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'The Square': ¡Sorpresa! La última Palma de Oro es irresistiblemente divertida

El sueco Ruben Östlund dirige una sátira que explota el humor negro y el absurdo para reírse de las miserias de nuestra sociedad

Foto: Terry Notary en la escena central de 'The Square', de Ruben Östlund. (Avalon)
Terry Notary en la escena central de 'The Square', de Ruben Östlund. (Avalon)

En la escena central de 'The Square', varias mesas compuestas de pudientes benefactores y aficionados al arte disfrutan de una cena de gala, que en un momento dado empieza a ser amenizada por la performance de un artista que imita a un mono. ”Bienvenidos a la jungla”, anuncia una voz pregrabada, y los comensales empiezan a expresar sorpresa mientras el hombre-gorila se pasea entre las mesas con precisión de actor de método. Pero su actuación va evolucionando, y lo que empieza siendo una serie de movimientos mayormente cómicos se convierte primero en muestras de agresión y, después, en el brutal sometimiento de la sala: mientras los invitados mantienen las cabezas gachas, petrificados por el miedo y la confusión, el artista llega a intentar violar a una mujer, hasta que un grupo de asistentes finalmente despiertan y un trajeado escuadrón de linchamiento finalmente se toma la justicia por su mano.

Dicho de otro modo, la performance es hilarante primero, perturbadora después y por último terrorífica. 'The Square' nunca llega al tercero de esos estadios, pero pasa buena parte de su metraje cruzando la fina línea que separa los dos primeros. Como ya demostró en títulos previos como 'Play' (2011) y 'Fuerza mayor' (2014), el sueco Ruben Östlund es uno de los satiristas más afilados del cine actual y un preciso anatomista tanto de las miserias humanas como, en concreto, de las de la clase pudiente y las del hombre moderno.

Elisabeth Moss y Claes Bang en un momento de 'The Square'. (Avalon)
Elisabeth Moss y Claes Bang en un momento de 'The Square'. (Avalon)

En 'The Square', para reincidir en esos temas se fija en Christian (Claes Bang), comisario jefe de un museo de Estocolmo. A Christian le gusta verse como un hombre amable y progresista a pesar de que en general es un cretino hipócrita y petulante, que maltrata a las mujeres y a sus subordinados, recela de aquellos que no son ricos o de raza blanca y en general desprecia de quienes no le pueden ser de utilidad.

Östlund es uno de los satiristas más afilados del cine actual y un preciso anatomista de las miserias humanas

Cuando un día, excepcionalmente, Christian ayuda a un extraño en plena calle y al rato descubre que su cartera, su móvil y sus gemelos le han sido robados, el periplo que emprende para recuperar sus cosas lo llevará primero a un bloque de viviendas en el lumpen de la ciudad y, de ahí, a un estrepitoso descenso a los infiernos.


En efecto, el mundo del arte le ofrece a Östlund una nueva ocasión para contemplar el resquebrajamiento personal de un hombre de fachada impoluta pero cuyos prejuicios y tendencias más crueles y cobardes están más a flor de piel de lo que él está dispuesto a admitir, y de ruborizar a todo aquel espectador que se reconozca más de lo que querría en él. En otras palabras, 'The Square' sugiere que la empatía y la solidaridad son cualidades que gente cívica y mentalmente avanzada como nosotros predicamos pero casi nunca practicamos, y que en última instancia somos mucho más débiles y rabiosos y mucho menos desarrollados de lo que creemos.

Claes Bang es Christian, el director de un museo de arte contemporáneo de Estocolmo. (Avalon)
Claes Bang es Christian, el director de un museo de arte contemporáneo de Estocolmo. (Avalon)

Para ello, su método es escenificar la comedia humana en miniatura. Casi todas las escenas son presentadas a la manera de diáfanas viñetas que derrochan sentido del absurdo e hilarante humor negro. En una de ellas, un chef recita solemnemente la composición del menú de los platos de un bufé y luego insulta a los invitados por abalanzarse sobre la comida en lugar de escucharle. En otra, el encuentro de un artista con el público es interrumpido constantemente por un miembro de la audiencia aquejado del síndrome de Tourette. Estas erupciones no solo ponen a prueba el sentido del decoro típicamente urbanita, sino que, decimos, retratan un tipo de impulsos que en general tratamos de suprimir.

Cartel de 'The Square'
Cartel de 'The Square'

Cada una de esas escenas dice o trata de decir algo sobre el modo que los humanos tenemos de relacionarnos los unos con los otros ya sea hablando o a través del arte o de la comunicación no verbal o de otro tipo de interacciones sociales. Como resultado, 'The Square' está llena de ideas. De hecho, casi lo está demasiado, porque no todas ellas son igual de buenas. Algunas de ellas son meros esbozos que en ningún momento llegan a ser explorados. Otras, especialmente las relacionadas con el mundo del arte, transitan casi exclusivamente por lugares comunes: que los museos revisten el trabajo de artistas de segunda fila envolviéndolo de un lenguaje teórico vacío; que muchos de sus visitantes piensan que gran parte de las obras que ven son una mierda pero no se atreven a decirlo; que muchos de quienes los dirigen son impostores, y que el mundo del arte finge cínicamente preocuparse por la justicia social aunque en realidad es del todo indiferente a ella. Ya sabemos todas esas cosas.

Y, pese a ello, igualmente 'The Square' es irresistiblemente divertida, especialmente para aquellos capaces de verle la gracia a la humillación. Después de todo, es arte que se burla del arte y de quienes lo consumen y, por tanto, se burla de sus propios espectadores. No se lo tome usted a pecho.

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