Joe Sacco cubre la Primera Guerra Mundial
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el dibujante recrea la batalla del somme

Joe Sacco cubre la Primera Guerra Mundial

Puedes buscarle entre los miles de personajes que se acumulan por las trincheras, que se refugian donde pueden, entre los jinetes, los artilleros, pero no encontrarás

placeholder Foto: Una de las escenas de 'Gran Guerra', que Literatura Random House publicará en España, en febrero.
Una de las escenas de 'Gran Guerra', que Literatura Random House publicará en España, en febrero.

Puedes buscarle entre los miles de personajes que se acumulan por las trincheras, que se refugian donde pueden, entre los jinetes, los artilleros, pero no encontrarás a ese Joe Sacco que denunciaba la cruda realidad de un pueblo sometido a la barbarie de una guerra en Gorazde o en Palestina. El dibujante y periodista ha cambiado conflicto contemporáneo por el pasado: la Primera Guerra Mundial. Ha viajado en el tiempo y en su trayecto ha desaparecido del relato.

No es lo único que ha variado en sus fórmulas habituales. En la nota preliminar del libro reconoce que la Primera Guerra Mundial le interesa desde niño, cuando vivía en Australia y celebraban en el colegio, el 25 de abril, el aniversario de la batalla de Gallipoli, en la que Australia, Nueva Zelanda y británicos lucharon contra el imperio otomano. Era, como vemos, un asunto pendiente, porque dice que le “nubla la visión acerca de la humanidad”. Barbarie contra humanidad, el motivo de todos sus libros hasta el momento.

La idea de recrear la Gran Guerra viene de atrás, cuando vivía en Nueva York, en los noventa, durante una cena con un joven editor llamado Matt Weiland, con quien Sacco compartía la fascinación por esta guerra. Quince años después, Weiland llegó a la editorial WW Norton & Company y una de las primeras llamadas que hizo fue a su amigo para preguntarle si estaba listo para entrar en guerra. Lo estaba.

En silencio y en pausa

Pero hablábamos de rupturas: además del final de la voz autobiográfica, Gran Guerra es una narración sin palabras. Hechos y acontecimientos dibujados. Acción en narración centrífuga a partir de 24 grandes escenas panorámicas y desplegables, abarrotadas por el tumulto, el ruido y la muerte. El autor obliga a una lectura minuciosa que sigue el detalle, el estudio psicológico de cada uno de los miles de personajes que entran en escena.

Ha elegido el día más sangriento de la Primera Guerra Mundial, ha congelado la escena del uno de julio de 1916 y ha recreado un instante en la batalla del Somme, donde hubo más de un millón de bajas entre ambos bandos cuando las fuerzas británicas y francesas trataron de romper las líneas alemanas a lo largo de un frente de 40 kilómetros, en el norte de Francia. No hay protagonistas, la atención es para la guerra. Nadie habla, pero todo es murmullo y jaleo. Nervios, miedo. Es una masa retratada al extremo en blanco y negro.

war pic 5En EEUU acaba de publicarse y aquí lo hará en Literatura Random House, en febrero. “Es una visión documentalista muy interior, con un nivel técnico insuperable”, explica Mónica Carmona sobre el libro. Además del giro notable al abandonar el reporterismo y la palabra, prueba con un dibujo expansivo que obliga al libro a desplegarse como un acordeón, para dar cobijo a grandes escenas panorámicas que remiten directamente a las grandes visiones de batalla medievales.

Épica y plástica medieval

Sacco se refiere al tapiz de Bayeux como referencia principal, un gran lienzo bordado en el siglo XI, de casi 70 metros de largo, que relata mediante la sucesión de imágenes los hechos previos a la conquista normanda de Inglaterra. “Lo que quería retratar era un ejército muy grande con un objetivo: seguir adelante y morir juntos”, dice.

war pic 1Además de la épica y la plástica medieval, el autor de Gorazde: zona protegida ha elegido un ambiente claustrofóbico y asfixiante para el libro que recuerda vivamente al trabajo de los hermanos Chapman, a las estampas de los desastres de la guerra de Goya, a El Bosco, como una película muda a cámara lenta.

Hay tristeza, hay rabia, hay caballos, letrinas, artillería pesada, ruinas, alambre de espino, explosiones, mochilas y granadas de mano, zanjas, camillas y tumbas, hay un oficial que vomita en un extremo, un soldado que se retuerce de dolor sobre una camilla, alegres soldados que llegan con el reemplazo, otros que preparan el rancho, una multitudinaria fila de cascos sobre las interminables trincheras…

Una experiencia íntima

Documentación, documentación y documentación. Sacco estuvo ocho meses para rematar los primeros bocetos a lápiz, pero antes había pasado una semana encerrado en los archivos fotográficos del Imperial War Museum de Londres, copiando el equipamiento, los uniformes; consultó a historiadores, los manuales de servicio de campo, para recrear fielmente los acontecimientos. Dice el autor que piensa en la Primera Guerra Mundial como una línea que dividió nuestra era del pasado.

war pic 4El método y el proceso también se han visto alterados. Dice que ha trabajado en su escritorio, en zapatillas, sin botas con barro. Ha dormido en su propia cama, algo que le agrada tanto que parece que al dibujante de 53 años le va a costar volver a los antiguos hábitos, porque después de finalizar un nuevo libro (sobre los entierros masivos de Srebenica) no cree que vaya a regresar al reportaje. Quiere entrar en la psicología del acontecimiento y parece que el periodismo no se lo permite.

“Cuando dibujas, experimentas las cosas a un nivel mucho más profundo, debido a la manera de habitar la escena. Cuando dibujas habitas cada persona. Tienes que dotar de individualidad a cada figura, sin importar lo pequeños que sean. Les estoy mandando a la guerra y de alguna manera les estoy asesinando. Dibujar una guerra es una experiencia muy íntima”, explica Sacco en el prólogo. Tan íntima que el espacio cambia, el tiempo se altera y unos pocos centímetros de dibujo representan cientos de metros reales. En esos centímetros el horror se destila en leves golpes casi camuflados. Lo peor: el lector se convierte en un buscón morboso. ¿O ya lo era?

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