ESTRENOS DE CINE

'El traidor': así acabó un soplón con la Cosa Nostra

Marco Bellocchio recrea los juicios que en los años ochenta y noventa desmantelaron la mafia siciliana

Foto: Pierfrancesco Favino es Tommaso Buscetta, el primer mafioso importante que rompió la 'omertà'. (Vértigo)
Pierfrancesco Favino es Tommaso Buscetta, el primer mafioso importante que rompió la 'omertà'. (Vértigo)

El 21 de mayo de 1986, el jefe mafioso Salvatore Ercolano se presentó ante el juez con la boca cosida con aguja e hilo, de comisura a comisura. Un momento tan 'drama queen' como elocuente sobre la 'omertà' que hasta entonces había regido el funcionamiento de la Cosa Nostra. A Marco Bellocchio puede que le pese una fecha de estreno tan próxima a 'El irlandés', y también la pulcritud y falta de nostalgia de un retrato de la mafia que dista mucho de la visión estética de la mafia 'scorsesiana'. Porque no hay piedad en 'El traidor', sino un ojo analítico y riguroso que reconstruye el momento histórico en el que la Cosa Nostra dejó de ser una entelequia para destaparse como una estructura sólida, real y enraizada hasta el mismo corazón del Estado italiano.

Aunque comienza como un 'thriller', el último filme de Belocchio, nominado a la Palma de Oro en el último Cannes, se transforma finalmente en un drama procesal que recrea el macrojuicio que llevó a la cárcel a la plana mayor de la mafia palermitana y corleonesa en los años ochenta y que, gracias a las delaciones de Tommaso Buscetta, miembro relevante de la Cosa Nostra, permitió conocer el funcionamiento interno de una organización tan enfrentada como íntimamente ligada al Gobierno y las administraciones italianas. Y lo hace desde el punto de vista de Buscetta, interpretado por un contundente Pierfrancesco Favino, que sufre la estética capilar del italodisco ochentero.

Pierfrancesco Favino, protagonista de 'El traidor'. (Vértigo)
Pierfrancesco Favino, protagonista de 'El traidor'. (Vértigo)

Bellocchio apunta a lo contradictorio de los códigos de honor por los que se rige la institución —el soplo es un pecado mayor que el asesinato— y lo ineludible de las represalias, tanto para los desertores como para los cargos públicos que se atrevieron a enfrentarse a la Cosa Nostra: una de las secuencias más imponentes de 'El traidor' recrea un atentado en el que la mafia hizo volar un puente por los aires. Y el director recurre a imágenes reales —lo hará en varios momentos a lo largo del metraje— para recordarle al espectador que lo narrado, en esencia, no es una ficción.

Una de las secuencias más imponentes de 'El traidor' recrea un atentado en el que la mafia hizo volar un puente por los aires

La foto de familia con la que comienza Bellocchio es el preludio de una ruptura entre las ramas de Palermo y Corleone que acabará en guerra abierta. Es el principio de los ochenta y la heroína pega fuerte en Italia. Tanto, que los hijos de los propios narcotraficantes acaban enganchados al jaco. Buscetta se exilia a Brasil bajo una identidad falsa con su mujer embarazada antes de que estalle el enfrentamiento, y mientras él disfruta de las playas de Río, las calles de Palermo se alfombran de cadáveres. El capo Totó Riina, de los Corleonesi, ha ordenado acabar con el clan rival.

La recreación del juicio de Tommaso Buscetta. (Vértigo)
La recreación del juicio de Tommaso Buscetta. (Vértigo)

Cuando las autoridades brasileñas descubren a Buscetta —Bellocchio no escatima en crítica contra la brutalidad policial— lo extraditan de vuelta a Italia, y Buscetta decide hacer un trato con la Justicia para protegerse a sí mismo y a su familia. El director concede al personaje protagonista cierta integridad, dentro del contexto de una organización criminal. "No soy un arrepentido", se defiende una y otra vez, y se muestra como un padre de familia cariñoso y un hombre con escrúpulos y límites éticos. "La mafia no existe, es una invención periodística. La Cosa Nostra. Así se llama. Los hombres de honor la llamamos así". Incluso en su traición a su propia familia, Buscetta encuentra el consuelo de una dignidad que el director niega a una mafia que dista mucho de sus orígenes humildes y de protección al débil.

Durante el proceso, el director coloca al juez Giovanni Falcone (Fausto Russo Alesi) en el lugar del espectador para poder desvelar los entresijos de la Cosa Nostra sin tener que recurrir a una voz en 'off' o una infografía. La segunda mitad de 'El traidor' se centra en el género judicial; la acción se ralentiza y el ritmo acaba resintiéndose por culpa de una propuesta lenta y excesivamente estática. Sin embargo, es interesante cómo subraya la sensación de inseguridad del protagonista aun estando en un lugar tan sagrado como una corte judicial. Una metralleta encasquillada. Un hombre pelando a cuchillo una navaja. Cualquier gesto resulta intimidante porque cualquiera tiene un precio, y la mafia paga bien.

Cartel de 'El traidor'.
Cartel de 'El traidor'.

El contenido sigue siendo interesante, el testimonio de las corruptelas que han convertido Sicilia en una sociedad paragubernamental, pero Bellocchio apuesta por un clasicismo que no distrae pero tampoco aporta. Tampoco se entiende muy bien por qué el director se permite un par de secuencias oníricas cuando el resto del filme se ajusta a unos códigos realistas. El título de 'El traidor' funciona tanto en su significado literal como de manera irónica, ya que Buscetta representa a una minoría que se atrevió a posicionarse públicamente contra la Cosa Nostra y gracias a cuya labor las autoridades detuvieron a 366 delincuentes y condenaron a los grandes capos mafiosos incluso a cadena perpetua. Porque "la mafia no es invencible; como tuvo un comienzo, tendrá un final".

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