Críticas de cine: Que Dios nos perdone, un asesino anda suelto por el Madrid más castizo. Noticias de Cine
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'Que Dios nos perdone', un asesino anda suelto por el Madrid más castizo

Rodrigo Sorogoyen dirige este 'thriller' al más puro estilo de la crónica negra española, protagonizado por Roberto Álamo y Antonio de la Torre

Foto: Fotograma de 'Que Dios nos perdone'.
Fotograma de 'Que Dios nos perdone'.

Sigmund Freud, en su artículo de 1912 'Sobre los tipos de contracción de neurosis', vincula la manifestación de ciertas enfermedades con la represión, la actividad fantaseadora con el material infantil y las satisfacciones sustitutivas como reflejo especular de la frustración real. ¿De dónde viene la neurosis? ¿De dónde viene la violencia? ¿Dónde está la línea que discierne la maldad de la psicopatía? Que Freud nos perdone.

'Que Dios nos perdone', un asesino anda suelto por el Madrid más castizo

Rodrigo Sorogoyen vuelve en solitario a la dirección, tres años después de entrar por sorpresa en el radar de los Goya con 'Stockholm' (2013), con un 'thriller' policíaco con olor a caña con bocata de calamares, en el mejor sentido posible. Y es que, en 'Que Dios nos perdone', el director madrileño ha sabido extraer las grandes virtudes del cine de Hollywood sobre asesinos en serie y las ha revestido de la esencia de la crónica negra española, de esa con olor a tapete de ganchillo, a caramelo de anís y a 20 avemarías.

Porque la crónica negra de España, aunque sea más de pantuflas que la estadounidense, guarda biografías tan infames y sórdidas como las del 'arropiero', el 'mataviejas' o el 'sacamantecas', carnaza para la presa de sucesos de la época y para la iconografía popular, y que han servido de inspiración a Sorogoyen para entretejer esta personal —y polémica— reflexión sobre los orígenes y las formas de la violencia.

La crónica negra de España, aunque sea más de pantuflas, guarda biografías tan infames como las del 'arropiero', el 'mataviejas' o el 'sacamantecas'

En pleno y bochornoso verano de 2011, las calles de Madrid están colapsadas por los católicos de todo el mundo que se han acercado para ver al Papa y formar parte de las Jornadas Mundiales de la Juventud. Una nueva chispa incendiaria que reaviva la llama de un ambiente muy caldeado por la crispación generalizada por la crisis económica y por la aparición unos meses antes del Movimiento 15-M. Un choque de opuestos que acaba desembocando en una guerra urbana de manifestantes contra antidisturbios, el estallido material de ideologías enfrentadas.

En esta atmósfera asfixiante, los inspectores Velarde (Antonio de la Torre) y Alfaro (Roberto Álamo) acuden al levantamiento del cadáver de una mujer en un piso del centro de la capital. Lo que al principio parece un intento de robo infelizmente concluido en accidente doméstico, poco a poco va revelándose como un homicidio. Y bastante sórdido. Será tras aparecer un segundo cuerpo cuando los policías se den cuenta de que por primera vez en sus carreras se tendrán que enfrentar a un asesino en serie meticuloso y obsesivo, y que para dar con él tendrán que llegar a comprender el funcionamiento de su mente retorcida.

Después de un comienzo en el que Sorogoyen da espacio incluso al humor más castizo, 'Que Dios nos perdone' comienza una exploración alrededor de los distintos tipos de violencia que representan sus personajes. De la violencia explosiva y 'testosterónica' de Alfaro a la ira reprimida y victimista de Velarde, personalidades al final tan de manual de psiquiatría como la del escurridizo asesino en serie. A medida que avanza la investigación, el director carga más un ambiente que se va tornando viscoso e incómodo —también en el mejor sentido—, donde la turbiedad comienza a rezumar por las grietas de los personajes, de las personas, de los monstruos. ¿Y qué hace de una persona un monstruo? Sorogoyen da una respuesta controvertida y freudiana, pero efectiva dentro del siniestro —y desde luego entretenido— artefacto, que, salvando algún agujero de guion, fluye perfectamente hacia un final seco —a pesar de la lluvia—, inquietante y desolador.

El director —que ha vuelto a contar con su colaboradora habitual, Isabel Peña, para coescribir el guion— le ha dado una vuelta de tuerca más al prototipo de héroe atormentado y ha construido una pareja protagonista bastante distanciada de un dechado de virtudes, pero que, gracias a las interpretaciones de Álamo y De la Torre, consiguen generar una extraña empatía e, innegablemente, un magnetismo sobre la atención del espectador.

Y, como ya hiciera en 'Stockholm', Sorogoyen no ha dejado escapar la oportunidad de jugar con la sorpresa, esta vez de la mano de un efectivo e interesante cambio de punto de vista que añade personalidad a una película que abandera la idiosincrasia madrileña —la de los personajes, las calles y los diálogos— como un recurso fílmico válido también para el 'thriller' más oscuro, no solo para la comedia.

Dejando de lado la incorrección política que destila el trasfondo de la historia, 'Que Dios nos perdone' es una fórmula original y atractiva de volver a un género policíaco que parece vivir una segunda o tercera juventud en la producción española. Una propuesta que circula alrededor de la ambivalencia de la perversión y la perturbación, rasca bajo la superficie tanto de los personajes como del espectador y convierte a este último en una figura tan castiza como la de la vieja tras el visillo.

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