ESTRENOS DE CINE

'La mina', la crisis del carbón provoca monstruos

El cineasta español Miguel Ángel Jiménez se adentra con 'The Night Watchman. La mina' en el cine de terror de vocación estadounidense

Foto: Fotograma de 'The Nightwatcher: La mina'
Fotograma de 'The Nightwatcher: La mina'

El escenario es de una desolación espectacular. La estructura de una inmensa mina abandonada preside las imágenes de 'The Night Watchman. La mina', tercer largometraje de Miguel Ángel Jiménez Colmenar ambientado en algún rincón de Kentucky al pie de los Apalaches, una zona de Estados Unidos conocida por su industria del carbón. A este pueblo taciturno de hombres que tocan el banjo en el porche, casas de madera destartaladas, cristianismo renacido y caravanas que sirven de hogar al que regresa Jack tras salir de la cárcel.

'La mina', la crisis del carbón provoca monstruos

El lugar se encuentra en decadencia tras el cierre del pozo que servía de sustento a la población. Un accidente acabó con la vida de varios trabajadores, entre ellos el hijo del propietario quien decidió donar la explotación a la iglesia local. El culto lo dirige Mike, hermano mayor de Jack que le ofrece trabajo como vigilante nocturno de la antigua factoría. Mike no solo se ha convertido en una de las fuerzas vivas del pueblo gracias a su poder como oficiante religioso. También ha cuidado de Alma, la esposa de Jack, y del hijo de ambos, mientras este cumplía su pena en prisión.

En la mina suceden extraños fenómenos que van más allá de los hurtos puntuales de maquinaria

Jack no quiere desaprovechar la oportunidad de enderezar su vida y recuperar a su familia. Acepta la oferta de Mike a pesar de que la mina no le trae buenos recuerdos. Su padre, un maltratador que propició la desaparición de su hermana, trabajaba allí. Para más inri, en la mina suceden extraños fenómenos que van más allá de los hurtos puntuales de maquinaria. A Mike le echa una mano el viejo Stan, el minero más veterano del pueblo que trastea por su antiguo lugar de trabajo. El ambiente se va enrareciendo a medida que el pasado de Jack la atrapa de nuevo y los intereses de Mike resultan menos transparentes de lo que aparenta.

'The Night Watchman. La mina' se mueve entre el drama familiar y el suspense hasta que se instala, en su último tramo, en el terror grotesco. La película de Miguel Ángel Jiménez entronca así con esta tradición contemporánea del cine español de acercarse al fantástico de raíz estadounidense. El imaginario al que apela el film es el de ese cine de terror de los años setenta que removía en los sustratos de la América profunda para reflotar su lado más oscuro, retorcido y perverso. De 'Deliverance' (1972) de John Boorman a 'La matanza de Texas' (1974) de Tobe Hooper, las películas de entonces sirvieron de espejo deformante de un país que había convertido la violencia tanto hacia personas en la otra punta del planeta como hacia sus propios ciudadanos en parte de su razón de ser.

Una americanidad impostada

Pero, ¿de qué país habla esta película? La respuesta podría ser de la América actual, también asolada por la crisis económica. Una América cuyos ciudadanos desesperados se refugian, o bien en la religión, o bien en las drogas. Este es el retrato sociológico atemporal y un tanto simplista que ofrece 'The Night Watchman. La mina'. Pero, más que una realidad concreta, al cineasta le interesa plasmar un imaginario reconocible que reproduce con cierto poderío visual. Jiménez ya demostró su interés por las calidades plásticas de paisajes humanos alejados de su propia tradición en su anterior película 'Chaika', rodada en buena parte en escenarios impresionantes de antiguas repúblicas soviéticas como Kazajistán y Georgia.

Al cineasta le interesa plasmar un imaginario reconocible que reproduce con cierto poderío visual

Cartel de 'The Nightwatch: La mina'
Cartel de 'The Nightwatch: La mina'

De manera que la América del 'film' se sustenta no tanto en una realidad concreta como en un legado visual. Y, de hecho, la película ni tan siquiera está rodada íntegramente en Estados Unidos. Como buena parte de cierto cine español de género, es fruto de un proceso de deslocalización a la inversa. Se ha filmado casi toda en localizaciones españolas, pero se vende como un producto internacional, ambientado en Estados Unidos y hablado en inglés. Las estructuras mineras corresponden a los antiguos pozos de Sotón y Montsacro, explotaciones asturianas propiedad de Hunosa que clausuraron su actividad y ahora se utilizan precisamente para el rodaje de producciones audiovisuales. La vocación transfronteriza de este cine no supone en sí misma ningún problema. Excepto si el resultado es un film un tanto despersonalizado y de americanidad impostada.

Se nota que a Miguel Ángel Jiménez le interesa más la reconstrucción visual de este imaginario estadounidense que el desarrollo de un relato de terror en sí. Mientras que 'The Night Watchman. La mina' ofrece una serie de instantáneas visuales cuidadas hasta el más mínimo detalle, el guion resulta demasiado endeble como para captar el interés del espectador. Cuando la película se adentra por fin en el terror grotesco parece hacerlo con cierta e inadecuada precaución, como si no se acabara de creer su propia apuesta. Aunque a priori establezca una relación de causalidad entre el entorno y sus personajes, 'The Night Watchman. La mina' no consigue plasmar cómo un paisaje industrial concreto moldea el carácter y el destino de sus habitantes.

 

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