ESTRENOS DE CINE

'Richard Jewell': Eastwood, propaganda trumpista y medias verdades

Basado en hechos reales, el filme acaba recurriendo al mismo tipo de suposiciones, rumores y mentiras que cree estar condenando

Foto: Sam Rockwell, Kathy Bates y Paul Walter Hauser, en 'Richard Jewell', la última película de Clint Eastwood. (Warner)
Sam Rockwell, Kathy Bates y Paul Walter Hauser, en 'Richard Jewell', la última película de Clint Eastwood. (Warner)

Clint Eastwood se ha mostrado especialmente interesado en la historia estadounidense reciente al menos desde que exploró la Segunda Guerra Mundial en el díptico formado por 'Banderas de nuestros padres' (2006) y 'Cartas desde Iwo Jima' (2006). Pero cuatro de las cinco películas que ha dirigido en el último lustro —'El francotirador' (2014), 'Sully' (2016), '15:17 Tren a París' (2018) y ahora 'Richard Jewell'— están tan particularmente conectadas que casi podrían ser consideradas una tetralogía. Todas ellas son recreaciones de hechos reales protagonizados por hombres anónimos convertidos en héroes a causa del destino, las circunstancias o una férrea determinación, y reflexiones sobre cómo el sentido del deber cívico del ciudadano común aflora y, en el proceso, pone en evidencia qué fallidas y malvadas son las instituciones modernas.

Richard Jewell trabajaba como guardia de seguridad durante los Juegos Olímpicos de Atlanta de 1996. El 27 de julio, descubrió una mochila que contenía tres artefactos explosivos y, tras alertar a las autoridades, las ayudó a evacuar la zona y evitar así una auténtica masacre. Fue aclamado como un héroe, al menos hasta que el FBI lo identificó como el posible terrorista. Dejó de ser sospechoso unos meses, pero para entonces la opinión pública ya lo había condenado a perpetuidad —murió 11 años después, con solo 44—. En todo caso, lo que Eastwood parece pretender con la dramatización de su caso no es tanto limpiar su nombre de una vez por todas como convencernos de que no podemos confiar ni en las autoridades ni en lo que leemos en los periódicos.

Paul Walter Hauser es Richard Jewell. (Warner)
Paul Walter Hauser es Richard Jewell. (Warner)

La película hace varias cosas bien. De entrada, es una instantánea fiel de un tiempo y un lugar, y lo demuestra a través de esas imágenes de vecinos atlanteses que bailan la 'Macarena' o documentan el ambiente de los Juegos con sus cámaras digitales, o capturando las modas de la época y dejando claro que, aunque en realidad no queda tan lejos, aun así el 96 es la prehistoria. Asimismo, explora con eficacia el conflicto entre la apariencia de Jewell y su idea de sí mismo, y su gradual desengaño con esos agentes de la ley con quienes tan desesperadamente desea congeniar.

Primero resulta emocionante, luego genera tensión, después no pasa realmente nada en ella y, finalmente, se acaba

En cualquier caso, por lo demás, 'Richard Jewell' es dramáticamente amorfa. Su estructura podría resumirse así: primero resulta emocionante, luego genera tensión, después no pasa realmente nada en ella y, finalmente, se acaba. Esa narrativa extrañada y anticlimática ya estaba presente en 'Sully' y en '15:17 Tren a París', que también compartían con la nueva película el desinterés en hacer justicia a la magnitud de los acontecimientos recreados, a la intimidad de los personajes y al contexto histórico; aunque a buen seguro se trata de una estrategia deliberada, no queda claro cuál es su objetivo.

Jon Hamm, en otro momento de 'Richard Jewell'. (Warner)
Jon Hamm, en otro momento de 'Richard Jewell'. (Warner)

Más cuestionables, en todo caso, resultan el descaro y la falta de sutileza con que Eastwood trata de hacer proselitismo de su desagradable ideario político —aunque, por supuesto, es libre de tenerlo y de no ser juzgado por él—. Su principal intención, decimos, es enfatizar cómo los derechos de Jewell fueron sistemáticamente violados tanto por las autoridades como por la prensa, y para ello no duda en tomarse ciertas licencias con la verdad. De entrada, el agente del FBI Tom Shaw (Jon Hamm) nunca existió —está vagamente inspirado en varios de los investigadores que llevaron el caso—; y aunque Kathy Scruggs (Olivia Wilde) está basada en una mujer real —es la reportera del 'Atlanta Journal-Constitution' que coescribió el artículo que precipitó el apedreamiento público de Jewell—, nadie lo diría. Lo cierto es que Eastwood convierte ambos personajes en meras caricaturas con el fin de hacer su propaganda trumpiana más explícita; y especialmente se ceba con Scruggs, retratándola sin pruebas como una víbora que ofrece sexo a cambio de información. Es una decisión no solo misógina sino probablemente difamatoria. El 'Atlanta Journal-Constitution' ya ha anunciado que emprenderá las acciones legales pertinentes.

Cartel de 'Richard Jewell'.
Cartel de 'Richard Jewell'.

Una versión menos sesgada de la película habría mostrado más esfuerzo por entender que el pasado de Jewell, sus aficiones y su gran colección de armas eran motivo suficiente para que los investigadores sospecharan de él, y por entender que en última instancia Scruggs hizo su trabajo —informar de algo cierto: que el FBI tenía el foco puesto en Jewell—. Y quizá no habría ignorado casi por completo al que resultó ser el verdadero terrorista, un fanático religioso y ultraconservador cuyas diatribas contra la amenaza socialista bien podrían haber sido pronunciadas por el propio Eastwood. En lugar de eso, y para subrayar que el hombre común se encuentra indefenso a merced de las manipulaciones del sistema y de las 'fake news' de los medios de comunicación, 'Richard Jewell' acaba recurriendo al mismo tipo de medias verdades, suposiciones, rumores y mentiras que cree estar condenando.

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