'Green Room': los nazis no pillan los chistes
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'Green Room': los nazis no pillan los chistes

En esta enérgica muestra de terror indie, un grupo de 'hardcore' se ve acorralado por la violencia extrema de una banda criminal de supremacistas blancos    

placeholder Foto: Fotograma de 'Green Room'.
Fotograma de 'Green Room'.

“Todavía os pensáis que las esvásticas son guays / Los nazis de verdad dirigen vuestras escuelas / Son entrenadores, empresarios y polis / En un Cuarto Reich auténtico, seréis los primeros en marcharos”. A principios de los ochenta, Jello Biafra escupía a ritmo de metralleta uno de los himnos más contundentes del 'hardcore'. El quinto 'single' de los Dead Kennedys, 'Nazi Punks Fuck Off', dejaba clara la ideología de un grupo que había contemplado cómo sus conciertos se llenaban de nazis aficionados al punk e incapaces de leer la ironía tras títulos como 'California Über Alles' o 'Kill the Poor'. En una escena donde cada vez era más habitual la presencia de grupos y aficionados ultras, Biafra tomaba posición. Y en sus conciertos invitaba directamente a los espectadores nazis a que se fueran a tomar por culo.

Tráiler de 'Green Room'

La coincidencia entre un grupo de 'hardcore' de izquierdas y un público supremacista se hace realidad en 'Green Room', tercer largometraje de uno de los nombres más a tener en cuenta del cine independiente norteamericano actual, Jeremy Saulnier. The Ain’t Rights son una banda en gira, sin demasiado éxito, por Oregón. El cantante Tiger (Callum Turner), el bajista Pat (Anton Yelchin), la guitarra Sam (Alia Shawkat) y el batería Reece (Joe Cole) aceptan un bolo inesperado en un garito que conoce alguien que los conoce. Cuando llegan al local, se dan cuenta de que es también el lugar de encuentro de los ultras de la zona.

The Ain't Rights no se achantan y cumplen con su objetivo de tocar. Y además, ¿acaso se encontrarán jamás con una ocasión más propicia para rendir un homenaje a los Dead Kennedys? Pero desafiar musicalmente a los 'skins' que tienen justo delante será el menor de los problemas del grupo cuando, una vez acabado el bolo, Pat se convierte en testigo involuntario de un ajuste de cuentas. El antro no solo acoge a cabezas paradas sino que es la sede del grupo criminal organizado que opera en el estado. Son peligrosos y no van a dejar que los chicos se marchen tan fácilmente. La banda se parapeta en el camerino dispuesta a resistir. Allí se encuentran con una chica muerta y su colegaAmber (Imogen Poots)herida...

Patrick Stewart es el astuto cabecilla en un saludable cambio de registro

Como ya demostró en su anterior 'Blue Ruin', Saulnier sabe moverse como pocos en el terreno de la violencia hiperrealista y desquiciante. Buena parte de 'Green Room' transcurre dentro de esa habitación mugrienta del título, donde la banda tiene que ingeniárselas para intentar escapar mientras un grupo de 'skins' no piensa en otra cosa que en acabar con ellos sin que se note. No son meros salvajes. Están organizados y dirigidos por un astuto cabecilla al que otorga su presencia carismática en un saludable cambio de registro Patrick Stewart.

Sobreviviendo a la América profunda

Saulnier demuestra su control sobre los mecanismos de esta variante del cine de terror centrada en un grupo de jóvenes que intenta sobrevivir en un recinto cerrado ante el asedio de alguna fuerza exterior hostil. Y el director tampoco se achanta ante su propia apuesta por el género. Aquí, la simpatía que pueden haber despertado los personajes no es un salvoconducto para su triunfo final. Ya no se trata de esquivar escupitajos y latas de cerveza mientras rindes tributo a una de tus bandas de referencia. Ahora se trata de no morir.

En 'Blue Ruin', el protagonista asumía el callejón sin salida moral que supone embarcarse en un viaje de venganza, por muy necesaria que esta parezca. Dándole una vuelta de tuerca al subgénero de las 'revenge movies', Saulnier llevaba a cabo una lectura poco condescendiente de la pulsión violenta de cierta América profunda. 'Green Room' tiene lugar también en un rincón perdido de Estados Unidos, aunque a pocos kilómetros de distancia geográfica de una de sus capitales 'hipster', Portland.

Aunque el detonante del conflicto central de 'Green Room' no tiene que ver directamente con la ideología y la mayor parte de la película funciona más allá de las acepciones políticas de los diferentes protagonistas, el hecho de que pertenezcan a militancias opuestas tampoco es un mero capricho estético. El director se movió por la escena 'hardcore' de Washington durante los noventa, y se nota que sabe de lo que está hablando a la hora de construir los personajes y, sobre todo, sopesar sus reacciones ante la situación extrema que deben confrontar.

El director se movió por la escena 'hardcore' de Washington durante los noventa

El juego de preguntarse a qué grupo de música te llevarías a una isla desierta se convierte en una especie de gag recurrente a lo largo de 'Green Room'. Por las respuestas no solo desfilan clásicos evidentes del punk, el 'hardcore' y el metal, sino también otros nombres más inesperados que liberan a los personajes de ajustarse al cliché de la subcultura que representan. Cuando el horror se instala en 'Green Room', la música deviene el último bote salvavidas para no darse humanamente por vencidos.

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