FESTIVAL DE CINE DE SAN SEBASTIÁN

Asesinatos y 'papamóviles', lo nuevo de Rodrigo Sorogoyen

El director de 'Stokholm' se pasa al 'thriller' de la mano de Antonio de la Torre y Roberto Álamo y entra por primera vez en la carrera por la Concha de Oro

Foto: Rodrigo Sorogoyen en la presentación en San Sebastián de 'Que Dios nos perdone'
Rodrigo Sorogoyen en la presentación en San Sebastián de 'Que Dios nos perdone'

2011. El centro de Madrid. Un calor sofocante. El corazón de la capital está que arde; en las calles, miles de personas se manifiestan. Los antidisturbios golpean sus escudos, como en un ritual, antes de cambiar a algo más carnoso. El Papa Benedicto equis-uve-palito saluda a las masas de jóvenes católicos que han venido de todas las esquinas del mundo. Las ancianas se santiguan y le tiran besos al ex cardenal Ratzinger. Un gato de ojos verdes permanece impasible cerca del cuerpo de una anciana, tendido en las escaleras.

Y así comienza 'Que Dios nos perdone', el tercer largometraje dirigido por Rodrigo Sorogoyen, un salto al 'thriller' castizo tras el éxito de 'Stockholm', la película que hace dos años le valió la nominación al Goya a mejor director novel. Y esta vez, de su mano van Antonio de la Torre y Roberto Álamo, una pareja disfuncional de policías encargados de resolver una serie de asesinatos que están teniendo lugar al tiempo de la Jornada Mundial de la Juventud.

Asesinatos y 'papamóviles', lo nuevo de Rodrigo Sorogoyen

Y Sorogoyen, que retrata el Madrid de los madrileños, ha abandonado las elegantes y festivas luces de Gran Vía por el Madrid más castizo, el de los baretos de bocatas de calamares, el de las prostitutas de la calle Ballesta y el de la encantadora ranciedad de los antiguos pisos señoriales del centro. "Yo con Madrid tengo una relación de amor-odio", confiesa Sorogoyen. "Grabo en Madrid porque soy madrileño y porque es lo que conozco".

El director -de Madrid, Madrid, por si todavía no ha quedado claro- vuelve a escribir a cuatro manos junto a la guionista Isabel Peña "una historia surgida en torno a la violencia". "Empezamos a trabajar en el guión en 2011, cuando la visita del Papa, y cuando había todas las manifestaciones y la represión policial". A Sorogoyen le pareció que ese clima de violencia era perfecto en combinación con un 'thriller', así que empezó a investigar la crónica negra patria y a perfilar el film que le ha acabado llevando a la Sección Oficial del Festival de Cine de San Sebastián. "Decidimos que el 'thriller' iría sobre un asesino, sobre un asesino en serie, pero queríamos ser originales y alejarnos del tópico americano, porque en España también ha habido asesinos en serie, como en todos los lados". ¿Quién no ha oído hablar de 'El Arropiero', 'El Sacamantecas', 'El Mataviejas' o 'El asesino de la baraja'?

"Queríamos ser originales y alejarnos del tópico americano, porque en España también ha habido asesinos en serie, como en todos los lados"

Y esa violencia también está presente en los personajes principales. "El personaje de Roberto es más explosivo, el de Antonio más reprimido, pero los dos son perfiles de sociópatas que estuvimos investigando con psiquiatras". Y de Psiquiatría va la cosa, porque 'Que Dios nos perdone' es una película muy freudiana, a la que algunos tachan incluso de misógina. Y es que, mucha de la violencia que ejercen los personajes vienen catalizadas por cuestiones sexuales. Ya sea por una necesidad de subrayar la masculinidad como por complejos y traumas relacionados con el sexo. Álamo y De la Torre representan las dos caras opuestas de una misma moneda, "Alfaro (Álamo) es la fuerza bruta, Velarde (De la Torre) es el cerebro, pero los dos tienen un carácter marcado por la violencia; son personajes detestables en muchos momentos pero que intentan hacer su trabajo lo mejor posible".

"Son personajes detestables en muchos momentos pero que intentan hacer su trabajo lo mejor posible"

En el caso de De la Torre, esta violencia tiene un eco palpable en una tartamudez que el propio personajes explica que "no es de nacimiento", sino que surgió a raíz de un hecho traumático de su infancia. Y para preparar el papel, De la Torre contó con ayuda de la Asociación Española de la Tartamudez. “Antonio estudió mucho la tartamudez, para representarla de forma realista; incluso estuvo conviviendo una temporada con un representante de la asociación que le fue aconsejando". "Por eso, Velarde es tan escueto cuando habla. Para él sería más cómodo no hablar, por eso siempre contesta con el mínimo número de palabras".

Otro de los grandes aciertos del film es la caracterización del actor que da vida al asesino, una de las grandes incógnitas. "No está en el cartel ni en la promoción porque es la gran sorpresa de la película, así que no se puede decir quien es. Pero me gustaría destacar el gran esfuerzo que hizo de adelgazar 20 kilos para meterse en el papel. El primer día que llegó al 'set' caracterizado totalmente como el personaje daba muy mal rollo: tenía los ojos muy hundidos, los pómulos muy marcados y sólo se le veían dientes. Parecía un enfermo".

Un 'thriller' cada vez más seco

'Que Dios nos perdone' es un 'thriller' que se va volviendo cada vez más espeso. "Al principio hay más humor, pero a medida que avanza la película todo se va haciendo más oscuro y seco. Muy poca gente se da cuenta, pero la primera mitad de la película todo está grabado con cámara en mano, mientras que al final son casi todo planos fijos".

"En seguida me aburro, por eso me gusta explorar con la cámara y buscar propuestas diferentes"

Porque además de en la historia del asesino en serie, Sorogoyen busca la originalidad en la forma. "Es que si no en seguida me aburro, por eso me gusta explorar con la cámara y buscar propuestas diferentes". Porque al igual que en 'Stockholm', donde lo que comienza como una comedia romántica al uso se convierte casi en una película de terror, en 'Que Dios nos perdone' Sorogoyen ha intentado alejarse del cliché y "subvertir los géneros", en este caso, jugando con los puntos de vista.

Dos años después de 'Stockholm', que tuvo tan sólo 60.000 euros de presupuesto, Sorogoyen ha conseguido sacar adelante un elaborado 'thriller' por alrededor de un millón y medio de euros. "A ver quién te rueda así por ese dinero", bromea el director, que reconoce que con su anterior película no ganaron un euro. "Después de cubrir la inversión y pagar a la gente, 'Stockholm' no dio ningún beneficio".

Por eso, y quizás por la limitación de los medios, toca estrujarse la cabeza para hacer algo de calidad, diferente y que no cueste demasiado. Por eso, Sorogoyen se siente particularmente orgulloso de algunas de sus propuestas, como un plano en el que la cámara que acompaña en todo momento a uno de los personajes, salta por una ventana. "El productor me quería matar, hasta que finalmente le convencí. Nos tiramos toda una jornada para grabar el plano [se levanta y lo escenifica; él es la cámara, yo soy la ventana]. El actor iba atado con unos arneses que borramos después en postproducción y estaba acojonado, porque no lo habíamos hecho nunca. Él salta por la ventana y, a dos metros del suelo, los arneses le empiezan a frenar, pero el salto es real y la cámara lo acompaña desde el principio hasta el final, donde cae en una colchoneta que también borramos en postproducción".

La película, que se estrena el 28 de octubre en la cartelera española, ha tenido este lunes el primer contacto con el público en San Sebastián y se perfila como una de las sólidas candidatas para los Goya del año que viene. Concha de Oro sí o Concha de Oro no, Sorogoyen sólo pide "que le guste a la gente y que enganche al público". Y, si no es mucho pedir, que aparte de cubrir gastos, esta vez consigan algún beneficio. Que Dios le oiga.

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