que reconcilian con la condición humana: a falta de vínculos y lazos afectivos naturales, los refugiados intentan rediseñar su propio concepto de familia, que es multilingüe y multiétnica y que en 'Fortuna' se retrata a través del costumbrismo y la rutina del convento, en general protagonizada por mujeres: mujeres que limpian, mujeres que cocinan, mujeres que bailan y que construyen lo más parecido en esas circunstancias a una sensación de hogar.

Bruno Ganz, en uno de sus últimos papeles, estrenado póstumamente en España, interpreta al cura que dirige el convento

Bruno Ganz, en uno de sus últimos papeles, estrenado póstumamente en España, interpreta al cura que dirige el convento en el que el resto de sacerdotes acaban planteándole la incompatibilidad de la vida reflexiva y espiritual que habían elegido con la labor de acogida de los refugiados. "No estamos listos para esto", aducen. El director señala ahí las incongruencias de un clero cuyo deber es, en teoría, ayudar a los más desfavorecidos y que da la espalda a los refugiados en cuanto se enfrentan a la menor desavenencia. "Fides sine operibus mortua est'. La fe sin obras está muerta", contesta el padre Jean. Y no será la única encrucijada dogmática a la que se enfrentarán.

Otro momento de 'Fortuna'. (Elamedia)
Otro momento de 'Fortuna'. (Elamedia)

Al igual que en su anterior película, 'Left Foot Right Foot' (2013), Roaux ha optado por la imagen en blanco y negro. Y, en esta ocasión, también por el ratio de aspecto cuatro tercios, el formato cuadrado habitual en el cine clásico. Una propuesta que recuerda mucho, quizá demasiado, a la del cine del polaco Pawel Pawlikowski en 'Ida' (2013) o 'Cold War' (2018). Y aunque los encuadres en el caso del suizo son más simétricos, en algunos planos recurre también a la descompensación y a la fragmentación desequilibrada del espacio, lo que hace la semblanza mucho más obvia.

Cartel de 'Fortuna'.
Cartel de 'Fortuna'.

A pesar de la belleza de las imágenes, el director no consigue acompañarlas de una narrativa sugerente. Quizás hay algo de artificioso en los silencios prolongados y en el ritmo lánguido y melancólico. Aunque la mirada inocente y llena de verdad de Kidist Siyum difícilmente no despertaría empatía, pesa más el exceso formal, que acaba distanciando de la historia: la analogía final con el pollo resulta casi obscena. Sin embargo, 'Fortuna' es una buena película que podría haber sido mucho más cálida y efectiva si no se hubiese dejado llevar por el efectismo.

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