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'Oro': mucha (mucha) sangre, sudor y pocas lágrimas en la conquista de América

Tras casi ocho años de parón, Agustín Díaz Yanes adapta al cine un relato inédito de Pérez Reverte con José Coronado, Bárbara Lennie, Óscar Jaenada y Raúl Arévalo en el reparto

Foto: José Coronado y Raúl Arévalo en 'Oro', de Agustín Díaz Yanes. (Sony)
José Coronado y Raúl Arévalo en 'Oro', de Agustín Díaz Yanes. (Sony)

La conquista de América fue una sangría. Vista de cerca, despojada de la épica histórica, del contexto, allí debió de oler a sangre, a barro y a orina, a muerte y sufrimiento y, sobre todo, a sacrificio. Más allá de los blasones y los títulos nobiliarios, aquello debió de ser una lucha con pocas treguas por la supervivencia —de los unos y de los otros, superioridades técnicas y derechos humanos aparte—, donde si uno no sucumbía a manos de la naturaleza, lo hacía por enfermedad o por el ataque de un enemigo e incluso de un paisano. Recuerdo haber visto hace tiempo un documental sobre la vida de las sardinas, cuya longevidad tiene más de milagro que de estadística y en la que si una no muere como pasto de tiburones lo hace como aperitivo de una foca, un alcatraz, un delfín, un barco pesquero o porque muere asfixiada en el centro de un banco de sardinas masivo que le roban el oxígeno. Y, según 'Oro', parece que los conquistadores del siglo XVI tenían más de sardinas de lo que les hubiese gustado.

Agustín Díaz Yanes vuelve a estrenar largometraje después de casi una década, cuando su 'Sólo quiero caminar' (2008) recaudó poco más de un millón de euros con un presupuesto de alrededor de 12 millones de euros. Un batacazo de los que hacen tambalear carreras. Pero Díaz Yanes ha vuelto con un proyecto ambicioso, un drama histórico inspirado en las primeras expediciones de los conquistadores españoles en América y contando con un reparto si no de imanes para la taquilla, sí de actores indiscutiblemente sólidos como José Coronado, Bárbara Lennie, Óscar Jaenada y Raúl Arévalo, además de un plantel de secundarios de primer nivel.

Y aunque 'Oro' no es 'Aguirre: la cólera de Dios', Díaz Yanes ha firmado una película digna, con una factura bella y envolvente, aunque con evidentes carencias dramáticas. Basada en un relato inédito de Arturo Pérez Reverte, con quien el ya colaboró en la adaptación cinematográfica de 'Alatriste' (2006), la película no ha sabido —o querido— despegarse del estilo del escritor murciano y se encomienda a una estructura más cercana a la crónica histórica que al cine en sí. Y teniendo en cuenta que 'Oro' es una ficción, esta elección se convierte más en un fallo que en una virtud. Pero a pesar de la poca atención que la película otorga a la profundidad emocional de sus personajes, la cuidada composición de los planos, el trabajo de fotografía y los paisajes naturales que retrata hacen que 'Oro' siga resultando una experiencia disfrutable.

José Coronado y Raúl Arévalo en un fotograma de 'Oro'. (Sony)
José Coronado y Raúl Arévalo en un fotograma de 'Oro'. (Sony)

'Oro', repetimos, es una ficción y cuenta el periplo de unos soldados a las órdenes de Carlos I —muchos de ellos extremeños y andaluces— a través de las junglas hasta entonces inexploradas de centroamérica en busca de una ciudad, según cuenta la leyenda, construida enteramente a base de oro. Díaz Yanes abandona el lenguaje de la gesta y cuenta la crudeza de unos hombres que, escapando de las perspectivas vitales miserables del escalafón más bajo de una sociedad feudal, se embarcaron en una misión a cara de perro en busca de fama y fortuna y, de paso, contribuyendo al nacimiento del Imperio español. ¿Por qué estás aquí?, le preguntan a Martín Dávila (Raúl Arévalo), uno de los soldados del batallón. "Porque soy un hombre de poca condición y sin ningún título", responde parafraseando 'Tirant lo Blanch'.

El espectador acompaña a un batallón que sale de un imaginario Puerto Cristo para adentrarse en la geografía ignota del Nuevo Mundo

El espectador acompaña a un batallón de cuarenta hombres que sale de un imaginario Puerto Cristo para adentrarse en la geografía ignota del Nuevo Mundo a las órdenes de —un también ficticio— Gonzalo de Baztán (José Manuel Cervino). Y en las sesenta y dos jornadas que dura el viaje, aquí no queda ni el apuntador. Bueno, el apuntador sí, pero poco más. Díaz Yanes no escatima en escabrosidad para reflejar un camino marcado por todos los males imaginables, desde la truculencia del ataque de un caimán —una bestia que hasta entonces no conocían— o la aparente levedad de la picadura de un mosquito que, mala suerte, transmite la fiebre amarilla. Y, sobre todo, el hombre —perro come perro—, el peligro más grande de todos.

Óscar Jaenada en una escena de 'Oro', de Agustín Díaz Yanes. (Sony)
Óscar Jaenada en una escena de 'Oro', de Agustín Díaz Yanes. (Sony)

Lo que comienza como una aventura acaba como una huida hacia delante por la supervivencia. A las órdenes de Don Gonzalo está el licenciado Ulzama (Andrés Gertrudix), encargado de escribir el diario de la expedición; el alférez Gorriamendi —"yo, Juan de Gorriamendi soy un soldado que busca oro", se describe el personaje interpretado por Óscar Jaenada— y el sargento navarro Bastaurrés (José Coronado), entre los soldados más destacados, y su mujer Doña Ana (Bárbara Lennie) junto a su criada 'La Parda' (Anna Castillo), las dos interpretaciones más destacadas del reparto. A lo largo del viaje, el batallón de Gonzalo de Baztán se enfrenta a la naturaleza adversa, a la población indígena —"todos los indios son hostiles con los soldados: es su tierra", defiende el guía Mediamano (Juan Carlos Aduviri)— y a los conflictos internos motivados por la codicia, la desconfianza e incluso la religión —a la campaña también acompaña el Pater Vargas, interpretado por Luis Callejo—: cualquier excusa era buena para dejar correr la testosterona.

La película evoca una época en la que la muerte era un paso que se asumía con fría resignación, víctimas como verdugos

La película evoca una época en la que la muerte era un paso que se asumía con fría resignación, para víctimas como para verdugos. 'Oro' es una escabechina de principio a fin, en la que cualquier disputa —"si no había enemigo enfrente nos matábamos entre nosotros", dice uno de los personajes— se arreglaba a puñaladas. Un mundo violento e inmisericorde, pero en el que todavía se confiaba en la palabra del hombre: por ejemplo, en caso de muerte de un compañero, su parte del botín debía hacerse llegar a la familia. También discurre sobre el difícil papel de la mujer de entonces, independientemente de la etnia y del estamento social, utilizada en el caso de las indígenas como botín para los colonos y como moneda de cambio en el caso de los soldados.

Cartel de 'Oro'
Cartel de 'Oro'

Sin embargo, y en busca de ese realismo sucio y agresivo, Díaz Yanes acaba olvidando que la emoción es donde se sustenta el cine. Los conflictos de sus personajes están trabajados de forma muy superficial y desarrollados con cierta precipitación. Tampoco ayudan unos diálogos demasiado literarios y que provocan unas interpretaciones, en general, algo engoladas. Sin embargo, el gran acierto de Díaz Yanes es haber confeccionado la película a base de códigos más propios del 'western' crepuscular que del cine de aventuras, como una vuelta de tuerca interesante y efectiva, a la que le falta sin embargo más pulso dramático. Mucha —mucha, pero que mucha— sangre, sudor y pocas lágrimas en la búsqueda de una quimera. Porque, a pesar de las quimeras, hay veces que el único camino posible es hacia delante.

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