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'Jupiter's Moon': levitaciones, tiroteos e hipocresía buenista

Entre el 'thriller' urbano y el drama social con un toque fantástico, la nueva película de Kornél Mundruczó acaba utilizando la crisis de los refugiados de la forma más burda posible

Foto: Un fotograma de 'Jupiter's Moon'.
Un fotograma de 'Jupiter's Moon'.

La imagen de un joven sirio levitando a pocos metros del suelo mientras el mundo de repente parece gravitar a su alrededor es sin duda poderosa. En torno a este motivo visual ha levantado Kornél Mundruczó 'Jupiter's Moon', una película que ya desde el título juega a la metáfora astral para abordar la crisis de los refugiados en Europa. El filme arranca con una escena recurrente en las fronteras de un país que sirve de entrada a la Unión Europea: un grupo de personas intenta cruzar de manera clandestina un río para llegar a Hungría. Pero la cosa se complica y uno de los jóvenes refugiados, Aryan (Zsombor Jéger), acaba tiroteado por un policía fascista, Laszlo (György Cserhalmi).

Un médico caído en desgracia en el gremio, el doctor Stern (Merab Ninidze), atiende al muchacho herido y así descubre que Aryan no solo sana de sus heridas de forma inexplicable sino que además ha adquirido la facultad de levitar. Stern ve en el muchacho un fenómeno que puede explotar en beneficio propio. Pero eso también le obliga a convertirse en el protector de Aryan, que sigue huyendo de Laszlo y sus secuaces, y no lo va a tener fácil en un país como Hungría, uno de los más intolerantes con la presencia de extranjeros. El joven, por otro lado, solo se preocupa por buscar a su padre, que se extravió durante la incursión en la frontera.

Zsombor Jéger, como Aryan en 'Jupiter's Moon'. (Wanda)
Zsombor Jéger, como Aryan en 'Jupiter's Moon'. (Wanda)

Aproximarse a una crisis humanitaria de tamaña envergadura desde un recurso propio del cine fantástico y no desde una perspectiva típicamente realista o documental tiene su mérito. El arte de la ficción ha demostrado de sobras que muchas veces la poética de lo tangencial resulta un camino más apropiado para abordar ciertos temas que la prosa directa del realismo. Ya en su película anterior, 'White God', el propio Mundruczó hablaba de la xenofobia en alza y la marginación social en su país a través de una fábula canina próxima al cine de terror. Pero, como sucede también con la mayor parte de la filmografía de este cineasta húngaro tan mimado por el Festival de Cannes, sus metáforas resultan ser de muy corto recorrido.

Las metáforas de este cineasta mimado por el Festival de Cannes resultan ser de muy poco recorrido

Aquí Aryan aparece envuelto de una innecesaria imaginería cristiana con la que Mundruczó pretende inyectar espiritualidad a su película. No solo es un mártir con estigmas en el torso capaz de elevarse hacia los cielos. Su inocencia huele a santidad y su padre es un carpintero con quien quiere reencontrarse a toda costa. La bondad de Aryan se utiliza, por supuesto, para resaltar por contraste la podredumbre de esta vieja Europa falta de moral e incapaz de acoger a los más necesitados. También sirve para que el médico lleve a cabo su propio proceso de recuperación de la gracia.

Otro fotograma de 'Jupiter's Moon'. (Wanda)
Otro fotograma de 'Jupiter's Moon'. (Wanda)

Porque es Stern y no Aryan el verdadero protagonista de 'Jupiter's Moon'. Mientras el refugiado acaba reducido a mero sujeto simbólico, el médico ejerce de un personaje tipo recurrente en tantos dramas, 'noirs' y 'thrillers': el hombre occidental de mediana edad en plena crisis que vive un proceso de redención. Así, buena parte de 'Jupiter's Moon' se despliega como un 'thriller' urbano en torno a este antihéroe carismático y a su protegido, que se ven obligados a escapar de sus perseguidores varios mientras siguen buscando al padre de Aryan por la capital húngara. Paradójicamente, los momentos a lo Michael Mann de la película resultan mucho más logrados que los ligados al drama social. Más que la imagen de Aryan flotando en el aire, la mejor secuencia de 'Jupiter's Moon' es una persecución automovilística por Budapest que adopta el punto de vista del parachoques del coche perseguidor.

El filme se coronó con el premio a la mejor película en el pasado Festival de Sitges

En cambio el filme, que se coronó con el premio a la mejor película en el pasado Festival Internacional de Cine Fantástico de Sitges, toca fondo cuando introduce un nuevo elemento dramático para complicar una trama ya bastante abigarrada: un sangriento atentado terrorista que perpetra otro inmigrante en la ciudad. Aquí, Mundruczó remata su hipócrita visión de la crisis de los refugiados.

Cartel de 'Jupiter's Moon'.
Cartel de 'Jupiter's Moon'.

Mientras que el protagonista europeo se construye como un personaje tridimensional con derecho a evolucionar a lo largo del metraje, los hombres sirios que huyen de la guerra en su país solo pueden ser o unos terroristas que ponen en peligro Europa o unos santos capaces de redimirla. Ambas, visiones distorsionadas con las que Mundruczó deshumaniza a quienes debería tratar con el máximo de atención. Apenas sabemos nada de Aryan como persona, ni le escuchamos explicar de su propia voz cómo se siente respecto a Siria y al trato que recibe en Europa. Mundruczó explota la situación de los refugiados como mero telón de fondo para darle un empaque dramático y trascendental a su película sin aportar ningún discurso relevante, en el sentido que sea, al respecto.

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