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'Un día más con vida': de cómo Kapuscinski sobrevivió a la Guerra de Angola

Esta animación adapta el libro homónimo de Kapuscinski donde relata cómo el conflicto civil en Angola, campo de batalla de la Guerra Fría, lo marcó como persona y como periodista

Foto: Raúl de la Fuente y Damian Nenow dirigen 'Un día más con vida'. (Golem)
Raúl de la Fuente y Damian Nenow dirigen 'Un día más con vida'. (Golem)

La imagen de Ryszard Kapuscinski como epónimo del corresponsal de guerra en el último tercio del siglo XX se empezó a forjar con 'Un día más con vida', el libro escrito a partir de su experiencia en la guerra civil en Angola en 1975. El país africano se encontraba entonces en pleno proceso de descolonización y, en este contexto inestable, una serie de facciones que habían luchado ya enfrentadas contra el enemigo común portugués estallaron en un conflicto armado interno que se alargó durante décadas. En plena Guerra Fría, Angola devino uno de los escenarios más cruentos en la batalla entre el bloque capitalista y el comunista por expandir sus áreas de influencia. Los dos principales bandos en el conflicto bélico angoleño, el Unita y el FNLA por un lado y el MPLA por el otro, recibían respectivamente el apoyo de Estados Unidos y Sudáfrica, y de la URSS y Cuba. El MPLA proclamó desde la capital, Luanda, la independencia de la nación y formó Gobierno. Pero las injerencias del polo capitalista mantuvieron viva la violencia.

Con este panorama de 'confução', el término que usaban los locales para describir la situación, se encuentra el periodista polaco cuando aterriza en el país, en un momento en que la mayoría de prensa internacional evitaba este territorio por el peligro que entrañaba. Kapuscinski ermaneció en Angola durante tres largos meses que cambiaron también su idea de cuál debía ser la implicación de un periodista en un conflicto de este tipo y de qué manera debía trasladar su posicionamiento a los lectores. 'Un día más con vida' aborda pues el conflicto geopolítico en Angola a través de todo el proceso de evolución personal y profesional que supone para el autor de 'El Imperio'.

Un fotograma de la película 'Un día más con vida'. (Golem)
Un fotograma de la película 'Un día más con vida'. (Golem)

La adaptación a la gran pantalla de la obra de Kapuscinski, codirigida por el español Raúl de la Fuente y el polaco Damian Nenow, recurre a un planteamiento hasta hace poco insólito en el cine pero que va cobrando cada vez más adeptos: el de la animación que incorpora fragmentos concretos de imagen real. En el mundo del cómic existe una rica tradición, de Joe Sacco a Guy Delisle, de abordar desde el dibujo el periodismo de guerra o en países en conflicto. En el cine, es una práctica que cobró popularidad sobre todo a partir de 'Vals con Bashir' (2008). El filme de Ari Folman no se limitaba a retratar a través de la animación lo que tantas otras películas recreaban desde alguna modalidad del documental o en dramatizaciones con imagen real. El recurso al dibujo en la película adquiría un sentido propio en dos aspectos. Rompía con la idea de veracidad que se asocia a la imagen real para moverse en el terreno más resbaladizo —en lo que a reconstrucción de hechos se refiere— de la memoria y permitía adentrarse en una experiencia más onírica de la realidad.

El filme se adentra en uno de los frentes de guerra más conflictivos

De la Fuente y Nenow conservan esta última cualidad de la animación en su película. En su mayor parte, 'Un día más con vida' se inscribe en ese subgénero del periodismo de guerra que ha dado grandes títulos como 'Bajo el fuego' o 'El año que vivimos peligrosamente'. El filme resigue los pormenores del conflicto en Angola desde el punto de vista de Ricardo, como le llamaban allí, que se adentra en uno de los frentes de guerra más conflictivos mientras las potencias internacionales mueven ficha por su cuenta en el terreno. Los acontecimientos se narran a través de la animación, pero también se recurre a fotografías e imágenes de archivo históricas para complementar el contexto, y a entrevistas a los protagonistas supervivientes del conflicto, que sirven de contrapunto desde el presente al relato de Kapuscinski.

Otro momento de 'Un día más con vida'. (Golem)
Otro momento de 'Un día más con vida'. (Golem)

Estas infiltraciones no siempre necesarias del reportaje periodístico más clásico se combinan con las potentes secuencias en que la animación permite plasmar la experiencia de la 'confução', el estado febril que supone sumergirse en un conflicto bélico y la vivencia de la guerra como un delirio pesadillesco o alucinado que no podría mostrarse de igual forma a través de procedimientos tradicionales.

Cartel de 'Un día más con vida'.
Cartel de 'Un día más con vida'.

En un momento del filme, Kapuscinski comenta con otros periodistas el hecho de que África cuenta con millones de víctimas y no obstante no hay ninguna figura concreta que las represente. Les falta un Che. Como buen literato y periodista, el polaco siente la necesidad de poner nombre a los protagonistas de la revolución angoleña para así trasladar mejor su relato y evitar que caigan en el olvido. En el filme, destaca la figura del portugués rebelde Farrusco, una especie de héroe legendario que se convierte en el objetivo al que el periodista quiere llegar para cumplir su misión en el país. Pero 'Un día más con vida' rescata ante todo la figura icónica de Carlota, la joven guerrillera que fascinó a Kapuscinski antes de morir en combate. Una mujer llena de vida, esperanza y fuerza que encarna mejor que nadie el espíritu de tantas revoluciones aplastadas.

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