publica 'tú no matarás'

Julia Navarro: "El gobierno socialista quiere amordazar a la prensa"

La autora de 'Dime quién soy' y 'Dispara, yo ya estoy muerto' vuelve con una novela ambientada en la Europa convulsa de los años 40

Foto: Julia Navarro en un café de Alejandría. (Juan Manuel Fernández)
Julia Navarro en un café de Alejandría. (Juan Manuel Fernández)

Hace catorce años que publicó su primera novela, así como por casualidad, y ahora Julia Navarro es uno de los pesos pesados de la industria editorial española: no sólo por el volumen de las novelas que escribe, sino por la locura que se desata en las librerías cada vez que publica un título nuevo. Con 'Dime quién soy' (2010) ha vendido más de un millón de ejemplares y se ha traducido al inglés, alemán, italiano, holandés y húngaro (entre otros idiomas). 'Dispara, yo ya estoy muerto' (2013) salió con una tirada de 200.000 ejemplares que rápidamente desaparecieron de las librerías e 'Historia de un canalla' (2016) hizo lo propio con una primera tirada en España y América Latina de 100.000 ejemplares más. Este jueves 25 de octubre reaparece con 'Tú no matarás', una novela ambientada en la posguerra española (a la autora no le gusta la etiqueta de 'novela histórica') en la que visita el Madrid miserable de principios de los 40, la Alejandría bohemia y exótica del poeta Lawrence Durrell y la Francia dividida por la ocupación nazi.

Portada de 'Tú no matarás'
Portada de 'Tú no matarás'

Una novela protagonizada por tres jóvenes, Catalina, Fernando y Eulogio, a quienes la Guerra Civil les ha arrancado el proyecto vital, que se embarcan en una huida fuera de la España gris del franquismo en busca de oportunidades y de una vida libre del estigma de los vencedores y vencidos. Navarro traslada a sus protagonistas a Alejandría, un destino no habitual de los exiliados españoles, para resaltar el contraste de dos sociedades que han seguido caminos muy diferentes en los últimos 70 años. Porque la libertad es un derecho muy frágil. Y precisamente las calles bulliciosas de Alejandría, con la Biblioteca enfrentando el mar, la casa de Cavafis a la vuelta de una esquina y el anfiteatro romano resurgiendo bajo la tierra polvorienta del barrio de Kom el-Deka, han sido el escenario elegido por Navarro para presentar 'Tú no matarás'.

PREGUNTA. En 'Tú no matarás' vuelve al marco posterior a la Guerra Civil, pero también salta al Egipto colonial en el momento previo al movimiento de independencia y a la Europa de la Segunda Guerra Mundial. ¿Qué tiene la década de los 40 del siglo XX que le atrae tanto como escenario literario?

RESPUESTA. El siglo XX es un siglo apasionante por la cantidad de sucesos realmente dramáticos que tuvieron lugar. Es un siglo que a mí me apasiona novelar; todas mis novelas transcurren en esa época. La España recién terminada la Guerra Civil, por ejemplo, que era esa España que cuando yo estaba escribiendo veía todo en blanco y negro, y el escenario de la Segunda Guerra Mundial, concretado aquí en Alejandría, que era una ciudad cosmopolita en esos años 40, un punto de reunión de espías, vividores, diplomáticos y militares. Era una colonia inglesa, un lugar donde se vivía al mil por mil. Y luego termino ‘Tú no matarás’ en París, que representa el final del exilio. Yo siempre hago novelas de personajes, así que este tipo de escenarios del siglo XX me permiten hacer que aflore lo peor y lo mejor de esos personajes.

P. Comenzó a escribir su séptima novela en 2013, pero cuenta que tuvo que parar durante un tiempo y retomarla alrededor de 2016. ¿Por qué?

R. Antes de ponerme a escribir un libro siempre pienso durante unos meses qué quiero contar y cómo son los personajes, y desde el primer momento tuve claro que iban a ser tres libros en uno. La primera parte, que es la que trata la Guerra Civil, me producía un enorme dolor. Yo siempre intento mimetizarme y sentir como ellos, así que terminé dolorida, exhausta, insegura. Fui incapaz de continuar adelante.

Julia Navarro en el Fuerte de Qatbay en Alejandría. (Juan Manuel Fernández)
Julia Navarro en el Fuerte de Qatbay en Alejandría. (Juan Manuel Fernández)

P. Ha situado parte de la acción en el barrio de su infancia. Aunque usted es demasiado joven como para haber vivido la posguerra inmediata, ¿qué recuerdos tiene de lo que se contaba en su casa?

R. Situé la novela en mi barrio porque empecé a darme cuenta de que había muchas historias que yo había escuchado en casa (me pasó con ‘Dime quién soy) y que me habían servido para conocer mi propia historia familiar. Cuando empecé a pensar en los personajes, me vinieron a la memoria personas de las que había oído hablar en casa. Con retazos de esos recuerdos fui construyendo los personajes de la novela. Y eso me supuso un desgaste emocional enorme. Me di cuenta de que esas historias que yo había escuchado en casa cuando era pequeña o adolescente, de las que hablaban mis abuelos en voz baja y a las que no prestaba ninguna atención porque no me interesaban nada, eran dignas de ser rescatadas, porque es la historia familiar de todos los españoles. Recuerdo estar sentada en el sillón y oír hablar a mis abuelos en voz baja (siempre se hablaba de la Guerra Civil en voz baja), siempre con esa sensación de temor. ¿Qué pasa con Fulanito, con Menganito, con el tendero?

El peso de la moral y de la religión en aquella época era absolutamente ominoso

P. Precisamente 'Tú no matarás' es una historia de las víctimas de la Guerra a través de las pequeñas historias cotidianas.

R. Es que hubo mucha gente a la que le arrancaron su proyecto de vida de la noche a la mañana. Nunca su vida volvería ser igual. Quiero hacer hincapié en el caso del personaje de Catalina, porque en aquella España de los años 40, e incluso en aquella Europa de los años 40, una mujer que se atrevía a ser madre soltera quedaba estigmatizada para siempre. A partir de ese momento era impensable que nadie se casara con ella y estaban señalados ella y su familia. En aquella época una mujer soltera que se quedaba embarazada tenía tres opciones: quedarse con el hijo pero no salir de su casa el resto de su vida, que la quitaran el niño y lo dieran a una inclusa o en adopción o abortar en unas condiciones absolutamente terribles que ponían en peligro su vida. Las tres opciones eran dramáticas. Hoy decidimos cuándo queremos ser madres, cómo queremos ser madres, con quién queremos ser madres; ahora la mujer puede gestionar la maternidad y si no quieres ser madre tampoco pasa nada.

P. En ese sentido, hay un paralelismo entre los personajes de Piedad y Catalina, que además de hacer frente a los estragos de la posguerra tienen que cargar con la losa de la moral sexual de la mujer. ¿Por qué quiso recalcarlo?

R. El ser ahora dueñas de nuestro propio cuerpo lo damos por hecho. El peso de la moral y de la religión en aquella época era absolutamente ominoso. No te podías salir del carril. Pero no sólo en España, sino en el resto del mundo también. Las mujeres siempre hemos tenido que arrastrar esa doble carga. Además, en el caso de las viudas de la guerra también ocurría que la sociedad estaba montada para que el hombre fuera el que protegía a la mujer, el cabeza de familia, y cuando el hombre desaparecía la mujer se quedaba totalmente desarbolada.

Julia Navarro visita la casa de Cavafis en Alejandría. (Juan Manuel Fernández)
Julia Navarro visita la casa de Cavafis en Alejandría. (Juan Manuel Fernández)

P. Usted ha escrito siete novelas, ha vendido cientos de miles de ejemplares de sus títulos. ¿Siente que tiene el respeto de sus compañeros escritores? ¿O siente que está más encasillada en lectura 'para mujeres'?

R. Yo no participo del mundillo literario, así que no me siento ni bien ni mal tratada. Me parece bien que entre ellos se citen y se promocionen si son amigos. Yo también les cito, y a muchos no los conozco. Nunca siquiera he reflexionado sobre eso. Me da lo mismo. No creo en la literatura de mujeres. Yo creo que hay buenos libros y malos libros, y nada más. Yo no le pongo más apellidos a la literatura. Y es más, todos los grandes personajes femeninos de la literatura han sido escritos por hombres; haz un repaso y te encontrarás que las grandes figuras de la literatura y que desde la antigüedad las mejores novelas sobre mujeres las han escrito hombres, también porque tampoco había tanta mujeres escritoras. Pero a mí no se me ocurriría decir que Anna Karenina es una novela para mujeres. Aunque es verdad que siempre ha habido una mirada algo paternalista sobre lo que podíamos escribir las mujeres.

P. Empezó su carrera como periodista. ¿Lo echa de menos?

R. Yo he tenido una carrera profesional de la que no me puedo quejar. Hubo un momento en el que decidí dar un paso atrás y dejar el periodismo. Yo ya no me considero periodista, aunque escriba tres columnas de opinión a la semana. Era imposible dedicarme al periodismo a la vez que la litertura. La literatura y el periodismo son caminos paralelos, pero nunca se pueden encontrar.

"Los grandes medios cometieron un grave error abriendo sus páginas de forma gratuita y ahora en el pecado tenemos la penitencia"

P. ¿Y cómo ve la transformación del sector en los últimos años?

R. Me preocupa muchísimo la crisis de los medios de comunicación y la crisis del papel. Me preocupa muchísimo que las redes sociales quieran hacer ese papel y que se dé credibilidad a lo que cualquiera cuente en la red sin que haya alguien detrás que sea un profesional y un medio que se responsabilice (porque ya sabes que un medio puede ser de derechas, izquierdas o mediopensionista, pero siempre hay profesionales). Ahora todo el mundo cree cualquier cosa que se diga en las redes. Creo que los grandes medios cometieron un grave error abriendo sus páginas de forma gratuita y ahora en el pecado tenemos la penitencia, porque ahora es muy difícil acostumbrar a la gente a que si está leyendo una información pague por ella. Porque lo que le están contando lleva la garantía de unos periodistas a los que hay que pagar. Me preocupa muchísimo la precariedad laboral, que también ha alcanzado a la gente más mayor. Los sueldos que se están pagando en prensa son absolutamente ridículos y no hay inversión, y si hay menos gente en las redacciones y es además gente que está sobreexplotada y mal pagada y además no hay inversión para mandarlos donde ocurren las noticias, no puedes hacer un buen periódico, ya sea digital o de papel, y el lector acaba abandonándote.

P. Dicen que no se puede aspirar a una democracia de calidad sin una prensa de calidad, ¿esto en qué lugar nos deja tras su reflexión sobre los medios?

R. Es que no hay democracia si no hay prensa libre. La prensa siempre es lo primero que le molesta a cualquier Gobierno. A mí me preocupa que hace unos días la vicepresidenta del Gobierno y la portavoz hayan hablado con total desparpajo y desvergüenza de la necesidad de que haya una ley de prensa. Detrás de eso lo que subyace es el deseo de amordazar a la prensa, lo disfracen como lo quieran disfrazar. Regular los medios de comunicación significa amordazar los medios de comunicación. En nuestra legislación el Código Penal y el Código civil son suficientes para dar respuesta a una información que no sea cierta. Me parece realmente vergonzoso que un gobierno socialista plantee regular la información. Todavía estoy atónita de cómo no se les cae la cara de vergüenza. Lo que les preocupa es que han empezado a recibir las primeras críticas, han aflorado asuntos que les conciernen y que no les gusta que se cuente en los medio de comunicación y es lo fácil. Si no siempre tiene la posibilidad de ir a los tribunales o pedir una rectificación.

P. ¿Cree que la prensa en España es sumisa o combativa?

R. Yo creo que la prensa española sí es incómoda, porque ahora mismo quieren sacar la Ley. Los políticos cada vez que pueden arrean a los periodistas que no les hacen la ola. Y en el momento que hay un cambio en los medios públicos procuran colocar a sus afines. No buscan realmente la profesionalidad, sino pensadores afines a su ideología. Buscan los vericuetos para que la prensa se acomode a ellos, pero afortunadamente en nuestro país se siguen contando historias molestas para el poder. Lo que me preocupa también es estar viviendo en la dictadura de 'lo políticamente correcto'. Que tengamos miedo de decir en voz alta lo que pensamos, que empecemos a autocensurarnos. Y eso sí que es algo que empiezo a detectar en la sociedad. Para que nadie les señales, para no tener problemas, se instalan en el pensamiento dominante.

Julia Navarro de paseo por un mercadillo en Alejandría. (Juan Manuel Fernández)
Julia Navarro de paseo por un mercadillo en Alejandría. (Juan Manuel Fernández)

P. Pero también se da espacio en los medios a discursos como el del general en la reserva Fernández-Monzón, que asegura que "le revienta oír que Franco fue un genocida. No asesinó a nadie". No es precisamente políticamente correcto.

R. Desconozco lo que ha dicho este hombre en particular, pero creo que, afortunadamente, en este país tenemos documentado lo que sucedió. No es una cuestión de opinión. No, es que está absolutamente documentado y la verdad es la verdad. En todos estos años ha habido libros muy precisos escritos por historiadores españoles, pero también por extranjeros, en los que han detallado que sucedió antes, durante y después de la Guerra.

P. ¿Y no puede calar ese discurso revisionista? Por ejemplo, con la polémica respecto al Valle de los Caídos.

R. Yo creo que la sociedad española tiene absolutamente claro y asumido que es una anomalía que el dictador tenga un mausoleo y además esté enterrado junto a sus víctimas. Y eso es insoportable. Y eso tiene que tener una solución, que es que se saque de allí y que se entreguen los restos a su familia. Su familia puede pedir lo que le dé la gana, pero lo importante es que el verdugo no esté enterrado con las víctimas y en un lugar con honores. No hay discusión.

La sociedad española tiene claro que es una anomalía que el dictador tenga un mausoleo y además esté enterrado junto a sus víctimas

P. Recientemente, el presidente de la FAPE propuso el debate sobre si la prensa debe dedicar tanto espacio a un partido como Vox, sin representación parlamentaria y tachado de "ultraderechista". ¿Cuál es su propuesta?

R. Yo creo que la prensa tiene que tratar todo lo que es noticia y valorar cuánto de noticia es y darle el espacio que requiere. Cada vez tenemos una prensa más opinativa y, fíjate que yo me dedico a opinar, eso no me gusta. creo que los periódicos deberían tener ambas vertientes, hechos y opinión, pero no podemos renunciar a explicar los hechos tal cual son.

P. Usted que fue cronista parlamentaria durante la Transición, ¿qué opina que de unos años a ahora se empiecen a cuestionar el relato elogioso sobre la misma?

R. Yo soy hija de la Transición. Quiere decir que yo era joven y empezaba a asomarme a la vida profesional con la Transición. Y yo reivindico la Transición. Es absolutamente falso que fuese una operación llevada a cabo por cuatro políticos metidos en un despacho. Eso no se corresponde con la realidad. Fue el fruto del impulso de toda la sociedad que quería, una vez muerto Franco, que nuestro país caminara hacia una democracia para recuperar unas libertades. Y los políticos que estaban allí no tuvieron más remedio que asumir esa corriente que les empujaba, y tuvieron que ser capaces de no anteponer sus intereses ideológicos y partidistas a los del país. No fue un camino fácil: ETA mataba todos los días, también teníamos la amenaza de la ultraderecha y el golpe militar. Por eso no fue política de laboratorio: eso es radicalmente falso. Ese cuestionamiento de la Transición no estaba en la agenda política, sino que ha sido Podemos quien la ha puesto en duda. Me da mucha pena que la gente joven tenga una idea distorsionada.

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